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ECONOMIA
¿Fin del racionamiento?
Oscar Espinosa Chepe
LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org)
- La Libreta de Control de Ventas para Productos
Alimenticios, conocida popularmente como "la
libreta", instrumento utilizado para el racionamiento
de los comestibles y otros artículos de
amplio consumo desde marzo de 1962, parece tener
contados sus días.
Esto podría efectuarse de acuerdo con
recientes pronunciamientos oficiales, en los cuales
se ha reconocido, después de casi 44 años
de estricto racionamiento, las ventajas para el
ciudadano de poder elegir los artículos
a comprar en lugar de estar sometido a la decisión
centralizada sobre la adquisición y consumo
de alimentos y otros productos.
El racionamiento cubano, por su larga duración,
quizás un récord mundial, desde
hace algún tiempo muestra una evidente
tendencia a la desaparición. No por una
mayor abundancia de productos, sino debido a la
falta de disponibilidades para cumplir con las
cuotas autorizadas a vender.
A diferencia de China, donde el engrosamiento
de la riqueza creada hizo superfluo mantener el
racionamiento, en Cuba la paulatina desaparición
responde al aumento de la menesterosidad provocada
por la pérdida de las colosales subvenciones
de la extinta Unión Soviética y
otros países del Este europeo a fines de
la década de 1980. En este marco, pasó
a mejor vida el racionamiento de la ropa y el
calzado, ahora fundamentalmente adquiribles en
las tiendas de venta en divisas o en moneda nacional
en las llamadas "shopitrapos", establecimientos
estatales donde se ofertan confecciones "recicladas"
(usadas), adquiridas por lotes en el exterior.
Por supuesto, siempre está presente el
mercado negro, donde con divisas o pesos cubanos
en abundancia puede comprarse cualquier cosa en
Cuba.
El abastecimiento racionado de combustible terminó
hace años. Cuotas pequeñas sólo
continúan entregándose a médicos,
deportistas e intelectuales ilustres, a quienes
se ha considerado "idóneos" para
venderles vehículos. El resto de la población
está obligada a comprar el carburante en
estaciones de servicio a 94 centavos de dólar
estadounidense el litro de diesel (1 galón
= 3.785 litro) y las gasolinas tipo regular a
un dólar y especial a 1.19 US$ el litro.
En el sector estatal pervive una distribución
normada (racionada) con garajes especiales, mediante
la entrega de bonos, un sistema históricamente
fuente inagotable de descontrol y corrupción.
En cuanto a los comestibles y otros artículos
de amplio consumo, desde marzo de 1962 paulatinamente
han ido desapareciendo los renglones a vender,
y otros han disminuido las cuotas comprometidas.
La carne de res, la manteca de cerdo, el detergente,
el papel sanitario, las frazadas para limpiar
el piso, y muchos otros finiquitaron su presencia
en la libreta. Otros, como el aceite vegetal,
el azúcar, los frijoles, los huevos, el
pollo, el pescado, las viandas, hortalizas, pastas
alimenticias y dentífrico disminuyeron
grandemente las asignaciones.
Oficialmente se ha reconocido que el racionamiento
a precios subsidiados "garantiza aproximadamente
la mitad del consumo de calorías per cápita
diarias de los cubanos y las cubanas" (Segundo
Informe de Cuba sobre los Objetivos de Desarrollo
del Milenio de la ONU). Aún este criterio
se considera demasiado optimista por algunos especialistas,
quienes valoran que el racionamiento sólo
alcanza para satisfacer únicamente las
necesidades perentorias de una familia cubana
para los primeros diez días del mes.
Por otra parte, el prolongado racionamiento ha
sido una de las causas promotoras de los altos
niveles de corrupción existentes. De por
sí, la escasez facilita la especulación,
pero en el caso cubano a esto se agregan las deficiencias
del sistema de racionamiento, sustentado en una
libreta donde se anotan los productos vendidos,
sistema altamente fácil de burlar y que,
a diferencia de los métodos basados en
cupones, no permite un control adecuado entre
los productos vendidos y las existencias por distribuir.
