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SOCIEDAD
Muchas gracias, amigos merolicos
Tania Díaz Castro
LA HABANA, abril (www.cubanet.org) - No puedo
precisar cuándo le pusieron el apodo de
"merolicos" a los trabajadores independientes.
Y si fue Fidel Castro o algún otro dirigente
de la nomenclatura castrista el de la idea.
Pero lo cierto es que se trata de un calificativo
despectivo. Porque siempre, a lo largo de más
de cuatro décadas de fidelismo, los trabajadores
independientes han resultado indeseables para
el ineficaz estado. Molestos competidores que
siempre han sido tan beneficiosos. ¡Cuánto
debemos agradecerles!
La otra noche, mientras Fidel Castro hablaba
por segunda vez de las ollas arroceras, de las
ollas de presión y de las cocinitas eléctricas
que se venderán en un plazo de tiempo que
aún se ignora, y por si el pueblo no lo
entendió, volvió a arremeter contra
los "merolicos" o trabajadores por cuenta
propia por haber fabricado juntas de olla de presión
durante décadas para beneficio de todos,
ya que al estado no se le ocurrió hacerlo.
Es por eso que doy las gracias a los trabajadores
independientes cubanos, que durante tantos años
sufrieron persecución policial, multas
excesivas, decomisos, negación de licencias
y cuanta cosa se hizo en su contra. ¿Cómo
hubiéramos podido vivir sin ellos?
Lo de las juntas es algo insignificante. Los
productos que han fabricado nuestros queridos
merolicos durante el castrismo son tantos que
sería imposible enumerarlos. Utensilios
de cocina, piezas de repuesto para efectos electrodomésticos,
útiles del hogar. ¿Quién
olvida, por ejemplo, aquella ropa y aquellos zapatos
de la Plaza de la Catedral durante los años
ochenta, de excelente calidad y a precios módicos,
algo que jamás pudo lograr el Estado con
todo un ministerio e instalaciones fabriles en
toda Cuba?
Tanto molestó al régimen estos
excelentes productos que decenas de estos trabajadores
independientes fueron a prisión o huyeron
al extranjero. El gobierno llamó "Plan
pitirre" a la operación policial que
disolvió dicho comercio público,
que después de tantos años los cubanos
recuerdan con nostalgia.
Recuerdo bien toda la historia. Por ejemplo,
los casos de Lily Winter y su esposo Menes, costureros,
y el de Pelegrí, artesano. En el juicio
de este último, y en su ausencia, también
estaba acusado el músico cubano Chucho
Valdés, a quien el tribunal pedía
tres años de prisión por haber vendido
su auto particular a Pelegrí. Tanto Pelegrí
como Lily y su esposo huyeron hacia Venezuela
en aquellos momentos.
Unas sandalias de cuero compradas en la Plaza
las estuve usando durante largos años.
Una blusa de algodón hecha por Lily aún
la guardo. Es por eso que quiero demostrarles
mi agradecimiento, porque sin merolicos no sé
qué hubiera sido de nosotros, los cubanos
de la Isla, condenados a carecer de todo lo necesario
para vivir, gracias al criterio de un gobernante
a quien seguramente no le falta nada.
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