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DISIDENCIA
Tomás no se rinde
Antonio Femenías, Agencia Patria
CIEGO DE ÁVILA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org)
- A sus 79 años, Tomas González
Vargas no se resigna a esperar tranquilamente
la llegada de la parca. Los hombres como él
no le temen a la muerte. Acostumbrado a burlarse
de ella no deja de retarla cada día. Terco
como una mula, se negó a partir al exilio
al salir del presidio político. Tampoco
quebró su lanza de combate como otros que,
cansados y frustrados, se han acogido a un apacible
retiro.
Tomás no se rinde. Veterano en la lucha
contra el comunismo fue condenado en 1964 a 20
años de prisión por pertenecer a
una organización anticastrista. Sufrió
lo indecible. En la cárcel enfermó
gravemente, al punto que las autoridades lo pusieron
en libertad para que muriera en su casa, y así
lavarse las manos.
Pero Tomás se negó a morir, sobrevivió
milagrosamente a múltiples operaciones
en el cráneo, condenado a arrastrar por
el resto de su vida las secuelas del presidio
que lo debilitaron físicamente, pero que
no pudo doblegar su inquebrantable espíritu.
En el movimiento civilista y de derechos humanos
encontró su nueva trinchera, primero como
activista del Comité Cubano Pro Derechos
Humanos en Ciego de Ávila, donde realizó
incontables e importantes tareas; y más
tarde dentro de la Fundación Cubana de
Derechos Humanos donde se ha constituido en un
ejemplo para las nuevas generaciones de luchadores
por la democracia.
Los hombres buenos no desmayan, ni siquiera descansan
al concluir su ciclo vital, y Tomás González
es de esa estirpe. Enjuto y de paso lento, sólo
la increíble intensidad de sus ojos azules
descubre la energía que guarda dentro.
Su amistad se agradece, conocerlo es reafirmar
que no todo está perdido, porque hay hombres
que nunca se rinden. Tomás es uno de ellos.
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