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HISTORIA
Una
historia roja
Luis Cino
LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - Mi
abuela creía conocer bien a los comunistas.
Vivió rodeada de ellos. Antes de tenerlos
que padecer como gobernantes. Antes de tenerlos
en la familia. En sus últimos años
solía quejarse de los comunistas con amargura,
pero insistía en aclarar que los de la
vieja guardia eran distintos. Muchos de ellos
fueron amigos en tiempos difíciles. Aceptaba
sus mañas y defectos con resignación
filosófica. Para ella, la revolución
era otra cosa. A pesar de los desengaños,
era auténtica y grausista de corazón.
Tenía una imagen romántica de los
seguidores de Marx y Lenin que duró casi
tanto como la república. Una noche, sentada
frente al televisor, nos avisó, con una
palabrota, que había salido de su error.
Hasta entonces los había visto, comprensiva,
como ilusos. Pálidos, delgados y ojerosos,
leyendo como polillas, predicando la revolución,
entonando loas a la Rusia Soviética. Recolectaban
dinero por cualquier motivo. Le disgustaba a abuela
el ateismo de los comunistas y sus eternos y exagerados
aires conspirativos. Nunca les perdonó
que hubieran pactado con Batista en 1940. En eso
coincidía con María Luisa de modo
absoluto.
María Luisa y Margot eran como hermanas.
Lo fueron a través de cuarenta años.
Se conocieron durante la lucha contra la dictadura
de Machado.
María Luisa Laffita había nacido
en España. Sus padres se establecieron
en Cuba cuando ella tenía dos años.
Cuando mi abuela la conoció, en 1932, María
Luisa era una apasionada revolucionaria de 22
años, ondulada cabellera negra y enormes
ojos oscuros que parecían no hallar la
paz.
Su padre, el ingeniero Gustavo Laffita, había
sido asesinado por los porristas de Machado hacía
un par de semanas. Con un grupo de estudiantes
radicales había fracasado en un plan para
dinamitar el cementerio de Colón y volar
a Machado.
María Luisa compartía sus trajines
revolucionarios con su trabajo como profesora
de música. En su casa, las partituras de
Chopin, Mozart y el recién descubierto
Lecuona alternaban con panfletos, armas y explosivos.
La caída de Machado y el gobierno de los
100 días mantuvieron a las dos amigas en
un estado de permanente efervescencia. Cuando
el recién ascendido coronel Fulgencio Batista
derrocó a Grau y Guiteras, fue como si
el cielo se hubiera desplomado, aplastando todos
sus sueños. Desde entonces odiaron a Batista
con todas las fuerzas de sus corazones.
En octubre de 1934 María Luisa se casó
con el estudiante de Derecho y militante de izquierda
Pedro Vizcaíno. Tuvieron un hijo al que
nombraron Roberto. El niño no logró
apartarlos de la lucha. En 1935 María Luisa
fue una de las organizadoras de la huelga de marzo.
La huelga fracasó y Batista desencadenó
una ola represiva contra los opositores. Guiteras
fue acribillado a balazos por los soldados cuando
intentaba escapar al extranjero. En peligro, Pedro,
María Luisa y el niño se fueron
a España.
Allá los sorprendió el estallido
de la guerra civil. No lo dudaron un instante.
Su nueva causa fue la defensa de la república
española. Fue su apoteosis revolucionaria.
Pedro se alistó en el Quinto Regimiento
y partió al frente de batalla. María
Luisa encargó el niño a sus familiares
y se incorporó como enfermera al Socorro
Rojo Internacional.
En un hospital de la retaguardia, atestado de
heridos, trabajó con la bella y enigmática
conspiradora internacional y ex amante de Julio
Antonio Mella Tina Modotti. También entabló
amistad con otra enfermera llamada María
Valero, la actriz cubana que murió años
después.
Armadas con pistolas, Tina Modotti y María
Luisa se turnaron cuidando en una habitación
del hospital a la líder comunista Dolores
Ibárruri, "La Pasionaria", aquejada
de una afección hepática.
Tras la derrota republicana, María Luisa,
Pedro y el niño regresaron a Cuba, vía
París, en 1939. El mundo cambiaba. Cuba
también.
Con el pacto Molotov-Ribbentrop, Hitler y Stalin
se dividían Polonia. Roosevelt impulsaba
el New Deal. Batista conducía a Cuba a
una constitución democrática. Aliado
a los comunistas y al ABC ganó los comicios
de 1940. Pedro y María Luisa trataron de
adaptarse a las reglas del juego.
En 1942 Pedro se graduó de abogado. María
Luisa había vuelto a ser profesora de música.
Ambos votaban por los auténticos. De esa
época data una foto de ella conservada
por mi familia. Peinada como María Félix,
apoya su mano en el hombro de un sonriente Carlos
Prío Socarrás, vestido de guayabera.
El golpe de estado del 10 de marzo de 1952 rompió
la luna de miel con la democracia y la vida pequeño
burguesa de ese matrimonio de clase media que
creía enterrado su pasado revolucionario.
En 1957, madre, padre e hijo se unieron al Directorio
Revolucionario para combatir a Batista.
Cuando de la mano de mi abuela conocí
a Pedro y María Luisa, vestían con
frecuencia el uniforme de milicianos. Varios perros
hacían irrespirable la atmósfera
cordial de su casa oscura, poco ventilada y atestada
de libros y muebles polvorientos.
Por entonces, María Luisa era activista
del Departamento de Orientación Revolucionaria
de la Universidad de La Habana. Había engordado.
Empeñada en no envejecer, exageraba el
maquillaje. Dejó de lavarse la cara con
jabón para evitar las arrugas. Pedro estaba
cada vez más flaco y taciturno.
En 1989 comenzaron tiempos muy difíciles
para ellos. Los sorprendió la caída
del Muro de Berlín. Quedaron atónitos
con el derrumbe del comunismo en Europa Oriental.
Los consternó la desintegración
de la Unión Soviética. Si hubieran
leído a Lenin con detenimiento, hubieran
sabido algunas de las verdades que a veces decía.
En un borrador recogido en el último tomo
de sus obras completas escribió, dubitativo:
"El Poder Soviético es
. una
mierda".
Pedro se marchó con tristeza de este mundo
en pleno período especial. En su vejez,
María Luisa recibió condecoraciones,
distinciones y desengaños. Había
vivido yendo en pos de la bandera roja. Sus sueños
naufragaban en un mar de dudas. Le dolían
en silencio. Un militante comunista no puede retroceder
jamás.
María Laffita DeJuan murió en La
Habana, a los 94 años, el 22 de diciembre
de 2004. Era la última de las cubanas que
combatieron en la Guerra Civil Española.
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