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CORRUPCION
Dictaduras con piojos
Luis Cino
LA HABANA, Cuba - Diciembre (www.cubanet.org)
- En diciembre de 1919, Vladimir Ilich Lenin,
que hablaba mucho y de todo, excepto de libertades,
afirmaba: "O el piojo derrota al socialismo
o el socialismo derrota a los piojos".
La guerra civil estaba en su apogeo. El tifus,
transmitido por los piojos, diezmaba al Ejército
Rojo. Los piojos preocupaban a Lenin más
que los guardias blancos, la hambruna y las masacres
de los asesinos de la Checa.
Algo similar le ocurrió a Mao Tse Tung
con los gorriones. En plena revolución
cultural, el Gran Timonel ordenó exterminarlos
para impedir que devoraran las cosechas.
Al socialismo cubano le han caído piojos.
Los gorriones le roban combustible. Toda clase
de insectos se escabullen de la ley.
La corrupción, los delitos y las ilegalidades
son los piojos de la revolución cubana.
Según Fidel Castro, amenazan la misma supervivencia
de su régimen. Más que los disidentes.
Más que el hostigamiento económico
norteamericano. Incluso más que una conflagración
bélica con los Estados Unidos. El Comandante
en Jefe proclamó recientemente la invulnerabilidad
militar cubana.
El riesgo es más serio de lo que todos
pensaban. A juzgar por la preocupación
del Máximo Líder, es más
grave que otros desafíos enfrentados por
su revolución, como el diversionismo ideológico,
los balseros, el dólar, TV Martí
y los mosquitos.
Tan grave que amerita para enfrentarlo la batida
de un huracán con fuerza 5. A riesgo de
que Cuba corra la mala suerte de la Atlántida.
La batalla contra los piojos es encarada a la
manera preferida del comunismo cubano. Concebida
como una operación militar. Sin reparar
en gastos ni costos. Sin escatimar propaganda
ni promesas populistas. Con la batalla de ideas
como telón de fondo.
A ritmo de contingente, movilizaron a los trabajadores
sociales. De "médicos de almas"
los convirtieron en guardias rojos al estilo maoísta.
Sólo que no fusilarán gorriones.
Hasta tanto no se corrompan, serán la
nueva vanguardia de la revolución. ¿Será
acaso el turno a la ballesta de los hijos de Guillermo
Tell?
El despliegue policial en las calles no es suficiente.
No dan abasto con el delito. Apenas hallan cooperación.
Son como un ejército de ocupación
en un país que ya no reconocen. Crispados
y tensos, realizan aparatosos operativos y redadas
contra los que no saben vivir en el paraíso.
Hoy, el mayor deseo de los cubanos es que los
dejen tranquilos. Piden demasiado. Ya nadie vive
tranquilo en Cuba. Ni los ministros. Casi es más
fácil ser disidente.
Todos dependemos de la ilegalidad para sobrevivir.
Por ende, en cualquier momento pueden tocar a
la puerta. Siempre harán preguntas para
las que no tendrás respuesta. La próxima
puerta puede ser la tuya. Es el momento de la
corrida de los chivatos. El Gran Hermano te vigila.
Paladares, merolicos e intermediarios preocupan
más a las autoridades que la desolación
de la economía nacional.
Los nuevos ricos despiertan en la picota. Los
vendedores de los mercados agropecuarios son los
nuevos enemigos públicos.
Cocinar con ají y cebolla es un lujo.
Nos sentimos culpables de que no nos alcance el
keroseno. De que ya seamos demasiados y la casa
nos resulte pequeña.
Acechados por el espectro reciclado de K listo
Kilowatt, antes del próximo apagón,
nos enfrascamos en cálculos pitagóricos
sobre el consumo de electricidad.
Los salarios aumentan a menos velocidad que el
tamaño de los huecos en nuestros bolsillos.
Ya no podemos disimular nuestra infelicidad.
Sólo atinamos a apretarnos, todavía
más, los cinturones y a levantar los ojos
al cielo.
Es la guerra del Estado contra todo el pueblo.
Nada puede escapar del control de la centralización
estatal. Es la versión del siglo XXI de
la ofensiva revolucionaria de marzo de 1968. Sólo
que los cubanos, como los virus, nos hemos vuelto
resistentes, casi inmunes, a los antibióticos
del Poder.
No sé por qué me acuerdo ahora
de la Guerra de los Mundos, de H.G. Wells. Al
final, a los marcianos sólo pudieron aniquilarlos
los conspicuos e inocuos microbios terrestres.
La pelea del comunismo cubano contra los demonios
que creó su propio sistema no será
fácil. Sus costos pueden ser mayores que
los beneficios.
Mao no consiguió eliminar a los gorriones.
Podría ocurrir que esta vez ni siquiera
el espíritu de Dzierchinsky logre vencer
a los piojos. Entonces, pudieran desaparecer los
marcianos.
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