|
OLA
REPRESIVA
¡Cuán peligrosas somos!
Miriam Leiva
LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org)
- Cinco indefensas mujeres, tres de ellas ya abuelitas,
seleccionadas por las Damas de Blanco para viajar
a Estraburgo, Francia, sede del Parlamento Europeo,
no recibieron el permiso de salida, o tarjeta
blanca.
De esa manera, el gobierno cubano impidió
que las Damas de Blanco recibieran el Premio Andrei
Sajarov a la Libertad de Conciencia, conferido
en 2005 también a la organización
no gubernamental Reporteros Sin Fronteras y a
la abogada nigeriana Hauwa Ibrahim.
Si las cinco representantes de las Damas hubieran
viajado a Estraburgo habrían denunciado
las arbitrariedades del gobierno de Cuba y la
crueldad con que trata a los prisioneros de conciencia
y sus familiares. Jornadas memorables, que cubrirían
cintillos apenas uno o dos días.
La incredulidad conmocionó el parlamento.
Para quienes viven en democracia desde hace mucho
o quizás poco tiempo, se ha ido borrando
el recuerdo de las prohibiciones a ultranza. Incluso
regímenes dictatoriales cuidan su imagen.
Prácticamente sólo los ciudadanos
de Corea del Norte y Cuba continuamos siendo rehenes
o prisioneros. Pero el totalitarismo tropical
cubano tiene el mérito de ser único
y genuino. Siempre imaginativo en los métodos
para coartar a sus ciudadanos cualquier derecho
humano. Aunque se ufana en proclamar todo lo contrario,
los hechos son más que elocuentes. Primeramente,
impuso innumerables trámites burocráticos
a las cinco mujeres y finalmente no respondió
a los pedidos de dignatarios.
No se movió el capricho o la tozudez.
El menos precio por la comunidad internacional
pudo más que la razón elemental.
Los emisarios del gobierno de Cuba sí tienen
derecho a exponer su propaganda en todo el mundo,
incluido el Parlamento Europeo. El resto de los
cubanos, sobre todo si no repetimos obedientemente
sus palabras, estamos condenados al ostracismo
y las arbitrariedades.
Pero las verdades se han escuchado mucho más
que si las cinco mujeres seleccionadas por las
Damas de Blanco para que las representaran hubieran
concurrido a la premiación. Hubo allí
estupor por la negativa de la autoridad cubana,
a pesar de los esfuerzos de Joseph Borrel, presidente
del Europarlamento; del gobierno británico,
presidente semestral de la Unión Europea;
del gobierno español, cuyo presidente escuchó
el pedido de las mujeres, y otros. Pero, sobre
todo, hubo desengaño. Se han caído
muchas vendas de los ojos de quienes en el mundo,
con muy buenas intenciones, aún creían
en el gobierno de Cuba.
Las mujeres enviaron un mensaje, pero no recogieron
el premio, a pesar del gran aprecio y la emoción
que les ha causado recibir un reconocimiento inesperado.
El galardón en honor al eminente científico
y luchador por los derechos humanos Andrei Sajarov,
que ha sido concedido a Nelson Mandela, una personalidad
inigualable y extraordinaria y otros muy admirados
luchadores pacíficos por la libertad de
conciencia y el derecho de sus pueblos, ha constituido
un estímulo inapreciable para los presos
de conciencia y políticos cubanos, a quienes
el gobierno cubano pretende hacer creer que están
olvidados, y que sus muchos sufrimientos inmerecidos
se deben a la lucha pacífica y tenaz de
sus mujeres.
Los esfuerzos denodados de las Damas de Blanco
por lograr la libertad incondicional e inmediata
de sus seres queridos, y mientras esto no ocurra
por mejorar las terribles condiciones a las que
están expuestos diariamente en la prisión
desde hace dos años y ocho meses, no cesarán,
pues cada vez se sienten más comprometidas.
No logrará el gobierno que claudiquen,
mediante su represión cotidiana, las discriminaciones
contra sus hijos, la tortura psicológica
contra los presos y sus familiares, las intimidaciones
a los vecinos y a las personas que las acogen
en sus hogares durante las visitas a otras provincias,
ni los intentos de dividirlas, y los mítines
de repudio. ¡Qué repudio! Vergüenza
deben sentir quienes participan en esas turbas
organizadas por la policía política,
y ponerse en remojo, porque cualquier día,
a la menor desobediencia, pueden ser sometidos
a iguales tratos.
No hay nada imposible si las mujeres ponen todo
su amor en la obra. Todas sus voces continuarán
haciéndose eco de las de sus seres queridos.
Ya podrán viajar a Estraburgo o recibir
a los representantes del Parlamento Europeo en
sus hogares. Pero sobre todo, tendrán a
sus hombres en sus hogares.
|