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ECONOMIA
INFORMAL
Los pregoneros de Alamar
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org)
- Mientras el régimen aprieta tuercas con
el fin de sofocar la iniciativa privada, el trabajo
por cuenta propia y, sobre todo, a aquéllos
que inventan cada día en busca del sustento
para vivir, en el reparto costero Alamar, perteneciente
al municipio Habana del Este, se escucha un pregonar
constante, como si decenas de personas se hubieran
puesto de acuerdo en demostrar que el miedo era
verde y se lo comió una chiva.
Una tienda por departamentos sui géneris
y a todo pulmón. Temprano en la mañana
pasa el que arregla colchones, los vende o los
cambia por otros viejos. El cristalero pica cristales
o los compra, aunque estén rotos. También
pasa el que compra lavadoras rusas, bicicletas.
Otro compra cajas de relojes rusos o cualquier
cosa que contenga oro.
Un anciano, al atardecer, pregona sus panqués.
En ocasiones viene acompañado de una señorita
que vende señoritas de chocolate.
Así, durante todo el día hasta
bien entrada la noche. Da la sensación
de que se trata de un barrio con vida. Libre de
verdad, aunque en el fondo no lo sea. Cada uno
de estos compradores y vendedores sabe que en
cualquier momento les puede llegar la hora final.
O sea, una jugosa multa o la cárcel.
Pero mientras, pasa el que repara paraguas y
sombrillas, el emigrante boliviano que vende rosquitas
y turrones de maní. La que vende queso
blanco traído de muy lejos. También
el que vende veneno para cucarachas, piojos, garrapatas,
pulgas y ratones. Le sigue el viejo panadero que
vende galletas especiales; la morenita que vende
fideos, chancletas para el baño, jarros,
sartenes.
No falta el que compra botellas vacías
de cerveza, o el que oferta discretamente a la
puerta paquetes de langosta, camarones o filetes
de emperador. Los que afilan tijeras lo hacen
a toda voz; también el que compra pomos
de perfume vacíos. De todo como en botica,
como dice el viejo dicho. Para no salir de casa.
Aromatizantes para el piso, detergente, huevos
frescos, limones, libros infantiles para colorear.
Segura estoy de que no los he mencionado a todos.
Son tantos que alguno se me ha escapado de la
memoria. Es, de esto no caben dudas, un pueblo
queriendo inmiscuirse, poquito a poco, en la economía
nacional. Como si estuviera abriendo una brecha
en silencio, a pasitos bien cortos, para no llamar
mucho la atención a ése que dice:
"¡Qué nadie toque nada, yo solo
lo puedo tocar!"
Es, no lo olvidemos, un pueblo que se impone
a leyes, multas, decomisos y amenazas. Ese es
mi pueblo cubano, el que ser merece, señores,
una completa libertad.
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