PRENSA INDEPENDIENTE
Abril 25, 2005
 

SOCIEDAD
Lavando jabitas

Adrián Leiva

LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - Los actos diarios de las personas reflejan, en mayor o menor medida, las características de la sociedad donde vive. Hay hechos de la vida cotidiana que a primera vista parecen ser producto del desgaste de una mente en su etapa senil. Pero cuando nos detenemos a analizar los detalles y nos adentramos en la situación, terminamos por descubrir que las circunstancias existentes son las que realmente propician esas maneras de actuar.

El hecho que provoca este escrito es uno de esos casos que a primera vista parecen estar relacionados con situaciones normales de cualquier persona maniática o con un estado mental poco favorable. La protagonista pertenece a ese grupo al que se le ha denominado tercera edad, al parecer como una forma de quitar el mal sabor que la palabra anciano o viejo puede dejar en algunos.

El hecho es demostrativo de cómo un producto de sencilla fabricación industrial puede adquirir una importancia extraordinaria, al punto de provocar acciones aparentemente irracionales para recuperarlo o mantenerlo en plena disposición para un uso prolongado.

En este caso se trata de las bolsas de nylon desechables que entregan cuando se realiza una compra en las tiendas que comercializan en divisa en la red nacional cubana, uno de los pocos lugares donde los clientes cubanos gozan de este servicio, pues en el resto de los comercios del país el comprador debe llevar el envase para adquirir cualquier cosa.

Hasta finales de los años ochenta las tiendas en Cuba contaban con cartuchos o envases de papel donde se embalaban los alimentos que se vendían en bodegas y mercados. Lo mismo ocurría en los almacenes de ropa y calzado. Pero la única fábrica del país que producía este material cerró sus puertas durante el tristemente célebre Período Especial, y desde entonces los cubanos tuvieron que agenciárselas cada uno según su iniciativa para buscar en que echar lo que compraban.

Según un chiste popular, el cuerpo humano de los cubanos consta de cuatro partes: cabeza, tórax, extremidades y jaba. Y es que la compañía de una jabita ha pasado a ser imprescindible en las andanzas de los nacionales por las calles de cualquier población o ciudad. De no tener una de estas auxiliares puede que al aparecer en su camino algún producto necesario, se quede sin poder llevarlo por falta de envase.

Adquirir las famosas jabitas desechables de nylon no es tarea muy fácil, ya que además de estar disponibles solamente en las tiendas por divisa, no es raro que en ocasiones sean deficitarias. También se pueden encontrar en el mercado negro por el valor de un peso cubano la unidad en el interior del país, o a dos por un peso en la capital. Debido al necesario uso cotidiano de las mismas, esta compra se vuelve un gasto permanente. Por esta razón el carácter desechable de este producto pierde sentido en nuestra querida Isla y las jabitas de nylon son recicladas una y otra vez en su uso diario en el hogar, conservándose con el mayor esmero para que su vida útil se prolongue el mayor tiempo posible.

La pasada semana, mientras hacía una visita en un edificio multifamiliar, pude constatar la manera en que algunos se esmeran en el cuidado de sus jabitas. En la azotea del inmueble se ha habilitado un lavadero colectivo, donde los vecinos después de lavar las ropas las tienden en los escasos e improvisados alambres que de un extremo al otro se extienden por el área. Ese día varias mujeres hacían uso de los lavaderos y la cantidad de piezas era mayor que los espacios disponibles para el secado en las tendederas. La situación era aún más problemática porque una de las vecinas hacía uso de esta instalación para colgar no sus ropas, sino una veintena de jabitas de nylon que había lavado para volver a usarlas, y que ocupaban toda una hilera en la tendedera.

Varias de las mujeres que habían terminado de lavar comenzaron a protestar por no encontrar espacio para su ropa, pero la propietaria de las dichosas jabas, una octogenaria con muy malas pulgas, pasó por alto que bien pudo dejar esa tarea para el siguiente día, y con toda dignidad afirmó que el lavado de sus jabitas también constituía una necesidad vital para poder resolver las cuestiones que le impone la realidad diaria.

 

  

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