PRENSA INDEPENDIENTE
Abril 11, 2005
 

POLITICA
Elecciones: intimidación y secuestro de posibles votos abstencionistas

Juan Carlos Linares Balmaseda

LA HABANA, abril (www.cubanet) - La posible irregularidad fue denunciada por un elector del municipio Habana Vieja. El revelador diálogo lo inicia y lo concluye el presidente del comité de Defensa de la Revolución (CDR) de la cuadra donde ambos viven como vecinos. "Oye, acuérdate que hoy hay asamblea de rendición de cuentas. No me faltes".

- Pero yo no voy a votar", responde el interlocutor.

- En este edificio nunca nadie ha dejado de votar.

- Pero votar es un derecho -riposta el elector.

- Me lo hubieses dicho antes para haberte quitado de la lista.

"Lista" o "listados" se les llama a los padrones electorales. Las inscripciones en los padrones son obligatorias, y generalmente las realizan los CDR. Por derecho, todo ciudadano mayor de 18 años es un elector.

Asambleas de rendición de cuentas se les llama a las reuniones de barrio. Se efectúan a solicitud de las instancias del Poder Popular. Allí los participantes pueden exponer sus escollos personales o colectivos, desentendiendo planteamientos de oposición al régimen. Una crítica al sistema de gobierno se interpreta como actitud contrarrevolucionaria.

Las preocupaciones comunes en las asambleas van dirigidas a la falta de transporte público, dificultades para ejecutar los mantenimientos y reparaciones en las viviendas, censura a la calidad del pan de la cuota básica racionada, contra la escasez o falta total de agua potable, disputas de méritos para obtener el crédito de compra de un TV, y algunas que otras actitudes de la convivencia cotidiana.

Las personas con pensamientos disidentes confesos se autodiscriminan, negándose a participar, o son expulsadas por las reglas de la coacción.

En tiempos de comicios, en que se eligen a los candidatos a delegados a la Asamblea Nacional del Poder Popular (cada cinco años, o para elegir a los candidatos a delegados de circunscripciones (cada dos años y medio), las asambleas sirven como únicos escenarios pre-electorales. Las designaciones son a punta de dedo y las votaciones a mano alzada.

Una vez seleccionados los candidatos, entran al tablero las comisiones de candidaturas, a jugar como alfiles y caballos del sistema electoral de base. Aunque desde antes ya vienen jugando, por debajo de la mesa, las posiciones contrarias.

Las comisiones de candidaturas, integradas por los ciudadanos filiación castrista, serán los garantes que dejen o aparten de la competencia electoral, atendiendo sólo al principio de confiabilidad y fidelidad con el estatus oficial. Van los del Partido Comunista de Cuba (PCC), los de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), líderes sindicales, dirigentes zonales de los CDR, dirigentes gubernamentales, del Ministerio del Interior (MININT), de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), y quienes hagan campaña por los suyos, maniobrando, con métodos más o menos perspicaces, según exijan las circunstancias.

Sin duda, las comisiones de candidaturas consumen un capítulo importante dentro del tema de las violaciones al derecho de elegir y ser elegido. Explicado poéticamente sería así: Son los filtros sin precedentes / por donde pasan los fidelistas / y se atollan los disidentes.

Casi media centuria de gobierno autocrático de corte marxista-leninista redujo la psicología vulgar a tres lucubraciones replanteadas en las mentes apáticas de los cubanos:

1- Estoy obligado a participar en el sistema electoral, de lo contrario me marco negativamente.

2- Cualquier candidato que triunfe no resolverá mis martirios cotidianos, relacionados con el déficit material y espiritual.

3- Entonces, participo, que salga cualquiera y la vida sigua igual, como en la vieja canción.

Con las elecciones de los delegados a las circunscripciones previstas para el 17 de abril, se sellará otro ciclo electoral inaugurado el pasado febrero. La artillería publicitaria oficialista enfiló todos sus medios de difusión hacia la participación. Las cifras finales ya están escritas en sus dianas: 97, 98 ó 99 por ciento de masividad, si no es que nos sorprenden con un 100 por ciento, para mejor "legitimación".

Pedir transparencia en tales condiciones carece de lógica. Imposible querer lo que se desconoce, y como complemento de la intención política vienen las intimidaciones y los secuestros de los posibles votos abstencionistas. Basta descifrar la intríngulis del sistema electoral cubano con una frase conocida: ¿Elecciones para qué?


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