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RELIGION
El peregrino del amor
Lucas Garve, Fundación por la Libertad
de Expresión
LA HABANA, abril (www.cubanet.org) - El Papa
Juan Pablo II fue el primer Papa globalizado.
Más de un centenar de viajes por todo el
planeta lo comprueban, junto a la eficiencia en
el uso de los medios de comunicación para
difundir su labor evangelizadora en los idiomas
más hablados del planeta. Labor evangelizadora
realizada con el más acentuado carácter
ecuménico.
El 21 de enero de 1998 el llamado Papa viajero
pisó por primera vez la tierra cubana.
En la ceremonia de bienvenida en el aeropuerto
internacional de La Habana, Juan Pablo declaró:
"Vengo como peregrino del amor, de la verdad
y de la esperanza No tengan miedo de abrir sus
corazones a Cristo".
Estas palabras pronunciadas públicamente
y difundidas por los medios de comunicación
nacionales repercutieron en el corazón
de los cubanos.
El 22 de enero, en la ciudad de Santa Clara,
el Santo Padre trató el tema del exilio,
aspecto sobre el que apuntó: "Estas,
junto con ciertas medidas laborales o de otro
género han provocado un problema que se
arrastra en Cuba desde hace años: la separación
forzosa de las familias dentro del país
y la emigración, que ha desgarrado a familias
enteras y ha sembrado dolor en una parte considerable
de la población". Y repitió:
"No tengan miedo, abran las familias y las
escuelas a los valores del Evangelio de Jesucristo".
En Camagüey, en la Plaza Ignacio Agramonte,
expresó la misma idea: "No tengan
miedo de abrir sus corazones a Cristo". En
el texto escrito que dejó en Camagüey
a los jóvenes cubanos, pregunto: "¿Por
qué la abundancia de medios e instituciones
no llega a corresponder plenamente con el fin
deseado?". Y más adelante parece ofrecer
la respuesta: "Vuelvan a las raíces
cubanas y cristianas, y hagan cuanto esté
en sus manos para construir un futuro cada vez
más digno y más libre".
El 24 de enero, en la visita al santuario de
San Lázaro en el Rincón, trató
el tema denominado "Evangelio del dolor".
Allí abundó sobre el aspecto del
sufrimiento del alma: "Existe también
el sufrimiento del alma, como el que padecen los
segregados, los perseguidos, los encarcelados
por diversos delitos o por razones de conciencia,
por ideas pacificas aunque discordantes. Estos
últimos sufren el aislamiento y una pena
por la que su conciencia no los condena, mientras
desean incorporarse a la vida activa con espacios
donde puedan expresar y proponer sus opiniones
con respeto y tolerancia". Mencionó
en este sentido la necesidad de la misión
de la pastoral penitenciaria.
Juan Pablo II nos trajo con sus palabras un aliento
de libertad. Fue una semana en la que la libertad
de expresión gozó en Cuba de amplio
albedrío.
Por primera vez el deceso de una figura pública
suscita, aunque con matices diferentes, tal repercusión
y homenaje de reconocimiento en Miami y en La
Habana. El Papa Juan Pablo II logró esto.
Ayer escuché en la emisión del
noticiero de la televisión cubana la declaración
de una mujer a la puerta de la Nunciatura, mientras
esperaba para firmar el libro de condolencias.
La mujer calificó al Papa de progresista.
La figura tan carismática del Papa Woytyla
ha sido calificada con adjetivos del más
amplio espectro: desde luchador contra el neoliberalismo
hasta el de general de brigada contra el comunismo.
El Papa Juan Pablo II quedará como el
Papa que abrió el tercer milenio de la
Cristiandad, pero entre mis recuerdos tendrá
un lugar destacado aquella mañana del 25
de enero de 1998, cuando la procesión de
la patrona de Cuba, la virgen de la Caridad del
Cobre, fue acompañada por miles de habaneros
creyentes y no creyentes, opositores, disidentes,
hasta la Plaza José Martí. Allí
vi al Papa oficiar la misa y decir el Ángelus
Domini, en medio de gritos de ¡Libertad!
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