PRENSA INDEPENDIENTE
Abril 5 , 2005
 

SOCIEDAD
Muchas gracias, amigos merolicos

Tania Díaz Castro

LA HABANA, abril (www.cubanet.org) - No puedo precisar cuándo le pusieron el apodo de "merolicos" a los trabajadores independientes. Y si fue Fidel Castro o algún otro dirigente de la nomenclatura castrista el de la idea.

Pero lo cierto es que se trata de un calificativo despectivo. Porque siempre, a lo largo de más de cuatro décadas de fidelismo, los trabajadores independientes han resultado indeseables para el ineficaz estado. Molestos competidores que siempre han sido tan beneficiosos. ¡Cuánto debemos agradecerles!

La otra noche, mientras Fidel Castro hablaba por segunda vez de las ollas arroceras, de las ollas de presión y de las cocinitas eléctricas que se venderán en un plazo de tiempo que aún se ignora, y por si el pueblo no lo entendió, volvió a arremeter contra los "merolicos" o trabajadores por cuenta propia por haber fabricado juntas de olla de presión durante décadas para beneficio de todos, ya que al estado no se le ocurrió hacerlo.

Es por eso que doy las gracias a los trabajadores independientes cubanos, que durante tantos años sufrieron persecución policial, multas excesivas, decomisos, negación de licencias y cuanta cosa se hizo en su contra. ¿Cómo hubiéramos podido vivir sin ellos?

Lo de las juntas es algo insignificante. Los productos que han fabricado nuestros queridos merolicos durante el castrismo son tantos que sería imposible enumerarlos. Utensilios de cocina, piezas de repuesto para efectos electrodomésticos, útiles del hogar. ¿Quién olvida, por ejemplo, aquella ropa y aquellos zapatos de la Plaza de la Catedral durante los años ochenta, de excelente calidad y a precios módicos, algo que jamás pudo lograr el Estado con todo un ministerio e instalaciones fabriles en toda Cuba?

Tanto molestó al régimen estos excelentes productos que decenas de estos trabajadores independientes fueron a prisión o huyeron al extranjero. El gobierno llamó "Plan pitirre" a la operación policial que disolvió dicho comercio público, que después de tantos años los cubanos recuerdan con nostalgia.

Recuerdo bien toda la historia. Por ejemplo, los casos de Lily Winter y su esposo Menes, costureros, y el de Pelegrí, artesano. En el juicio de este último, y en su ausencia, también estaba acusado el músico cubano Chucho Valdés, a quien el tribunal pedía tres años de prisión por haber vendido su auto particular a Pelegrí. Tanto Pelegrí como Lily y su esposo huyeron hacia Venezuela en aquellos momentos.

Unas sandalias de cuero compradas en la Plaza las estuve usando durante largos años. Una blusa de algodón hecha por Lily aún la guardo. Es por eso que quiero demostrarles mi agradecimiento, porque sin merolicos no sé qué hubiera sido de nosotros, los cubanos de la Isla, condenados a carecer de todo lo necesario para vivir, gracias al criterio de un gobernante a quien seguramente no le falta nada.

 


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