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SOCIEDAD
Bienes sin raíces
Ariel Delgado Covarrubias
LA HABANA, abril (www.cubanet.org) - En el emblemático
Malecón habanero un nuevo rascacielos en
construcción de moderna arquitectura se
levanta majestuoso como para adornar la ya hermosa
fisonomía de esa parte privilegiada de
la ciudad. Es el edificio Atlantic, de la empresa
mixta cubano-italiana Azul Inmobiliaria, formada
entre la nacional Cimex y B and D Internacional,
en operaciones desde 1999.
A primera vista se aprecia que está dirigida
a clientes extranjeros, y en especial a los del
sector empresarial. Cuenta con dos bloques, uno
dedicado a oficinas y otro a viviendas. El bloque
de oficinas, de cinco niveles, tendrá 1000
metros cuadrados para su uso, mientras la torre
aledaña contará con 96 apartamentos.
Todo con un sistema para estacionamiento de vehículos
que la hará más funcional que otras
similares existentes.
En 1994, en medio de la tímida apertura
económica gubernamental, se creó
la sociedad mixta inmobiliaria Áurea, entre
el grupo financiero español Argentaria
y la cubana Habaguanex, con el objetivo de acometer
la rehabilitación de la vieja y deteriorada
Lonja del Comercio de La Habana, ubicada en el
casco histórico, para dedicarla al arrendamiento
de oficinas a las empresas extranjeras que arribaban
al país.
A partir de ahí el negocio inmobiliario
conoció un auge sin precedentes en las
cuatro últimas décadas. Surgieron
diversas empresas asociadas a entidades cubanas,
pero con la orientación de hacer nuevas
edificaciones y el proyecto de vender locales,
incluidos apartamentos, a los extranjeros que
venían a negociar al país.
A finales de 1998 ya existían 11 sociedades
inmobiliarias constituidas con capital extranjero
y menos de un año después ascendían
a 19, de ellas dos para arrendamiento de oficinas
y las 17 restantes a viviendas o apartamentos
en venta. Pero ya en ese momento las actividades
comenzaron a complicarse al no existir una legislación
adecuada a las peculiaridades del sistema político
en la isla que permitiera y limitara los derechos
y deberes de los que adquirían esos locales.
Una gran ventaja de ese negocio es la rapidez
en la recuperación del capital invertido,
ya que el cliente compra su apartamento en la
etapa constructiva y va abonando su costo como
garantía de su posesión, sin necesidad
de esperar largos plazos para la amortización
del capital invertido.
No obstante, un estudio realizado detectó
que de los 500 inmuebles vendidos mediante el
negocio de la preventa, menos del 10 % eran de
personas realmente vinculadas a Cuba como empresarios
y especialistas. La alarma cundió cuando
se supuso que el capital de cubano-americanos
radicados en Miami estuviera en función
de estas adquisiciones.
Eso, unido a los problemas que engendraba la
situación legal de los extranjeros no residentes
en el país y que poseían este tipo
de propiedad, llevó a que en 2001 ese negocio
sufriera un golpe mortal al prohibirse la venta
de los locales, y las empresas cubanas vinculadas
a los proyectos debían comprar a la parte
extranjera la totalidad de los inmuebles para
dedicarlos al arrendamiento, con lo que desaparece
el atractivo inicial de una rápida recuperación
del dinero invertido.
Pero el negocio continúa, aunque a un
nivel bajo, con las nuevas limitaciones impuestas
por el régimen. Así en la zona de
Miramar conocida como Monte Barreto se levanta
el Centro de Negocios Miramar o Miramar Trade
Center, considerado el más alto exponente
actual de este tipo de negocios en Cuba.
Concebido como un espacio integrado por 18 edificios
con una superficie total para alquilar de 18 mil
metros cuadrados, es obra de la Inmobiliaria Lares,
creada por Cubalse junto a la firma BM de Israel,
y el proyectista principal del complejo es la
canadiense ZP Internacional Inc.
Ese complejo dispondrá de 70 mil metros
cuadrados de parqueo techado con capacidad para
más de dos mil automóviles, uno
de los problemas que enfrentan edificaciones similares
en zonas como la Habana Vieja, donde no hay espacio
para el estacionamiento.
En la actualidad muchos se preguntan si con la
actual política de rescindir las licencias
a numerosas empresas extranjeras en el país
y la centralización actual de la economía
será procedente la continuación
de esas construcciones, dado que la prioridad
de los negocios de toda índole se centrará
sobre empresas chinas y venezolanas, según
declaraciones de Fidel Castro. Pero todo parece
indicar que sí, ya que los trabajos de
construcción no se han detenido.
El negocio de bienes raíces no es adecuado
para el sistema centralizado de economía
castrista. Pero en Cuba tiene grandes perspectivas
para un futuro no muy lejano, cuando los cambios
políticos y de verdadera liberalización
económica lleguen al país, como
indefectiblemente ocurrirá.
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