PRENSA INDEPENDIENTE
Abril 5 , 2005
 

SOCIEDAD
Bienes sin raíces

Ariel Delgado Covarrubias

LA HABANA, abril (www.cubanet.org) - En el emblemático Malecón habanero un nuevo rascacielos en construcción de moderna arquitectura se levanta majestuoso como para adornar la ya hermosa fisonomía de esa parte privilegiada de la ciudad. Es el edificio Atlantic, de la empresa mixta cubano-italiana Azul Inmobiliaria, formada entre la nacional Cimex y B and D Internacional, en operaciones desde 1999.

A primera vista se aprecia que está dirigida a clientes extranjeros, y en especial a los del sector empresarial. Cuenta con dos bloques, uno dedicado a oficinas y otro a viviendas. El bloque de oficinas, de cinco niveles, tendrá 1000 metros cuadrados para su uso, mientras la torre aledaña contará con 96 apartamentos. Todo con un sistema para estacionamiento de vehículos que la hará más funcional que otras similares existentes.

En 1994, en medio de la tímida apertura económica gubernamental, se creó la sociedad mixta inmobiliaria Áurea, entre el grupo financiero español Argentaria y la cubana Habaguanex, con el objetivo de acometer la rehabilitación de la vieja y deteriorada Lonja del Comercio de La Habana, ubicada en el casco histórico, para dedicarla al arrendamiento de oficinas a las empresas extranjeras que arribaban al país.

A partir de ahí el negocio inmobiliario conoció un auge sin precedentes en las cuatro últimas décadas. Surgieron diversas empresas asociadas a entidades cubanas, pero con la orientación de hacer nuevas edificaciones y el proyecto de vender locales, incluidos apartamentos, a los extranjeros que venían a negociar al país.

A finales de 1998 ya existían 11 sociedades inmobiliarias constituidas con capital extranjero y menos de un año después ascendían a 19, de ellas dos para arrendamiento de oficinas y las 17 restantes a viviendas o apartamentos en venta. Pero ya en ese momento las actividades comenzaron a complicarse al no existir una legislación adecuada a las peculiaridades del sistema político en la isla que permitiera y limitara los derechos y deberes de los que adquirían esos locales.

Una gran ventaja de ese negocio es la rapidez en la recuperación del capital invertido, ya que el cliente compra su apartamento en la etapa constructiva y va abonando su costo como garantía de su posesión, sin necesidad de esperar largos plazos para la amortización del capital invertido.

No obstante, un estudio realizado detectó que de los 500 inmuebles vendidos mediante el negocio de la preventa, menos del 10 % eran de personas realmente vinculadas a Cuba como empresarios y especialistas. La alarma cundió cuando se supuso que el capital de cubano-americanos radicados en Miami estuviera en función de estas adquisiciones.

Eso, unido a los problemas que engendraba la situación legal de los extranjeros no residentes en el país y que poseían este tipo de propiedad, llevó a que en 2001 ese negocio sufriera un golpe mortal al prohibirse la venta de los locales, y las empresas cubanas vinculadas a los proyectos debían comprar a la parte extranjera la totalidad de los inmuebles para dedicarlos al arrendamiento, con lo que desaparece el atractivo inicial de una rápida recuperación del dinero invertido.

Pero el negocio continúa, aunque a un nivel bajo, con las nuevas limitaciones impuestas por el régimen. Así en la zona de Miramar conocida como Monte Barreto se levanta el Centro de Negocios Miramar o Miramar Trade Center, considerado el más alto exponente actual de este tipo de negocios en Cuba.

Concebido como un espacio integrado por 18 edificios con una superficie total para alquilar de 18 mil metros cuadrados, es obra de la Inmobiliaria Lares, creada por Cubalse junto a la firma BM de Israel, y el proyectista principal del complejo es la canadiense ZP Internacional Inc.

Ese complejo dispondrá de 70 mil metros cuadrados de parqueo techado con capacidad para más de dos mil automóviles, uno de los problemas que enfrentan edificaciones similares en zonas como la Habana Vieja, donde no hay espacio para el estacionamiento.

En la actualidad muchos se preguntan si con la actual política de rescindir las licencias a numerosas empresas extranjeras en el país y la centralización actual de la economía será procedente la continuación de esas construcciones, dado que la prioridad de los negocios de toda índole se centrará sobre empresas chinas y venezolanas, según declaraciones de Fidel Castro. Pero todo parece indicar que sí, ya que los trabajos de construcción no se han detenido.

El negocio de bienes raíces no es adecuado para el sistema centralizado de economía castrista. Pero en Cuba tiene grandes perspectivas para un futuro no muy lejano, cuando los cambios políticos y de verdadera liberalización económica lleguen al país, como indefectiblemente ocurrirá.


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