PRENSA INDEPENDIENTE
Abril 6, 2005
 

HISTORIA
Cuba y Estados Unidos: la influencia de un hombre en sus relaciones

Miguel Saludes

LA HABANA, abril (www.cubanet.org) - La Habana, como cualquier gran ciudad, puede traernos sorpresas a cada momento, no importa el tiempo que llevemos viviendo en ella. Como una gran enciclopedia, no cesa de revelar las innumerables historias que atesora, expuestas a la vista de todos, pero que en nuestro apresurado andar por sus calles no apreciamos hasta un día, que puede demorar años en llegar, o puede que nos pase la vida sin notarlo.

Todo esto pensaba el pasado diciembre mientras leía una inscripción en bronce situada al comienzo de la calle Aguiar en el casco histórico de la ciudad. El letrero conmemorativo, inaugurado el 22 de febrero de 1947 por la Sociedad Panamericana, es un homenaje a Juan de Miralles Trailhon, precursor de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, ferviente colaborador con la lucha por la independencia de las colonias norteamericanas, quien además llegara a cultivar la amistad de George Washington. Dice el cartel que en el terreno ocupado hoy por la casona sede del Museo de la Música estuvo la propiedad solariega de este notable habanero.

Muchas conjeturas surgen cuando se lee el texto de la placa. ¿Cuándo y dónde nació este personaje, apenas divulgado por nuestra historia? ¿Cómo llegó a conocer al padre de la independencia norteamericana y hasta qué punto fue importante su colaboración con la independencia de aquella nación? Su actitud a favor de los independentistas, ¿le ganó la animadversión de las autoridades de la Isla, y por ello murió en la nación norteña sin poder regresar a Cuba? Dar respuesta a todas estas interrogantes es una tarea difícil para quien no posea la categoría de investigador. No obstante, siempre existen personas dispuestas a ayudar y sitios que prestan ese servicio. Gracias a ellos pude recopilar una gran cantidad de datos sobre un hombre que merece toda la atención por parte de nuestra generación y que realmente no es una figura desconocida en el mundo de hoy.

Juan de Miralles nació en Petrer, España, el 23 de julio de 1713 y fue bautizado en la iglesia parroquial de San Bartolomé, perteneciente a ese pequeño pueblo valenciano. En 1740 Miralles llega a La Habana con 27 años y la suficiente fortuna como para pedir la mano de María Josefa Eligio de la Puente y González-Cabello, miembro de una de las más acaudaladas familias habaneras de la época, con fortuna asentada en la Isla y en la Florida. Hacía esta última se dirigió tempranamente la actividad comercial de Miralles, negociando con los principales puertos de las colonias inglesas en Norteamérica.

En 1761 La Habana fue azotada por una epidemia de fiebre amarilla, que causó numerosas víctimas entre la población, las tropas y tripulaciones y las dotaciones de esclavos. Debido a la escasez de fuerza de trabajo, las obras de fortificación se vieron prácticamente paralizadas, por lo cual el Gobernador Prado decidió comisionar al acaudalado comerciante habanero Juan de Miralles, muy reputado por su habilidad como negociante y de plena confianza de las autoridades españolas, para gestionar la compra de esclavos en Jamaica.

A tal efecto se le concedieron pasaportes, y Miralles partió de La Habana en abril de ese año. Su gestión le llevó a Londres donde su habilidad para hacer relaciones le permitió contactar con autoridades británicas y obtener información acerca de los planes secretos de preparación de una fuerte expedición contra La Habana, de lo cual dio cuenta al embajador español en la capital inglesa y trató además de comunicar los planes británicos al Gobernador de Cuba. Sólo dos de los avisos llegaron a su destinatario, uno de ellos un día antes de la llegada de los atacantes y otro poco después, cuando ya había comenzado el sitio.

En el trayecto hacia La Habana el traficante habanero fue apresado por una fragata británica. Valiéndose de su astucia y habilidad, logró ganar la confianza de sus captores, incluso la del propio jefe de las fuerzas británicas, conde de Albemarle, con quien acordó obtener información de inteligencia acerca de la plaza sitiada. Con esta argucia, Miralles logró que los británicos lo dejaran desembarcar en las inmediaciones de La Habana y le permitieran el acceso a la ciudad. Inmediatamente se presentó al Gobernador, a quien informó cómo había engañado al jefe británico y le dio datos acerca de las fuerzas sitiadoras. Siguiendo sus planes y para no levantar sospechas se le puso bajo custodia, a bordo de uno de los navíos españoles que se encontraban en bahía, manteniéndose así hasta el día de la capitulación.

Una vez comenzado el movimiento rebelde en las Trece Colonias inglesas, no es extraño que la corona española diera luz verde a sus representantes en el continente para que colaborasen con los rebeldes y así desalojar al peligroso rival imperial de sus posesiones. Obedeciendo a una Real Orden secreta de agosto de 1777, el Capitán General de Cuba, Diego Navarro, nombró agentes confidenciales para entablar negociaciones con los rebeldes norteamericanos: a José Eligio de la Puente, cuya actuación fue muy breve, y a Juan de Miralles.

