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POLITICA
Zinn, el otro historiador americano
Luis Cino
LA HABANA, abril (www.cubanet.org) - Alguien
dijo que la historia es la relación de
hechos que no ocurrieron así, narrada por
personas que no estuvieron allí. Se dice,
no sin mucha dosis de razón, que la historia
la escriben los vencedores.
Pese a tales visiones pesimistas, la historia
de los vencidos, de los que llevaron la peor parte
y aún de los aniquilados, de su larga resistencia
frente al poder, es parte de la memoria de los
pueblos. Es una modesta contribución al
mejoramiento del género humano. El odio
no es útil en ese empeño.
A primera vista, libros como "La otra historia
de los Estados Unidos" (A People's History
of the United States), del académico norteamericano
Howard Zinn, pretende narrar la historia no oficial
de Norteamérica. Lamentablemente, el autor
se extravió en su empeño por los
caminos del odio a su patria y sus instituciones.
El profesor Zinn no inventa mentiras. Manipula
verdades. Las exagera y distorsiona. Enfoca los
hechos históricos desde ángulos
oportunistas y mal intencionados. Tanto como puede
serlo un liberal de izquierda americano cuando
se propone actuar de mala fe.
Lo ciega la pasión antisistema. A cambio,
no propone nada.
Para él, la historia norteamericana es
la del despojo de los indios, la esclavitud, el
racismo, el activismo antibélico, la lucha
de los obreros contra la explotación patronal
y el poder corporativo, y poco más.
De sus ataques virulentos no escapan los padres
fundadores, Walt Whitman ni Abraham Lincoln. En
su estrecha y simplista óptica de la lucha
de clases no concede mérito alguno a 229
años de democracia americana.
En la historia, según Zinn, el lenguaje
de libertad e igualdad de la Revolución
Americana fue "una artimaña de la
clase dominante". La Declaración de
Independencia no es más que "el más
alto grado de elocuencia del mito de la Revolución
Americana". Va más allá que
Carlos Marx al afirmar que la Declaración
"limitaba el concepto de vida, libertad y
felicidad para los machos blancos de América".
Según Zinn, la Guerra de Secesión
fue en beneficio de la nueva clase de millonarios.
A las dos guerras mundiales Estados Unidos fue
por motivos de lucro. Los desertores, de 1776
a Irak son sus héroes.
Exhibicionista de la incorrección política,
Zinn echa a un lado toda objetividad. Para él,
la neutralidad no existe. Se lo advertía
a sus alumnos de Boston. Lo proclamó, ufano,
en el título de sus memorias: "You
Can't Be Neutral on a Moving Train" (No se
puede ser neutral en un tren en movimiento). Tampoco
se puede escribir historia. Si acaso, panfletos.
El poeta beatnik Allen Ginsberg decía
en Howl: "Vi a las mejores mentes de mi generación
destruidas por la locura". Las mentes de
la siguiente generación, a la cual pertenece
Howard Zinn y Noam Chomsky, fueron destruidas
por el resentimiento. Fueron nubladas por el odio
ciego contra el establishment
De la Contracultura de los 60 lo que quedó
fue la narrativa, el cine, y sobre todo, la música.
El radicalismo intelectual izquierdista de Zinn,
Chomsk y compañía fue superado por
la vida.
Zinn, junto a Chomski y James Petras, en los
últimos años son asiduos visitantes
de La Habana. Justo en los más insólitos
tiempos de la revolución cubana. Acuden
periódicamente, entusiasmados, a poner
un granito de arena en el reforzamiento del arsenal
de su batalla de ideas.
Es curioso. Zinn se refiere con disgusto a "la
dictadura sobre el proletariado" que existía
en Europa Oriental. Es evidente que no es la sociedad
mejor a que aspira para su país. ¿Será
acaso el modelo cubano? Le advierto que no es
muy diferente. Sólo es una cuestión
de carisma e idiosincrasia de los dirigentes.
Zinn hallaría aquí suficiente material
para sus demoledores análisis. El problema
radica en que su visión original y desenfadada
de la historia pudiera costarle largos años
de cárcel si no coincide con la versión
oficial.
A propósito, muy interesante el punto
de vista de Zinn sobre la Guerra Hispano-Cubana-Americana,
pero como gran parte del libro, inexacto e impreciso.
El Dr. Zinn debía saber que el capital
norteamericano no llegó a Cuba en 1898
con los cañones de los soldados interventores.
La penetración del capital americano fue
un proceso paulatino que se inició a mediados
del siglo XIX.
Ya en 1855, más de la mitad de los barcos
mercantes que tocaban puertos cubanos eran norteamericanos.
En 1886, Cuba vendía a refinadores americanos
el 94 por ciento del azúcar producido en
sus ingenios. Para 1895, tres años antes
de la guerra, las inversiones americanas en Cuba
ascendían a 50 millones de dólares.
Es lamentable que el académico Zinn no
conozca más a fondo la historia de un pueblo
cuyo destino pretende ayudar a modelar apostando
por sus gobernantes.
La editorial Ciencias Sociales se apresuró
a publicar el libro de Howard Zinn para la Feria
del Libro de La Habana. Este año estuvo
bastante deslucida. Entre títulos tales
como "Chávez nuestro" y "El
código Chávez", la obra del
académico norteamericano no resultó
de las más interesantes.
El libro lo prologó Alfredo Prieto, que
lo califica como "el "Bowling for Columbine
de la historiografía norteamericana".
Prieto alude al documental del polémico
y grácil Michael Moore. Si la comparación
se refiere a la manipulación, los sofismas
y lo tendencioso de su análisis, estoy
plenamente de acuerdo.
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