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HISTORIA
Cuba y Estados Unidos: la influencia de un hombre
en sus relaciones
Miguel Saludes
LA HABANA, abril (www.cubanet.org) - La Habana,
como cualquier gran ciudad, puede traernos sorpresas
a cada momento, no importa el tiempo que llevemos
viviendo en ella. Como una gran enciclopedia,
no cesa de revelar las innumerables historias
que atesora, expuestas a la vista de todos, pero
que en nuestro apresurado andar por sus calles
no apreciamos hasta un día, que puede demorar
años en llegar, o puede que nos pase la
vida sin notarlo.
Todo esto pensaba el pasado diciembre mientras
leía una inscripción en bronce situada
al comienzo de la calle Aguiar en el casco histórico
de la ciudad. El letrero conmemorativo, inaugurado
el 22 de febrero de 1947 por la Sociedad Panamericana,
es un homenaje a Juan de Miralles Trailhon, precursor
de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos,
ferviente colaborador con la lucha por la independencia
de las colonias norteamericanas, quien además
llegara a cultivar la amistad de George Washington.
Dice el cartel que en el terreno ocupado hoy por
la casona sede del Museo de la Música estuvo
la propiedad solariega de este notable habanero.
Muchas conjeturas surgen cuando se lee el texto
de la placa. ¿Cuándo y dónde
nació este personaje, apenas divulgado
por nuestra historia? ¿Cómo llegó
a conocer al padre de la independencia norteamericana
y hasta qué punto fue importante su colaboración
con la independencia de aquella nación?
Su actitud a favor de los independentistas, ¿le
ganó la animadversión de las autoridades
de la Isla, y por ello murió en la nación
norteña sin poder regresar a Cuba? Dar
respuesta a todas estas interrogantes es una tarea
difícil para quien no posea la categoría
de investigador. No obstante, siempre existen
personas dispuestas a ayudar y sitios que prestan
ese servicio. Gracias a ellos pude recopilar una
gran cantidad de datos sobre un hombre que merece
toda la atención por parte de nuestra generación
y que realmente no es una figura desconocida en
el mundo de hoy.
Juan de Miralles nació en Petrer, España,
el 23 de julio de 1713 y fue bautizado en la iglesia
parroquial de San Bartolomé, perteneciente
a ese pequeño pueblo valenciano. En 1740
Miralles llega a La Habana con 27 años
y la suficiente fortuna como para pedir la mano
de María Josefa Eligio de la Puente y González-Cabello,
miembro de una de las más acaudaladas familias
habaneras de la época, con fortuna asentada
en la Isla y en la Florida. Hacía esta
última se dirigió tempranamente
la actividad comercial de Miralles, negociando
con los principales puertos de las colonias inglesas
en Norteamérica.
En 1761 La Habana fue azotada por una epidemia
de fiebre amarilla, que causó numerosas
víctimas entre la población, las
tropas y tripulaciones y las dotaciones de esclavos.
Debido a la escasez de fuerza de trabajo, las
obras de fortificación se vieron prácticamente
paralizadas, por lo cual el Gobernador Prado decidió
comisionar al acaudalado comerciante habanero
Juan de Miralles, muy reputado por su habilidad
como negociante y de plena confianza de las autoridades
españolas, para gestionar la compra de
esclavos en Jamaica.
A tal efecto se le concedieron pasaportes, y
Miralles partió de La Habana en abril de
ese año. Su gestión le llevó
a Londres donde su habilidad para hacer relaciones
le permitió contactar con autoridades británicas
y obtener información acerca de los planes
secretos de preparación de una fuerte expedición
contra La Habana, de lo cual dio cuenta al embajador
español en la capital inglesa y trató
además de comunicar los planes británicos
al Gobernador de Cuba. Sólo dos de los
avisos llegaron a su destinatario, uno de ellos
un día antes de la llegada de los atacantes
y otro poco después, cuando ya había
comenzado el sitio.
En el trayecto hacia La Habana el traficante
habanero fue apresado por una fragata británica.
Valiéndose de su astucia y habilidad, logró
ganar la confianza de sus captores, incluso la
del propio jefe de las fuerzas británicas,
conde de Albemarle, con quien acordó obtener
información de inteligencia acerca de la
plaza sitiada. Con esta argucia, Miralles logró
que los británicos lo dejaran desembarcar
en las inmediaciones de La Habana y le permitieran
el acceso a la ciudad. Inmediatamente se presentó
al Gobernador, a quien informó cómo
había engañado al jefe británico
y le dio datos acerca de las fuerzas sitiadoras.
Siguiendo sus planes y para no levantar sospechas
se le puso bajo custodia, a bordo de uno de los
navíos españoles que se encontraban
en bahía, manteniéndose así
hasta el día de la capitulación.
Una vez comenzado el movimiento rebelde en las
Trece Colonias inglesas, no es extraño
que la corona española diera luz verde
a sus representantes en el continente para que
colaborasen con los rebeldes y así desalojar
al peligroso rival imperial de sus posesiones.
Obedeciendo a una Real Orden secreta de agosto
de 1777, el Capitán General de Cuba, Diego
Navarro, nombró agentes confidenciales
para entablar negociaciones con los rebeldes norteamericanos:
a José Eligio de la Puente, cuya actuación
fue muy breve, y a Juan de Miralles.
La misión encomendada a este último
era muy importante, y él la cumplió
con excepcional brillantez. Su primera propuesta
fue que España atenuase o suprimiese algunas
de las severísimas medidas restrictivas
que entonces existían en cuanto al comercio,
con beneficio especial para las colonias en lucha.
