PRENSA INDEPENDIENTE
Diciembre 16, 2005
 

SOCIEDAD
El aguinaldo de los cubanos

Marilyn Díaz Fernández

CAMAGUEY, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org) - Para los cubanos el día 25 de diciembre es una fecha como otra cualquiera, a pesar de que hace ocho años el gobierno de La Habana decidió declarar feriado ese día, a raíz de la visita a Cuba del Papa Juan Pablo II, con la clara intención de congraciarse con el Sumo Pontífice y la opinión pública internacional.

Desde hacía más de tres décadas la palabra Navidad había sido excluida del léxico de los cubanos. Aunque no hubo ningún decreto oficial o resolución que lo estableciera, al comenzar la persecución del cristianismo en la Isla a todos les quedó claro que la celebración del día del nacimiento de Jesús quedaba prohibida.

Con la Navidad desaparecieron los dulces, las manzanas, las peras y los manjares que se ponían a la mesa la víspera, el día de Nochebuena.

Generaciones de cubanos desconocen el sabor de los turrones de yema, alicante y jijona. Sólo los han visto en las vidrieras de las tiendas recaudadoras de divisas, al precio de cuatro dólares. Millones de habitantes de este país sueñan con ese día para paladear, si el bolsillo lo permite, los dulces mencionados. Mientras tanto, se conforman con contemplarlos.

La Navidad, para los cubanos, en muchos casos consiste en no tener qué comer, porque la fecha coincide con los días finales de mes, cuando ya se han agotado los víveres que el gobierno vende por la libreta de racionamiento. Y es también no estrenarse "un trapo nuevo", como era la tradición.

La Navidad le pasa por encima a los cubanos como otro día cualquiera del calendario, sin gloria y con muchas penas. De esto se excluye, por supuesto, a los miembros de la clase dirigente, integrada principalmente por los dirigentes de las altas y medianas esferas gubernamentales.

Sin embargo, este año 2005, considerando demasiado injusto no vender nada especial por la Navidad, Castro, en su delirante y torturadora manera de dirigir la nación, decidió dar al pueblo un regalo, lo que se puede considerar un aguinaldo: el aumento desmesurado de la tarifa eléctrica, y el recrudecimiento de la represión, la persecución y la vigilancia, que impiden a los ciudadanos buscarse los "quilitos" extras que les ayuden a paliar la pobreza.

Parece que el comandante le regaló a su pueblo este nuevo problema, para que le sea imposible celebrar la Navidad.


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