PRENSA INDEPENDIENTE
Diciembre 16, 2005
 

HISTORIA
¡Ay, Carlota! (IV)

Raúl Soroa

LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org) - La muerte estaba en todas partes, detrás de la sonrisa del niño que arroja una granada dentro del blindado, al final de una curva en la carretera, en cualquier sombra, en cualquier árbol, matojo o piedra, en las aldeas, dentro de las chozas de paja y barro, en la sonrisa de la negra que mira zalamera, en la picada del mosquito, en las serpientes, en el clima, en la ineptitud del oficial de la reserva que desconoce el abc de la táctica militar, en la orden del déspota que ignora lo que significa la vida de un soldado, y si lo sabe no le importa.

Los cubanos creían estar en Africa defendiendo "el sagrado deber del internacionalismo". Al menos muchos de ellos, algunos fueron por la aventura, otros por hacer méritos o por miedo a buscarse problemas si decían que no estaban dispuestos a cumplir con el "sagrado deber". Lo que pocos sabían era que servían a los intereses de una superpotencia, que eran parte del juego universal de la Guerra Fría, y que estaban en el lugar equivocado.

Los comunistas portugueses preparaban su Octubre Rojo. Alvaro Cunhal era el principal aliado de Moscú en Europa. El triunfo de las organizaciones comunistas en las antiguas colonias significaba un importante paso para el logro de estos objetivos. Cuba se había involucrado desde un inicio en esos planes. Tropas cubanas se encontraban en Guinea Portuguesa y Mozambique. La asunción de los movimientos marxistas en las colonias facilitaría la toma del poder en Lisboa.

Para sorpresa de los invitados extranjeros que asisten a la ceremonia de la independencia de Guinea Portuguesa, soldados cubanos marchan por las calles de Praia, capital del nuevo estado, y ocupan las plazas que abandonan las tropas portuguesas.

En Mozambique, miembros de la inteligencia cubana dirigida por el chipriota Vassos Lyssarides, hombre de confianza de Osmani Cienfuegos, unen acciones con el miembro de la inteligencia alemana Joaquim Kindzel. Es designado gobernante Soares de Melo, simpatizante del marxista Frente de Liberación de Mozambique (FRELIMO), y en conversaciones secretas en Lusaka acuerdan el traspado del poder al FRELIMO y marginan al resto de las organizaciones.

Los intercambios entre los militares rojos portugueses, el régimen de La Habana y la URSS son constantes.

La intervención cubana en Angola al inicio de 1975 no fue, por tanto, una reacción a la invasión surafricana, según declaraciones del propio presidente de la Asamblea Nacional de Cuba y principal corifeo de Castro. El envío masivo de tropas cubanas a Angola comenzó en la primavera de ese año en la base de Massango, mucho antes de la entrada de los surafricanos, y formaba parte de un plan estratégico mayor, donde estaban representados los intereses de Moscú en primer lugar.

Los soviéticos facilitan todo el apoyo logístico necesario, incluidos los aviones IL-62 para el traslado de tropas. La URSS lanza una gran ofensiva diplomática para obtener el apoyo de los estados africanos a su aventura angoleña, promete ayuda a diestra y siniestra, concede préstamos y regalías de todo tipo.

Según opinan los analistas, la URSS en 1975 fue capaz de transformar a su favor un conflicto militar tercermundista. Sin la logística, la información de inteligencia y el consentimiento soviético, Castro no se hubiera lanzado jamás a semejante aventura.

Destacados generales soviéticos participaron en la elaboración de los planes de campaña. Unidades de superficie de la marina soviética se dirigieron a Angola en los momentos cruciales.

Tras el desmantelamiento militar británico en el Indico, la URSS comienza a interesarse en ocupar posiciones en la zona. Con la descolonización de Mozambique y el golpe de estado de Didier Ratsiraka en Malgache los rusos logran flanquear a las fuerzas navales norteamericanas en el área.

Para el Kremlin era de sumo interés el acceso y control de los puertos y vías de comunicación entre Africa y la India, así como la zona petrolera del Golfo Pérsico. El dominio de Mozambique y Angola le permitía hacer presión sobre Sudáfrica. Este dominio habilitaba además la presencia de una flota de guerra soviética en el Atlántico Sur con puertos seguros en Africa.

Una beligerante fuerza cubano-soviética apuntaba sobre Namibia y Pretoria. Por esas razones combatían y morían los jóvenes cubanos en Angola, no por abstracciones internacionalistas, sino en nombre del sueño imperial de un sistema en decadencia, que años más tarde caería por el propio peso de su absurda existencia.


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