Miralles, además, logró que fuesen
reparados en el Arsenal de La Habana los buques
de una escuadra norteamericana que se dirigía
a Francia.
Entre tanto, se había presentado como
enviado oficial a George Washington. Sus vínculos
con el libertador norteamericano habían
comenzado tempranamente al coincidir con la visita
navideña de éste a la ciudad de
Filadelfia. En esa Navidad de 1778, Juan de Miralles
presenta a Washington la carta de recomendación
del teniente general Diego Navarro, siendo atendido
con la más alta consideración y
cortesía. La buena impresión que
produjo y las perspectivas de ayuda, explicadas
de manera elocuente, impactaron al general norteamericano
despertando su interés por el encuentro.
En vísperas del Año Nuevo, Miralles
organizó un banquete en honor de Washington
y su esposa Martha, al que asistieron más
de setenta comensales, entre los que se encontraban
los más destacados oficiales cercanos al
héroe norteamericano. La prensa en Filadelfia
se hizo eco del homenaje del agente cubano como
uno de los acontecimientos más importantes
de ese fin de año.
En abril de 1780, Miralles enfermó de
pulmonía mientras viajaba a Morristown.
En aquel sitio fue alojado en la mansión
del propio Washington, quien lo hizo asistir por
su médico personal. Pero nada pudo impedir
el desenlace fatal. Los más altos jefes
militares norteamericanos y su general, presidieron
el sepelio de Miralles, quien fue enterrado con
todos los honores por el ejército que él
había abastecido. Poco tiempo después
sus restos fueron trasladados a La Habana para
ser inhumados en el Espíritu Santo, donde
reposan en la actualidad.
Según el investigador Vicent Ribes, este
coterráneo suyo es, después de los
Borja, uno de los españoles con mayor proyección
exterior en los últimos 400 años,
asegurando además que la independencia
de los Estados Unidos de América no hubiera
sido igual sin su significativa participación.
Aunque pudiera parecer que la actuación
de Miralles tuvo un marcado interés comercial,
Emilio Roig afirma que el desempeño de
este hombre estuvo fundamentado realmente en sus
simpatías con la causa de la independencia
norteamericana. Nada más elocuente que
las palabras de Benedict Arnold al decir que Miralles
era el hombre cuya ayuda económica y gestiones
ante el Capitán General de Cuba y del gobierno
de Madrid habían ayudado en gran medida
a sostener la moral de los independentistas norteamericanos.
El intercambio epistolar guardado en la Biblioteca
de la Universidad de Virginia demuestra el importante
rol que jugó Juan de Miralles en Norteamérica
y la consideración que gozó entre
los líderes de aquella revolución.
No por gusto en el cuartel general norteamericano
se empleó su nombre como santo y seña.
La lista de donaciones recibidas por el ejército
independentista de manos de Juan Miralles y del
estado español es interminable. Miles de
prendas de vestir, uniformes, mantas, camisas,
zapatos. También se les equipó con
seis mil sables, dos mil fusiles, pólvora
y cargamentos enteros de quinina. Miralles prestó,
de su bolsillo, 35 mil pesos a Carolina del Sur,
140 mil dólares al comandante americano
de Charleston y 15 mil pesos a la flotilla del
corsario americano Alexander Gillon. Estas entregas
financieras, realizadas entre 1778 y 1780, constituyen
de hecho el inicio de las relaciones comerciales
entre ambos países.
Algunos, como Herminio Portell-Vilá, han
llegado a afirmar que de haber vivido Miralles
cuando Washington llegó a la presidencia,
de seguro las relaciones entre Estados Unidos
y Cuba hubieran sido distintas, e incluso habría
quizás encendido la chispa libertaria en
nuestra patria.
Una vez más, ahora con sólidos
antecedentes, parado ante la placa que rememora
a un hombre de vida intensa, que jugó un
papel relevante en la historia, llegando a influir
con efectividad en su desarrollo, pienso en este
detalle humano donde se entroncan las relaciones
de amistad entre la nación norteamericana
y la cubana, raíces que se adentran en
el mismo seno de la independencia de aquel pueblo.
El hecho, junto a la actitud mantenida por un
gobernante nacido en suelo cubano y la de cientos
de mujeres y hombres que dieron dinero, entusiasmo
y vida para ayudar a consolidar la libertad de
las Trece Colonias, debe ser retomado en la actualidad
por los gobiernos de los respectivos países.
Agradecimiento a los historiadores
Pedro Herrera, Leandro S. Romero Estébanez
y César García del Pino y al personal
de Info Internet en La Habana.
Bibliografía utilizada.
Aporte de Cuba a la Independencia
de los Estados Unidos. Por Emilio Roig de Leuchering.
Tomado de Revista INRA No 7 julio 1961.
El millonario valenciano que financió a
las tropas independentistas norteamericanas. Tomado
de un artículo de la Ciutat de Xátiva.
Contribuciones hispanas a la independencia de
Estados Unidos. Por Aleida Durán.
Las aventuras de Juan de Miralles por Gustavo
Placer Cervera. Tomado de la revista Sol y Son.
Juan de Miralles un "norteamericano"
de Preter. Por Emilio Soler.
Los verdaderos amigos de Washington en Cuba. Por
René Anillo. Tomado de Granma Internacional.
George Washington, 1732-1799. Los escritos de
George Washington tomados de manuscritos originales.
Cortesía del Centro de Textos Electrónicos
de la Biblioteca de la Universidad de Virginia
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