|
CORRUPCION
El fin de otra prosperidad
Juan Carlos Linares
LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org)
- "La cosa está mala", exclamó
con acento sombrío. Confieso mi asombro
ante el aspecto de su rostro, que expresaba agotamiento,
inquietud. Se trataba de un joven ejecutivo de
una firma ciento por ciento capital extranjero,
beneficiario de múltiples privilegios,
muy remotos para cualquier cubano común.
Siempre lo recuerdo insertado en un buen nivel
de vida, sentado al volante de modernos autos
con matrículas amarillas, bebiendo buen
whiskey, cargando jabas colmadas de alimentos
de las "shopings". Los temas de su conversación
siempre se referían a convenios comerciales
entre "su compañía" y
el estado.
Ahora su prosperidad personal está a punto
de quebrar. Poco a poco me va explicando lo difícil
de llevar a efecto los negocios, al extremo de
que el dueño principal ha decidido clausurar
ganancias y pérdidas, empacar y marcharse
de Cuba.
Se queja (ese listo del "marquetin"
e ingenuo del castrismo) de cómo hay que
sobornar a la gente para que las transacciones
"caminen", y de cómo los enviados
del gobierno exigen contribuciones a la "batalla
de ideas", pero sin indicar cómo pagarán
la deuda contraída con la firma, que asciende
a un millón de dólares.
Lo compadezco. De repente, todo ese capital especulador
que llegó años atrás al país,
a sacarle el quilo a la nación en las condiciones
de paraíso laboral totalitario, se convirtió
en enemigo. Su voz quejosa me saca de dudas: "Si
el dueño me llevara con toda mi familia
"
No termina la frase.
El joven empresario se niega a probar el sabor
de nuestra realidad. Sabe que por estos días,
"el proceso" -como gustan de llamarlo
los simpatizantes- ha sacudido bruscamente el
lomo, otra vez. Eso ha tirado a muchos al suelo,
maltratados como pulgas tiradas por la bestia.
Saben que tendrán que tratar de engancharse
a una pata e ir escalando al cuello para poder
subsistir.
El encuentro con el joven ocurrió durante
el velorio de una amiga. En la luctuosa noche
en que confraternizamos amigos y conocidos, y
aunque nadie la pronunció, la pregunta
estaba en el ambiente: "¿Por qué
no sustituir también por 'trabajadores
sociales' al vetusto, corrompido e incapaz gobierno
actual?"
|