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SOCIEDAD
Se fuga otra poetisa
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org)
- Nos saludábamos en las calles habaneras.
Nada más. Ella, mirando siempre para la
punta de sus zapatos. Yo, a las nubes, sobre todo
cuando el cielo se ponía luminosamente
empedrado. Nunca fuimos amigas. No sé por
qué. Y eso que no éramos tantas
las mujeres que habíamos escogido la difícil
senda de la poesía bajo un régimen
totalitario.
Confieso que aunque no comulgaba con su poesía,
hermética, de un lenguaje sellado, al estilo
de aquella corriente poética italiana surgida
a comienzos del siglo XX, y que se desarrolló
durante la década de 1930, ese personaje
que siempre fue Lina de Feria, de caminar pausado
y sonrisa reprimida, siempre me simpatizó.
No sé si la simpatía fue recíproca,
pero mucho le agradezco que se haya sentado en
la primera fila del salón de conferencias
de la Unión de Escritores y Artistas de
Cuba (UNEAC) cuando ofrecí por última
vez una lectura de mis poemas.
Sin embargo, cómo era en su interior,
lo desconozco. No sé si tímida u
orgullosa; atormentada o segura de sí;
temeraria o sometida, extravagante o sencillamente
respetuosa de sus deseos.
Tuvo la suerte de publicar sus libros de poesía,
de ser considerada una de las voces más
genuinas de la poesía cubana, de haber
sido premiada en el concurso Casa de las Américas
y en la UNEAC.
Los primeros días de noviembre pasado,
y mientras en Miami se velaban los restos de algunos
balseros ahogados en una fallida travesía
hacia las costas de Florida, y la prensa miamense
informaba que crecía el número de
cubanos interceptados en 2005 hasta alcanzar su
nivel máximo en diez años, la poetisa
Lina de Feria, de sesenta años, nacida
en la ciudad de Santiago de Cuba, escapaba silenciosamente
por la frontera mexicana hacia los Estados Unidos.
Lina de Feria estuvo condenada a prisión
injustamente en los primeros años de la
década de los ochenta. Yo, en el último.
En la cárcel Manto Negro la recordaban
como una muchacha triste y callada, asustada ante
aquel mundo lúgubre y angustioso, tan carente
de belleza.
A Estados Unidos y España se han ido la
mayoría de las poetisas que se dieron a
conocer en la primera década del triunfo
de la revolución. Mala suerte que ha tenido
el gobierno cubano. Necesitaban vivir esas mujeres
en sociedades libres. La libertad es la mejor
fuente de inspiración, la musa más
favorecida.
Quedan en la Isla muy pocas de aquellas veteranas
poetisas. Pueden contarse con los dedos de una
mano, y sobran dedos.
Es cierto que Lina de Feria no fue una poetisa
oficialista, que jamás escribió
panfletos, que no fue ejemplo de simulación
como tantos otros ante la dictadura, que, como
dice la solapa de su libro A la llegada del delfín,
"disfrutó con su poesía de
una libertad despojada de trabas sociales o estéticas".
Los poetas vislumbran la profundidad de un abismo
y salen en tropel como pájaros, porque
sólo la Poesía da alas al hombre.
Como dice Lina en uno de sus versos: "Lavó
su piel con ramas de arbustos", y partió
la poetisa, no para siempre.
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