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El origen y actos de
repudio del Mariel
La gran mentira alrededor
de la crisis
Alina Fernández Revuelta,
Univision
Radio. 4 de abril de 2005.
MIAMI, Florida - Para los que vivíamos
en Cuba en aquella época, el Mariel, antes
de llamarse Mariel, se llamó Embajada del
Perú. Los pogromos de que algo estaba por
ocurrir, fueron unas noticias enfáticas
en la televisión nacional: Unos bandidos
habían atacado la Embajada del Perú
con el fin de "traicionar a la Revolución"
y cuando perpetraban el hecho asesinaron a uno
de los "heroicos escoltas que guardaban la
sede diplomática".
El tono épico en Cuba
Toda noticia que se da en Cuba tiene siempre
un tono épico. Cuando algo así tiene
lugar, en todo caso, los de a pie esperamos alguna
consecuencia: Porque además del tono épico,
en Cuba, ninguna tragedia antecede a una buena
noticia.
Los que se ocupan de la manipulación popular
tienen una ley: Algo negativo antecede a otro
mal mayor.
Supongo, con esta mirada que dan la larga distancia
y la retrospección, que tal vez estos pensadores
hayan visto desde entonces una manera de abrir
la válvula de una caldera que siempre parece
a punto de estallar.
No olvidemos la máxima preferida del Comandante
en Jefe de la isla, que es convertir el revés
en victoria.
Alentados en la estampida
Si el revés no se dejaba desde tan temprano,
no pasaron muchos días entre esta primera
noticia y la siguiente: "grupos de traidores,
desafectos y delincuentes estaban penetrando en
los terrenos de la Embajada del Perú, en
la 5ta avenida de la Habana..."
Ya nos es ninguna incógnita el por qué
los medios de comunicación fueron tan explícitos
con la noticia. De hecho, los cubanos fueron alentados
a formar parte de esa estampida.
Y los que contemplamos aquello como una enorme
vergüenza para la susodicha revolución,
como una derrota mediática y política
en el ámbito mundial nos equivocábamos
si alguna vez pensamos que la leyenda iba a quedar
arruinada por tan poco: Decenas de miles de personas
tratando de acceder a aquel jardín, como
fuese, de la manera que fuese.
Hasta aquí llegó la guagua
Las anécdotas son memorables y van desde
los choferes que paraban la guagua y decían:
"Hasta aquí llegó el viaje,
compañeros", hasta algunos vecinos
de la embajada que vieron el jardín de
sus casas y sus cercas convertidas en campos de
obstáculos por aquella multitud desesperada.
Las cercanías de la embajada se llenaron
de carros abandonados por sus dueños. Enseguida
floreció el mercado negro entre los listos.
A los habitantes boquiabiertos, nos mostraban
imágenes de especies de forajidos encaramados
en los pocos árboles del jardín
diplomático.
El supuesto escolta
Mientras tanto, el gobierno peruano había
decidido, en un acto de valentía que no
se ha atrevido a seguir ninguna otra cancillería
latinoamericana, respetar su convenio de asilo
y respetar la vida y la voluntad de los asilados.
Tras el giro que dieron los acontecimientos,
algunos malpensados nos preguntamos si de verdad
habrá muerto algún heroico escolta
en aquella reyerta o si se trata de alguna víctima
propiciatoria para poder desatar esta batalla
de Troya diplomática.
Para los que estábamos allá, divididos
entre el deseo de imitar a aquellos miles, y la
cobardía o las indecisiones humanas, esto
fue lo que sucedió: Inmediatamente, para
variar, se organizó una marcha. Esta vez
se llamó la "Marcha del Pueblo Combatiente".
La caminata se inició ante la oficina
de intereses estadounidense. Entre una doble fila
de soldados vestidos de milicianos, la gente,
bajo un sol de misericordia, tuvo que andar unos
cuantos kilómetros hasta pasar, gritando
insultos, frente a aquella gente que miraba, demacrada,
apiñada a una cerca.
Se institucionalizaron los llamados Actos de
Repudio. Tras la fachada de "respuesta popular",
el vandalismo y las bajas pasiones se dieron rienda
suelta, organizadas por el régimen.
Una familia sin luz ni agua
La Habana cambió de rostro y a menudo,
desde una guagua, podían verse imágenes
dantescas, como la de una multitud persiguiendo,
golpeando y apedreando, en las avenidas, a un
grupito de gente depauperada por el miedo.
Algunos actos de repudio llegaron a convertirse
en diversión obligada. Como el que tuvo
lugar frente al edificio donde vivía Carlos
Berenguer, en pleno Nuevo Vedado.
A la familia le cortaron la luz, el agua, la
posibilidad de salir a buscar alimentos... Carteles
con lo más abyecto del vocabulario nacional
adornaban la fachada. El espectáculo se
convirtió en algo habitual.
Actos de repudio populares
Se abrieron las cárceles
Como había obligación de pedir
públicamente la baja en los trabajos y
estudios, en cada centro se organizaba una de
estas escenas de la vergüenza nacional.
Las cárceles se abrieron para los que
quisieran dejar el país. Todos, sin distinción
alguna, a partir de entonces se llamaron "escoria".
Poco a poco, fueron abandonando la isla.
Marielitos, fuerza impulsora
Los que quedamos allá, más desmoralizados
que nunca, apenas pudimos decirles adiós.
Aquella "escoria" es hoy en día,
más que menos, una de las fuerzas impulsoras
de esta ciudad.
Para ellos, todo cambió. Para los cubanos
que viven todavía en ese gueto que es nuestra
isla, el tiempo permanece casi inmóvil:
El 20 de abril de este año las Damas de
Blanco, las esposas dignísimas de nuestros
presos políticos, fueron asediadas, acosadas,
insultadas, de la misma manera en que los fueron
ustedes, marielitos queridos.
Les deseo una larga memoria en un corazón
sin tacha.
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