PRENSA INTERNACIONAL
Abril 14, 2005
 

NOTICIAS DE CUBA
El Nuevo Herald

Director español filma en la isla

EFE, La Habana. 14 de abril de 2005.

La película Rosa de Francia es la nueva producción del director español Manuel Gutiérrez Aragón, para la que eligió como protagonista al actor cubano Jorge Perugorría, el ''pícaro'' de una historia ambientada en la Cuba de los años cincuenta.

''Vamos muy bien'', dijo Gutiérrez Aragón sobre la marcha de la filmación que inició a mediados de febrero y espera concluir en un par de semanas. El estreno de la película en España está previsto para finales de año.

La historia de Rosa de Francia tiene como personaje central a Simón, un pícaro dedicado al tráfico de personas que deja abandonadas a su suerte en un cayo solitario y que con los ingresos que recibe educa señoritas destinadas a ancianos millonarios.

''La historia es cubana, pero no me resulta ajena porque tengo una parte cubana, pues mi padre nació en Santiago de Cuba, aunque descendiente de españoles'', señala Manuel, quien por primera vez filma una película en la isla.

Tras dirigir Cosas que dejé en La Habana en 1997, con argumento y actores cubanos, el director español dice que lo que más le gusta del cine cubano y de trabajar en la isla son sus actores.

El decimosexto largometraje de Gutiérrez Aragón reúne un reparto encabezado por Perugorría, en el que figura también el español Augusto José González y las cubanas Broselianda Hernández y Ana Celia de Armas Caso, una joven de 16 años que él califica como la revelación del elenco.

'A muchos de ellos ya los conocía y había trabajado antes con `Pichy' (como es conocido Perugorría en los ambientes del cine), y Broselianda. Son gente muy expresiva y sentimentales y además con una enorme simpatía. Eso es quizás lo que más me gusta del cine cubano y de trabajar aquí'', afirmó el realizador español.

Albita no se parece a nadie

El primer concierto de la sonera cubana cierra un ciclo

Norma Niurka, Especial/El Nuevo Herald. 14 de abril de 2005.

Con un cambio fisico notable y la misma energía de siempre, Albita Rodríguez, reina de los clubes nocturnos, convocó el domingo en el Teatro Jackie Gleason a sus muchos admiradores para ofrecer su primer concierto desde que arribó a Miami en 1993.

Curiosamente, el debut tenía también matiz de despedida, ya que la artista actuará por un tiempo en el musical The Mambo Kings, de Broadway.

La sonera cubana, que en la última década experimentó altas y bajas en su carrera, demostró en este concierto titulado Que me quiten lo bailao que su incomparable talento musical y originalidad se mantienen intactos, y que su estrella está en ascenso.

A teatro lleno, acompañada por una orquesta de 10 excelentes músicos, dirigida por el bajista Jorge Bringas, y tres cantantes en el coro, la artista desplegó en su voz limpia y potente el abanico de ritmos que domina.

En la orquesta se destacaron la pianista Alaina Martín, la violinista Muriel Reinoso y el flautista Rodolfo Gómez. Muriel condimentaba su violín con el movimiento cubanísimo de sus caderas, y Rodolfo hizo un careo con Albita y un solo de flauta muy aplaudido.

Con la ayuda de una enorme pantalla circundada por la orquesta a ambos lados, desde un principio se establecieron los parámetros del show: música, historia y cubanía. En un video muy bien editado, la artista tejía una historia poética que daba sentido al espectáculo. Cada recitación terminaba con las palabras blanco, rojo y azul, colores de la bandera cubana, como símbolo de la esencia de su música. Particularmente acertado y simpático fue el video donde canta desdoblada en varias caracterizaciones.

Cualquier vestuario de esas distintas Albitas hubiera sido más apropiado que el de esa noche, tan ajeno a su estilo y personalidad. A pesar de ser obra de una conocida diseñadora, Silvia Tsherassi, las enormes faldas tan trabajadas, las combinaciones de chaquetas grandes con faldones, en el cuerpo frágil de una sonera sencilla no favorecían su imagen y dificultaban su movimiento.

En un número que acostumbra incluir en sus shows, Albita cambió los tacones por las chancletas para ejectuar el tradicional baile de la cutara, junto a los músicos, y se ganó la aprobación del público.

El sonido no tuvo fallos, pero la iluminación, de abundantes luces, dejó en ocasiones en oscuro a músicos que debían ser enfocados. Aún así, la producción de Isabel Viera fue sumamente profesional.

Apoyada en arreglos excelentes, la cantautora que desde jovencita cultivó los ritmos tradicionales de su tierra, interpretó esa música que sabe a cañas y palmas, que bebió en la cuna (de sus padres artistas, quienes se encontraban sentados en primera fila); así como sones, rumbas, chachachá, sus temas conocidos, otros nuevos, la eterna Guantanamera y hasta una de las canciones en inglés que interpretará en Broadway, Lit by Love, que dedicó a su hermano fallecido.

También tuvo su momento de trovadora al quedar a solas sentada con su guitarra, demasiado breve en un programa de dos horas.

El público, en su mayoría cubano, se conectó con su gran sonrisa y calidez, y con sus palabras, siempre pensadas y sentidas. El concierto tuvo un matiz de perfecto círculo, como si con él Albita estuviera cerrando un ciclo para emprender un nuevo camino.

nniurkaa@aol.com

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