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POLITICA
Poder
absoluto: amoralidad total
José Antonio Fornaris, Cuba-Verdad
LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org)
- Cuarenta y siete años cumplirá
en el poder Fidel Castro dentro de unos días.
Cuando ya no esté todos tratarán
de olvidar esta etapa lo más pronto posible
porque no dejará nada positivo. La única
lección, pagada a inconmensurable precio,
es que nunca jamás se puede permitir algo
similar.
Abraham Lincoln estuvo sólo cuatro años
y cuarenta días en el poder. Su obra, por
todo el bien que le hizo a su nación, parece
que seguirá viva por siempre.
Los que ejercen el poder absoluto no tienen para
nada en cuenta las cuestiones morales, porque
el poder absoluto es amoral. Los esclavistas tenían
muchas justificaciones para tener esclavos. Entre
ellas, que los negros estaban mejor en América
o en cualquier otro punto de la geografía
a donde habían sido llevados a la fuerza,
que en África.
Presuntamente en su tierra tenían que
enfrentarse a muchas vicisitudes. Siendo esclavos
tenían alimentación segura, estaban
cuidados y su alma podía ser salvada para
siempre. Además, ayudaban con su trabajo
al bienestar de todos los habitantes del país
en el que se encontraban. De esa forma, los esclavistas
hacían a todo el mundo un poco cómplice
de la esclavitud.
Desde luego, nunca se ha conocido que un esclavo
hubiera dado su beneplácito a que lo cazaran
como a una fiera en su tierra, lo encadenaran,
lo introdujeran en la bodega de un barco, lo vendieran
en una plaza pública y lo obligaran a trabajar
para unos desconocidos que decían ser sus
amos.
Castro también mantiene el poder absoluto,
que ejerce con todo tipo de justificaciones, pero
nunca se le ha preguntado a los cubanos si desean
que continúe en el poder.
Son muchos, sin ningún tipo de equívoco,
los que tienen el deseo, la capacidad y el derecho
de ocupar los más altos cargos políticos
del país. Y de acuerdo a lo que hemos padecido
durante estos casi 47 años, no cabe la
menor duda de que cualquiera ejercería
el poder -sabiéndose de antemano que sería
limitado en extensión y tiempo-, totalmente
mejor que el actual gobernante.
Si en gran medida la esencia del esclavismo era
la discriminación racial y étnica,
también en gran medida la esencia de los
gobiernos absolutistas es la discriminación
política. Para el que no está en
sintonía con ese tipo de gobierno, no sólo
su indefensión se hace más acuciante,
sino que, además, simplemente existir es
una gran dificultad. Cientos de personas en Cuba
están hoy en la cárcel debido a
esa discriminación política.
La esclavitud clásica puede tener hoy
en día la justificación de su época.
El totalitarismo como gobierno, en la actualidad
no tiene ninguna. A los que lo soportan pero lo
combaten, aunque aún no puedan poner en
práctica alternativas, la historia les
dará alguna dispensa. Los que aún
lo apoyan siempre cargarán un fardo donde
la vergüenza no será lo menos pesado.
Pero en estos días tenemos también
la suerte de recordar a Cristo en su natalicio.
Eso, entre otras muchas cosas, nos dice que los
teóricos son necesarios, pero que hay épocas
que piden a gritos fundadores.
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