PRENSA INDEPENDIENTE
Abril 14, 2005
 

CULTURA
El agua volverá a brotar

Luis Cino

LA HABANA, Cuba - Abril (www.cubanet.org) - No digo nada nuevo. Hay muchas formas de contar una historia. Tantas como dolores y alegrías encierra la vida. Sólo las palabras y sus múltiples significados logran darle sentido. Colorear los lugares, tiznados por la pena, donde una vez fuimos felices o soñamos serlo. Entonces, las historias salen del silencio.

Antonio Conte, como buen poeta, conoce las palabras precisas para narrar, las emplea a fondo, sin que falten ni sobren, con desgarramiento y ternura. Su libro "La fuente se rompió" es una buena muestra de que la novela y la poesía de hoy están separadas por límites cada vez más imprecisos.

Los amores -que fueron uno solo- de Jorge Luis (¿Conte?) son el pretexto para la nostalgia y la evocación. De la patria, las mujeres, los lugares, la infancia. No es casual el título.

En "La fuente se rompió" lo irreal deja de serlo. El tiempo y el espacio se mueven en aparente desorden, como el caos que impusieron las últimas décadas en la vida de los cubanos. Podía ser un bolero, una escena del cine negro, un melodrama de Félix B. Caignet o una novela de Henry Miller. Desplazarse de La Habana a Bogotá, con interludio bélico en Angola. Son la deuda de Conte con su pasado.

Eugenia, Blanca Luz, Rafaela. El amor siempre fue el mismo. Distintas apariciones de una misma virgen. Siempre el milagro. Los mismos ojos, el mismo rostro y la misma cabellera castaña. Sólo variaban las circunstancias de las mujeres en encuentros y desencuentros.

Cuando Jorge Luis se acomodaba en la ventana a esperar por Eugenia o Blanca Luz, siempre llovía tras los cristales. Un torrencial aguacero habanero o la helada llovizna bogotana. Conte nos advierte: "La lluvia es una cosa que casi siempre ocurre en el pasado".

También llovía sobre la Plaza. Una mujer envejeció allí, empapada. Tiene las piernas rotas. Su rostro es el de alguien que ya no espera nada. La ropa transparenta sus senos flácidos y caídos. El discurso no ha terminado aún. La rodea una multitud temerosa, cercada por barreras podridas y el ruido de los altoparlantes.

Siempre hubo pesadillas. Eran cosas de rutina. Teníamos ilusiones, pretextos y coartadas. Un día faltaron a la cita.

El padre le anunciaba: "Un día tendrás que irte, dejando atrás la playa, los árboles, los amigos, las afrentas que te hicieron e hiciste". Entonces, lo único que queda es la poesía. Y soñar.

"La fuente se rompió" no es una lectura fácil. Deja un gusto amargo en la boca y un silencio que hiere los oídos. También la certeza de que el amor siempre reaparece. Que mientras haya poesía es forzoso vivir. El agua de la fuente volverá a brotar.

Jorge Luis, Conte y muchos más alguna vez soñamos con un país mejor. Imaginábamos la felicidad. Todavía lo hacemos.


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