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HISTORIA
¡Ay, Carlota! (II)
Raúl Soroa
LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org)
- En la década de los sesenta el Frente
Nacional de Liberación de Angola (FNLA),
liderado por Holden Roberto, mantenía una
actitud beligerante. Era uno de los más
antiguos movimientos anticolonialistas de las
posesiones de Portugal en Africa. Fuerte en el
orden militar, de señalada tendencia anticomunista,
lo integraban las fuerzas mejor armadas y entrenadas.
Era apoyado por China y contaba con el beneplácito
de Estados Unidos.
Jonás Sabimbi, jefe de la UNITA, era uno
de los líderes angoleños más
importantes en la lucha contra el colonialismo
portugués. Contaba con el apoyo del régimen
chino y mantenía estrechos vínculos
con el argelino Ben Bella.
El Movimiento Popular de Liberación de
Angola (MPLA), de tendencia francamente comunista,
pro soviético, apoyado por la URSS, el
Partido Comunista Portugués, Cuba el Congo
Brazzaville, era liderado por Agostino Neto, quien
había estado relacionado desde principios
de los 60 al Che Guevara. En 1966 Neto viajó
a La Habana; desde entonces, los vínculos
del dirigente comunista africano y Fidel Castro
serían permanentes. Los primeros combatientes
del MPLA fueron entrenados por Argelia y por instructores
cubanos. Desde el punto de vista militar, era
el más débil, por lo que la asistencia
de cubanos, comunistas portugueses y soviéticos
sería decisiva en su fortalecimiento bélico.
En medio de esta situación, se da en septiembre
de 1973 la alianza entre el Partido Comunista
Portugués y los militares de izquierda
agrupados en el Movimiento de las Fuerzas Armadas,
que perseguía dar un golpe de estado que
instaurara un régimen comunista en Portugal.
Alvaro Cunhal, el Lenin portugués, secretario
del PC, comienza a moverse entre Cuba y la URSS
para preparar el golpe y abatir al dictador Marcelo
Caetano. La acción lo sorprende en La Habana.
Cunhal busca de inmediato fortalecer en las colonias
a los movimientos de orientación marxista,
y comienza a ejercer una gran presión sobre
la Junta Militar encabezada por el general Antonio
Sebastiao Ribeiero de Spinola, con Vasco Gonzalves
como Primer Ministro, para negociar sólo
con ellos. El Partido Socialista, encabezado por
Soarez, busca crear una especie de mancomunidad
lusitana, y propone la neutralidad entre MPLA,
UNITA y FNLA.
Los militares rojos en el poder facilitan a Cuba,
que se involucra en los procesos de descolonización
de Mozambique y Guinea Portuguesa, toda la información
logística y de inteligencia necesaria para
su participación militar en Africa portuguesa,
lo que le sería de gran utilidad en las
acciones militares posteriores en Angola. Las
visitas entre La Habana y Lisboa se suceden una
tras otra. Intercambios de estrategia, planes
en común, que tienen como objetivo llevar
al poder a los movimientos pro marxistas y a facilitar
a Cuba toda la información necesaria para
intervenir militarmente en el proceso en caso
preciso. Tropas selectas cubanas se encontraban
ya en Mozambique y Guinea Portuguesa.
Desde finales de 1974 los soviéticos incrementan
la ayuda militar al MPLA, y con la asistencia
de los militares comunistas portugueses Agostino
Neto logra estructurar una organización
militar capaz de equipararse a la UNITA y al FNLA.
En 1975 el MPLA se apresta a disputarle el control
de Luanda a los dos movimientos rivales. El 4
de febrero Neto se presenta en la capital angoleña
escoltado por militares cubanos y soviéticos.
Entre mayo y junio Castro comienza a concentrar
unidades militares en Cabinda, y en julio se acelera
la entrada de combatientes cubanos en Angola,
con el fin de ayudar a Neto a librar la batalla
por Luanda.
Holden Roberto comienza a concentrar sus batallones
en el poblado norteño angolano de Ambriz,
donde se hallaba instalado su gobierno provisional.
Su suegro Mobutu le presta toda la ayuda necesaria
desde Zaire. En Cabinda, con el apoyo de las compañías
francesas petroleras, se crea el FLEC, grupo con
objetivos secesionistas. El inglés John
Best y el mayor norteamericano James E. Leonrad,
así como las organizaciones Security Advisory
Service y Mercenary Forces Group comienzan a reclutar
mercenarios para enfrentarlos al MPLA. La UNITA
se apresta para dar batalla. Los chinos incrementan
su colaboración militar con Sabimbi, facilitándole
asesores, armas ligeras de combate, minas y explosivos.
En el mes de agosto llega a Luanda una representación
de los militares comunistas portugueses, encabezada
por el almirante Coutinho, conocido por el Almirante
Rojo. Días después Portugal designa
a Leonel Cardoso como Alto Comisionado para Angola,
con la misión de facilitar la entrega del
poder al MPLA. Desde mediados de julio zarpan
de La Habana los primeros buques cargados con
unidades militares, bajo el mando del general
Raúl Díaz Argüelles.
El 15 de agosto de 1975 aterrizan en Luanda Jorge
Risquet, encargado cubano de asuntos africanos,
y los generales Díaz Argüelles y Ramón
Espinosa, y se reúnen con el Adén
para la llegada de las vituallas soviéticas.
Las tropas surafricanas cruzaron al sur de Angola
desde Namibia sobre el 5 de agosto, para proteger
los diques del complejo hidráulico del
Ruacana-Calueque, y desde el 23 de octubre avanzan
con dirección a Luanda a razón de
unos 70 kilómetros por día. Esta
fuerte columna va arrollando los campos de entrenamiento
dirigidos por los cubanos, y se producen las primeras
bajas.
Castro se ve en una difícil disyuntiva:
dejar a sus hombres en las bases de entrenamiento
a su suerte o enviar poderosos efectivos capaces
de detener el avance de los surafricanos. Castro
optó por la segunda variante.
La presencia cubana en Angola es anterior a la
entrada de las tropas surafricanas. Es causa y
no consecuencia de esa entrada. El avance de la
columna blindada de Africa del Sur precipita los
acontecimientos y exige al régimen de La
Habana subir la parada en Angola, so peligro de
ser exterminados sus asesores militares en el
sur. El complot urdido por los comunistas portugueses,
la URSS y Castro está a punto de venirse
abajo. El gobierno de Gonzalves cae en Lisboa,
y Africa del Sur avanza sin encontrar apenas resistencia,
lo que hace necesario un gran desplazamiento de
tropas cubanas y de logística por parte
de los rusos, para impedir el desplome del MPLA.
El pretexto de la invasión surafricana
le viene además como anillo al dedo a Castro
para legitimar la escalada militar, usando la
tesis del internacionalismo proletario.
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