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POLITICA
De nuevo Ginebra
Oscar Mario Gonzáles, Grupo Decoro
LA HABANA, abril (www.cubanet.org) - El actual
sexagésimo primer período de sesiones
de la Comisión de Derechos Humanos de la
ONU será escenario de otra gran batalla
de la diplomacia cubana por librar a su gobierno
de un señalamiento como violador de los
derechos del pueblo cubano.
Desde el año 1992 en que el régimen
cubano fue señalado por primera vez como
violador de los derechos humanos, hasta la fecha,
se han sucedido trece reuniones anuales. En todas
ellas el régimen castrista ha pugnado tenazmente
por quitarse de encima el estigma de trasgresor
de los derechos de su pueblo.
Los esfuerzos han sido infructuosos, aunque no
del todo. Justo es reconocer que el margen a favor
de la condena siempre ha sido muy pequeño.
De uno a dos votos generalmente.
Por otra parte, el texto de las resoluciones
ha sido muy condescendiente, suave y persuasivo.
En términos reales, el gobierno de la isla
nunca ha resultado verdaderamente sancionado en
el seno de la Comisión. A lo sumo se le
ha propinado una palmadita lisonjera en la mejilla,
y nada más.
Por supuesto, cuando el cubano común y
corriente, que sufre diariamente la violación
de sus más elementales derechos de manera
legal y a través de las instituciones estatales
y del gobierno observa semejantes incongruencias,
elabora un concepto muy negativo de la Comisión.
De su credibilidad y razón de ser. No alcanza
a comprender que algo tan evidente como la violación
de los derechos humanos en Cuba escape a la censura
de una comisión especializada del máximo
organismo mundial.
Y es que el cónclave ginebrino, concebido
para promover los derechos universales del hombre
y para velar por su cumplimiento, está
contaminado con la presencia de algunos de los
regímenes más detestables y represivos
del mundo.
Tal es el caso de algunos países africanos,
asiáticos y del Medio Oriente, cuyos gobiernos
tiranizan y sojuzgan a sus pueblos según
les venga en ganas, sin otro freno que el que
les dicta el instinto criminal. Algunas de estas
tiranías, como la que actualmente gobierna
en Sudán o la que gobernaba en Irak, han
cometido verdaderos genocidios con sus respectivos
pueblos.
Así pues, en el seno de la Comisión
se establece una verdadera alianza entre estos
representantes de la opresión y el vasallaje
con la finalidad de autoprotegerse las espaldas,
evitando cualquier posible condena. Es como si
toda esta crápula política formara
una invisible secta dentro de la Comisión.
Sólo así se explica que en la anterior
sesión la Libia de Moammar El Kadhafi haya
ocupado la presidencia del evento, y que en el
actual periodo Cuba forme parte, representando
al continente latinoamericano, del grupo dedicado
a la aprobación de los informes sobre violaciones.
Más aún, los Comités de Defensa
de la Revolución, la Federación
de Mujeres Cubanas de Vilma Espín, y la
Central de Trabajadores de Cuba, liderada por
Pedro Ross, están inscritos en la Comisión
de Derechos Humanos como organizaciones no gubernamentales,
mientras que el Movimiento Cristiano Liberación,
de Oswaldo Payá, y la Comisión de
Derechos Humanos y Reconciliación Nacional,
de Elizardo Sánchez, por citar dos ejemplos,
no lo están.
Semejante realidad ha propiciado la ausencia
de una clara y justa condena hacia los más
que evidentes atropellos del régimen cubano
en materia de derechos civiles. Ha hecho posible
que el gobierno de la isla presente el asunto
como parte del diferendo entre ese país
y los Estados Unidos de Norteamérica.
Pero el asunto, en esencia, tiene como únicos
protagonistas al régimen cubano y al pueblo
de la Isla. Son los derechos conculcados del ciudadano
de la mayor de las Antillas y el poder político
que rige en el archipiélago los únicos
dueños de la palabra en el asunto.
El hecho de que Cuba pudiera salir ilesa en la
actual reunión de la CDH no cambiaría
para nada la realidad del pésimo estado
de los derechos humanos en la Isla. La realidad
de una justa y severa condena al régimen
imperante sólo ha de llenarnos de dolor,
porque todos los esfuerzos de sus hijos van dirigidos
a una patria libre, donde nunca y bajo ningún
concepto se violen los derechos de ninguno de
los que pueblan este pedazo de tierra. Donde jamás
el gobierno de esta patria generosa sea señalado
por violar los derechos del más humilde
de sus hijos.
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