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SOCIEDAD
Una negra alternativa
Luis Cino
LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org)
- La manía cubana por la muerte como alternativa
en las consignas vino de España.
Casi dos siglos antes del Patria o Muerte miliciano,
marxista y verde olivo de los días de la
voladura de La Coubre, el lema de los Batallones
de Morenos que servían a la Corona española
era: "Vencer o morir".
Existían, además, Batallones de
Pardos. También llevaban en su bandera
la cruz de Borgoña, pero su divisa era
menos extrema: "Siempre adelante es gloria".
El matiz más oscuro de la piel era determinante
a la hora de morir por el Rey.
Los apresuradamente reclutados batallones de
negros y mulatos tuvieron una destacada participación
en la defensa de La Habana contra las tropas británicas
en 1762.
La milicia guanabacoense de Pepe Antonio, también
mayoritariamente integrada por no blancos, complementó
la resistencia. Hostigó sin tregua a los
invasores antes que lograran tomar la ciudad.
Peleó con más encarnizamiento que
la guarnición española que defendía
La Habana.
Los Batallones de Pardos y Morenos también
fueron utilizados en acciones bélicas en
New Orleans, Pensacola y Santo Domingo. Fueron
la carne de cañón contra ingleses,
franceses y seminolas.
No obstante, sus filas siempre estuvieron nutridas.
Los alistados gozaban de algunos privilegios y
de cierta movilidad en la rígida escala
social de la colonia.
Los batallones fueron disueltos tras la represión
que siguió a la Conspiración de
La Escalera. Las autoridades descubrieron que
muchos de sus integrantes, contagiados de aires
libertarios, se habían complotado contra
España. Fue una dura revelación.
Ya no podían contar con los negros para
la defensa de sus intereses.
Espejo de Paciencia, de Silvestre de Balboa,
es considerado la primera obra literaria cubana.
Basada en hechos supuestamente reales, es algo
así como nuestra modesta Ilíada.
Aún hay dudas sobre su origen, autoría
y autenticidad.
Narra en tono épico la lucha contra una
horda de piratas que habían secuestrado
al obispo Juan de las Cabezas Altamirano. El momento
culminante del libro es cuando el esclavo Salvador
Golomón decapita de un machetazo al pirata
francés Gilberto Girón.
Siempre fue así. Para los amos españoles,
era perfectamente natural recurrir a sus esclavos
y libertos para que les sacaran las castañas
del fuego. Luego, pasado el peligro, de vuelta
al látigo y los barracones.
Sus descendientes del socialismo a lo criollo
heredaron la misma filosofía.
La muerte en consignas coreadas en multitudinarios
mítines, era para todos. Pero sobre todo,
para los negros.
Si algún cubano tenía que morirse
por la Revolución que acabó con
la discriminación racial y "los hizo
personas" (¿que serían antes,
verdad?) eran los negros.
Resultaba una abominación inimaginable
que un negro no fuera revolucionario. Impensable
que no estuviera dispuesto a morir por la Revolución.
Su momento de demostrarlo no demoró. Los
negros fueron enviados a combatir, dirigidos por
jefes blancos, a una confusa y supersecreta operación
en el Congo. Eran idóneos para la misión.
El color de su piel dificultaría que el
enemigo descubriera que eran cubanos.
Presiento, casi con certeza, que la inmensa
mayoría de los cubanos muertos en guerra
y todo tipo de hechos violentos, de la Colonia
hasta hoy, son negros. Investigarlo sería
un buen reto para historiadores y sociólogos.
Ahora que censos y estadísticas dicen
que los cubanos somos inexplicable y mayoritariamente
blancos, una dosis de sinceridad sería
muy saludable para nuestra conciencia como nación.
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