La misión encomendada a este último era muy importante, y él la cumplió con excepcional brillantez. Su primera propuesta fue que España atenuase o suprimiese algunas de las severísimas medidas restrictivas que entonces existían en cuanto al comercio, con beneficio especial para las colonias en lucha. Miralles, además, logró que fuesen reparados en el Arsenal de La Habana los buques de una escuadra norteamericana que se dirigía a Francia.

Entre tanto, se había presentado como enviado oficial a George Washington. Sus vínculos con el libertador norteamericano habían comenzado tempranamente al coincidir con la visita navideña de éste a la ciudad de Filadelfia. En esa Navidad de 1778, Juan de Miralles presenta a Washington la carta de recomendación del teniente general Diego Navarro, siendo atendido con la más alta consideración y cortesía. La buena impresión que produjo y las perspectivas de ayuda, explicadas de manera elocuente, impactaron al general norteamericano despertando su interés por el encuentro.

En vísperas del Año Nuevo, Miralles organizó un banquete en honor de Washington y su esposa Martha, al que asistieron más de setenta comensales, entre los que se encontraban los más destacados oficiales cercanos al héroe norteamericano. La prensa en Filadelfia se hizo eco del homenaje del agente cubano como uno de los acontecimientos más importantes de ese fin de año.

En abril de 1780, Miralles enfermó de pulmonía mientras viajaba a Morristown. En aquel sitio fue alojado en la mansión del propio Washington, quien lo hizo asistir por su médico personal. Pero nada pudo impedir el desenlace fatal. Los más altos jefes militares norteamericanos y su general, presidieron el sepelio de Miralles, quien fue enterrado con todos los honores por el ejército que él había abastecido. Poco tiempo después sus restos fueron trasladados a La Habana para ser inhumados en el Espíritu Santo, donde reposan en la actualidad.

Según el investigador Vicent Ribes, este coterráneo suyo es, después de los Borja, uno de los españoles con mayor proyección exterior en los últimos 400 años, asegurando además que la independencia de los Estados Unidos de América no hubiera sido igual sin su significativa participación. Aunque pudiera parecer que la actuación de Miralles tuvo un marcado interés comercial, Emilio Roig afirma que el desempeño de este hombre estuvo fundamentado realmente en sus simpatías con la causa de la independencia norteamericana. Nada más elocuente que las palabras de Benedict Arnold al decir que Miralles era el hombre cuya ayuda económica y gestiones ante el Capitán General de Cuba y del gobierno de Madrid habían ayudado en gran medida a sostener la moral de los independentistas norteamericanos.

El intercambio epistolar guardado en la Biblioteca de la Universidad de Virginia demuestra el importante rol que jugó Juan de Miralles en Norteamérica y la consideración que gozó entre los líderes de aquella revolución.

No por gusto en el cuartel general norteamericano se empleó su nombre como santo y seña. La lista de donaciones recibidas por el ejército independentista de manos de Juan Miralles y del estado español es interminable. Miles de prendas de vestir, uniformes, mantas, camisas, zapatos. También se les equipó con seis mil sables, dos mil fusiles, pólvora y cargamentos enteros de quinina. Miralles prestó, de su bolsillo, 35 mil pesos a Carolina del Sur, 140 mil dólares al comandante americano de Charleston y 15 mil pesos a la flotilla del corsario americano Alexander Gillon. Estas entregas financieras, realizadas entre 1778 y 1780, constituyen de hecho el inicio de las relaciones comerciales entre ambos países.

Algunos, como Herminio Portell-Vilá, han llegado a afirmar que de haber vivido Miralles cuando Washington llegó a la presidencia, de seguro las relaciones entre Estados Unidos y Cuba hubieran sido distintas, e incluso habría quizás encendido la chispa libertaria en nuestra patria.

Una vez más, ahora con sólidos antecedentes, parado ante la placa que rememora a un hombre de vida intensa, que jugó un papel relevante en la historia, llegando a influir con efectividad en su desarrollo, pienso en este detalle humano donde se entroncan las relaciones de amistad entre la nación norteamericana y la cubana, raíces que se adentran en el mismo seno de la independencia de aquel pueblo. El hecho, junto a la actitud mantenida por un gobernante nacido en suelo cubano y la de cientos de mujeres y hombres que dieron dinero, entusiasmo y vida para ayudar a consolidar la libertad de las Trece Colonias, debe ser retomado en la actualidad por los gobiernos de los respectivos países.

Agradecimiento a los historiadores Pedro Herrera, Leandro S. Romero Estébanez y César García del Pino y al personal de Info Internet en La Habana.

Bibliografía utilizada.

Aporte de Cuba a la Independencia de los Estados Unidos. Por Emilio Roig de Leuchering. Tomado de Revista INRA No 7 julio 1961.
El millonario valenciano que financió a las tropas independentistas norteamericanas. Tomado de un artículo de la Ciutat de Xátiva.
Contribuciones hispanas a la independencia de Estados Unidos. Por Aleida Durán.
Las aventuras de Juan de Miralles por Gustavo Placer Cervera. Tomado de la revista Sol y Son.
Juan de Miralles un "norteamericano" de Preter. Por Emilio Soler.
Los verdaderos amigos de Washington en Cuba. Por René Anillo. Tomado de Granma Internacional.
George Washington, 1732-1799. Los escritos de George Washington tomados de manuscritos originales. Cortesía del Centro de Textos Electrónicos de la Biblioteca de la Universidad de Virginia


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