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HISTORIA
¡Ay, Carlota! (IV)
Raúl Soroa
LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org)
- La muerte estaba en todas partes, detrás
de la sonrisa del niño que arroja una granada
dentro del blindado, al final de una curva en
la carretera, en cualquier sombra, en cualquier
árbol, matojo o piedra, en las aldeas,
dentro de las chozas de paja y barro, en la sonrisa
de la negra que mira zalamera, en la picada del
mosquito, en las serpientes, en el clima, en la
ineptitud del oficial de la reserva que desconoce
el abc de la táctica militar, en la orden
del déspota que ignora lo que significa
la vida de un soldado, y si lo sabe no le importa.
Los cubanos creían estar en Africa defendiendo
"el sagrado deber del internacionalismo".
Al menos muchos de ellos, algunos fueron por la
aventura, otros por hacer méritos o por
miedo a buscarse problemas si decían que
no estaban dispuestos a cumplir con el "sagrado
deber". Lo que pocos sabían era que
servían a los intereses de una superpotencia,
que eran parte del juego universal de la Guerra
Fría, y que estaban en el lugar equivocado.
Los comunistas portugueses preparaban su Octubre
Rojo. Alvaro Cunhal era el principal aliado de
Moscú en Europa. El triunfo de las organizaciones
comunistas en las antiguas colonias significaba
un importante paso para el logro de estos objetivos.
Cuba se había involucrado desde un inicio
en esos planes. Tropas cubanas se encontraban
en Guinea Portuguesa y Mozambique. La asunción
de los movimientos marxistas en las colonias facilitaría
la toma del poder en Lisboa.
Para sorpresa de los invitados extranjeros que
asisten a la ceremonia de la independencia de
Guinea Portuguesa, soldados cubanos marchan por
las calles de Praia, capital del nuevo estado,
y ocupan las plazas que abandonan las tropas portuguesas.
En Mozambique, miembros de la inteligencia cubana
dirigida por el chipriota Vassos Lyssarides, hombre
de confianza de Osmani Cienfuegos, unen acciones
con el miembro de la inteligencia alemana Joaquim
Kindzel. Es designado gobernante Soares de Melo,
simpatizante del marxista Frente de Liberación
de Mozambique (FRELIMO), y en conversaciones secretas
en Lusaka acuerdan el traspado del poder al FRELIMO
y marginan al resto de las organizaciones.
Los intercambios entre los militares rojos portugueses,
el régimen de La Habana y la URSS son constantes.
La intervención cubana en Angola al inicio
de 1975 no fue, por tanto, una reacción
a la invasión surafricana, según
declaraciones del propio presidente de la Asamblea
Nacional de Cuba y principal corifeo de Castro.
El envío masivo de tropas cubanas a Angola
comenzó en la primavera de ese año
en la base de Massango, mucho antes de la entrada
de los surafricanos, y formaba parte de un plan
estratégico mayor, donde estaban representados
los intereses de Moscú en primer lugar.
Los soviéticos facilitan todo el apoyo
logístico necesario, incluidos los aviones
IL-62 para el traslado de tropas. La URSS lanza
una gran ofensiva diplomática para obtener
el apoyo de los estados africanos a su aventura
angoleña, promete ayuda a diestra y siniestra,
concede préstamos y regalías de
todo tipo.
Según opinan los analistas, la URSS en
1975 fue capaz de transformar a su favor un conflicto
militar tercermundista. Sin la logística,
la información de inteligencia y el consentimiento
soviético, Castro no se hubiera lanzado
jamás a semejante aventura.
Destacados generales soviéticos participaron
en la elaboración de los planes de campaña.
Unidades de superficie de la marina soviética
se dirigieron a Angola en los momentos cruciales.
Tras el desmantelamiento militar británico
en el Indico, la URSS comienza a interesarse en
ocupar posiciones en la zona. Con la descolonización
de Mozambique y el golpe de estado de Didier Ratsiraka
en Malgache los rusos logran flanquear a las fuerzas
navales norteamericanas en el área.
Para el Kremlin era de sumo interés el
acceso y control de los puertos y vías
de comunicación entre Africa y la India,
así como la zona petrolera del Golfo Pérsico.
El dominio de Mozambique y Angola le permitía
hacer presión sobre Sudáfrica. Este
dominio habilitaba además la presencia
de una flota de guerra soviética en el
Atlántico Sur con puertos seguros en Africa.
Una beligerante fuerza cubano-soviética
apuntaba sobre Namibia y Pretoria. Por esas razones
combatían y morían los jóvenes
cubanos en Angola, no por abstracciones internacionalistas,
sino en nombre del sueño imperial de un
sistema en decadencia, que años más
tarde caería por el propio peso de su absurda
existencia.
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