En un país donde hay una enorme variedad
de precios para un mismo artículo en los
diversos tipos de tiendas, el mecanismo imperante
resulta un verdadero paraíso para el enriquecimiento
ilícito, el robo y la especulación.
Por ejemplo, en la privilegiada ciudad de La
Habana, se venden por la libreta 5 libras de arroz
a 25 centavos cada una, mientras otros dos adicionales
se expenden a 90 centavos. El propio Estado comercializa
ese mismo arroz de forma liberada a 3.50 pesos
la libra, y en el mercado campesino la cotización
puede oscilar alrededor de cinco pesos. Paralelamente,
la libra del cereal ofertado en las tiendas de
venta en divisas, ciertamente con mejor calidad
y presentación, tiene un precio equivalente
a 12 pesos. Esto se reproduce en prácticamente
todos los productos, lo cual deja un margen apreciable
para la especulación, ya que resulta muy
fácil tener apreciables márgenes
de ganancia únicamente con desviar los
productos destinados a distribuirse en el marco
del racionamiento hacia el mercado libre.
En adición puede decirse que el sistema
de racionamiento ha conllevado una enorme burocracia,
consumidora de fuerza de trabajo y recursos materiales
y financieros, una pesada e innecesaria carga
que durante muchos años ha dañado
la economía nacional y promovido engorrosos
procedimientos para la simple adquisición
de artículos de uso corriente, con la consiguiente
pérdida de tiempo para los ciudadanos,
obligados también a comprar en un único
establecimiento independientemente del trato y
servicio que se reciba.
Además, el supuesto igualitarismo ha redundado
en el acrecentamiento de desigualdades sociales,
pues las cuotas distribuidas para todos los ciudadanos
no han tenido en cuenta las diferencias en los
niveles de ingreso. Así, los productos
altamente subvencionados se han entregado por
igual a las personas realmente necesitadas de
la protección del Estado como a aquéllas
que disfrutan de altos emolumentos y beneficios
económicos, lo cual resulta injusto e inaceptable
desde el punto de vista ético. Situación
que pudo haber estado justificada en un determinado
momento, pero inexplicable por un período
de casi medio siglo de existencia.
La solución a esta problemática
sólo podría encontrarse en una economía
dinámica, con aceptables tasas de crecimiento
de la riqueza nacional. Un nuevo escenario donde
fuesen motivadas las capacidades creadoras del
ciudadano, complementadas las iniciativas públicas
y privadas en beneficio de toda la sociedad y
utilizados el mercado una competencia sana en
busca del desarrollo de la eficiencia productiva
y la calidad de los bienes y servicios creados.
Metas imposibles de obtener sin la radical transformación
del antinatural modelo totalitario imperante,
bloqueador del progreso y la facilidad del pueblo
cubano. Una concepción en modo alguno en
contradicción con la solidaridad hacia
los sectores poblacionales menos favorecidos.
Por el contrario, sería creada la necesaria
sustentación económica indispensable
para materializar políticas de apoyo social
a los más débiles sobre bases justas
y equitativas.
En ese contexto, debería sustituirse el
inoperante mecanismo de racionamiento vigente,
que favorece a muchos ciudadanos que no lo necesitan,
por subvenciones financieras a las familias que
sí lo requieran. Así, los ahorros
que se lograrían por dejar de subvencionar
a personas con ingresos suficientes para vivir
podrían dirigirse a elevar las pensiones,
la asistencia social, el salario mínimo
o subvencionar determinados servicios a personas
con ingresos bajos que lo precisen. Por supuesto,
todo bajo un estricto control y el desarrollo
de políticas sociales responsables, cuando
sea posible, encaminadas a elevar la calificación
de los menos favorecidos para que puedan estar
mejor preparados, y así eleven sus ingresos
y autoestima.
El sistema de racionamiento vigente, al mismo
tiempo que, en el plano de los valores del individuo,
ha facilitado la corrupción, ha promovido
el concepto de mendicidad y la falta de responsabilidad
social del ciudadano, al esperar todo del Estado.
Ahora, si se le quita de pronto, sin una política
que brinde alternativas, la situación que
tendrán que afrontar muchos compatriotas
será dramática con consecuencias
individuales terribles, con sensibles perjuicios
para toda la sociedad.
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