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POLITICA
Elecciones: intimidación y secuestro de posibles
votos abstencionistas
Juan Carlos Linares Balmaseda
LA HABANA, abril (www.cubanet) - La posible irregularidad
fue denunciada por un elector del municipio Habana
Vieja. El revelador diálogo lo inicia y
lo concluye el presidente del comité de
Defensa de la Revolución (CDR) de la cuadra
donde ambos viven como vecinos. "Oye, acuérdate
que hoy hay asamblea de rendición de cuentas.
No me faltes".
- Pero yo no voy a votar", responde el interlocutor.
- En este edificio nunca nadie ha dejado de votar.
- Pero votar es un derecho -riposta el elector.
- Me lo hubieses dicho antes para haberte quitado
de la lista.
"Lista" o "listados" se les
llama a los padrones electorales. Las inscripciones
en los padrones son obligatorias, y generalmente
las realizan los CDR. Por derecho, todo ciudadano
mayor de 18 años es un elector.
Asambleas de rendición de cuentas se les
llama a las reuniones de barrio. Se efectúan
a solicitud de las instancias del Poder Popular.
Allí los participantes pueden exponer sus
escollos personales o colectivos, desentendiendo
planteamientos de oposición al régimen.
Una crítica al sistema de gobierno se interpreta
como actitud contrarrevolucionaria.
Las preocupaciones comunes en las asambleas van
dirigidas a la falta de transporte público,
dificultades para ejecutar los mantenimientos
y reparaciones en las viviendas, censura a la
calidad del pan de la cuota básica racionada,
contra la escasez o falta total de agua potable,
disputas de méritos para obtener el crédito
de compra de un TV, y algunas que otras actitudes
de la convivencia cotidiana.
Las personas con pensamientos disidentes confesos
se autodiscriminan, negándose a participar,
o son expulsadas por las reglas de la coacción.
En tiempos de comicios, en que se eligen a los
candidatos a delegados a la Asamblea Nacional
del Poder Popular (cada cinco años, o para
elegir a los candidatos a delegados de circunscripciones
(cada dos años y medio), las asambleas
sirven como únicos escenarios pre-electorales.
Las designaciones son a punta de dedo y las votaciones
a mano alzada.
Una vez seleccionados los candidatos, entran
al tablero las comisiones de candidaturas, a jugar
como alfiles y caballos del sistema electoral
de base. Aunque desde antes ya vienen jugando,
por debajo de la mesa, las posiciones contrarias.
Las comisiones de candidaturas, integradas por
los ciudadanos filiación castrista, serán
los garantes que dejen o aparten de la competencia
electoral, atendiendo sólo al principio
de confiabilidad y fidelidad con el estatus oficial.
Van los del Partido Comunista de Cuba (PCC), los
de la Unión de Jóvenes Comunistas
(UJC), líderes sindicales, dirigentes zonales
de los CDR, dirigentes gubernamentales, del Ministerio
del Interior (MININT), de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias (FAR), y quienes hagan campaña
por los suyos, maniobrando, con métodos
más o menos perspicaces, según exijan
las circunstancias.
Sin duda, las comisiones de candidaturas consumen
un capítulo importante dentro del tema
de las violaciones al derecho de elegir y ser
elegido. Explicado poéticamente sería
así: Son los filtros sin precedentes /
por donde pasan los fidelistas / y se atollan
los disidentes.
Casi media centuria de gobierno autocrático
de corte marxista-leninista redujo la psicología
vulgar a tres lucubraciones replanteadas en las
mentes apáticas de los cubanos:
1- Estoy obligado a participar en el sistema
electoral, de lo contrario me marco negativamente.
2- Cualquier candidato que triunfe no resolverá
mis martirios cotidianos, relacionados con el
déficit material y espiritual.
3- Entonces, participo, que salga cualquiera
y la vida sigua igual, como en la vieja canción.
Con las elecciones de los delegados a las circunscripciones
previstas para el 17 de abril, se sellará
otro ciclo electoral inaugurado el pasado febrero.
La artillería publicitaria oficialista
enfiló todos sus medios de difusión
hacia la participación. Las cifras finales
ya están escritas en sus dianas: 97, 98
ó 99 por ciento de masividad, si no es
que nos sorprenden con un 100 por ciento, para
mejor "legitimación".
Pedir transparencia en tales condiciones carece
de lógica. Imposible querer lo que se desconoce,
y como complemento de la intención política
vienen las intimidaciones y los secuestros de
los posibles votos abstencionistas. Basta descifrar
la intríngulis del sistema electoral cubano
con una frase conocida: ¿Elecciones para
qué?
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