PRENSA INDEPENDIENTE
Abril 1, 2005
 

SOCIEDAD
Las maravillas del chocolate

Oscar Mario González, Grupo Decoro

LA HABANA, abril (www.cubanet.org) - De niño, luego de muchacho, y ahora que me voy poniendo viejo, he tenido predilección por el chocolate. En general, casi todos los cubanos gustan de este alimento.

Cuando pequeño, allá por la década de 1950, se vendía el producto en toda la red gastronómica del país, así como en las bodegas, incluyendo a las de los bateyes más apartados y humildes. Bombones, galleticas bañadas de chocolate o africanas, tabletas (peters), caramelos y otros muchos más, eran golosinas que deleitaban a niños, jóvenes y viejos.

Si de mí hubiera dependido, habría renunciado a la comida para vivir del "chocolateo". Pero mi padre era demasiado pobre para comprar la cantidad de confituras que mi infantil afición demandaba. Ello fue una circunstancia beneficiosa para mi salud y bienestar, porque como bien decían mis abuelos, hay que comer caliente y no vivir pendiente de las chucherías y golosinas.

La identificación del chocolate con el atractivo femenino a través del bombón puede ser reflejo de la gran estima que sentía nuestro pueblo por este derivado del cacao. Así pues, de la mujer hermosa y atractiva, de ésa que subyuga al pasar y amenaza con provocar accidentes de tránsito, se decía que era un "bombón". Si se quería darle un tono más romántico y espiritual, se apelaba al diminutivo afirmando que era un "bomboncito".

Cuando el primero de enero de 1959 los barbudos hablaban de un futuro promisorio con abundancia de comida, libertad y democracia, estábamos muy lejos de imaginar una miseria generalizada y un "no te muevas" y "estate quieto". Muchísimo menos de pensar que desaparecería el chocolate de la despensa y el "rompequijá" de los bolsillos de los muchachos. Pero sucedió, y no quiero entristecer la crónica hablando de causas y razones que todo el mundo conoce bien.

Lo cierto es que a los cuatro o cinco años de iniciado el poder revolucionario el chocolate era ya una cosa rara, un artículo de lujo.

Durante muchos años estuvo confinado a ciertos centros recreativos inaugurados por el gobierno, y a otros que engranaban con el interés socio político cultural, tales como el Parque Lenin, el Zoológico Nacional, el Acuario y el Circo Nacional, entre otros. Generalmente se le asignaba una cuota a cada concurrente.

No fue hasta la década de 1980 que en el mercado Centro, y en los comercios paralelos de entonces, se empezaron a vender algunas confituras de chocolate, lo cual quedó interrumpido bruscamente con motivo del llamado período especial.

Fue así como a mediados de la década de 1990 reaparecieron en las tiendas dolarizadas, para deleite de algunos y añoranza de muchos cuyo acceso al dólar era limitado o inexistente.

Por eso, cuando el Comandante anunciaba en la noche de 8 de marzo, ante cientos de federadas que cada cubano sería beneficiado con la venta del producto a través de las libretas de racionamiento, en muchos cubanos emergieron los viejos recuerdos.

Porque según las promesas del régimen, en las que pocos creen de corazón, el presente año pasará a la historia revolucionaria como el "año del chocolatazo", donde la nación, a modo de gigantesca chocolatería, tocará a las puertas de cada ciudadano. Pero ya no será aquel derivado del cacao pesado y dañoso, de cuyos excesos nos prevenían los mayores, y de cuyas dolencias daban cuenta curanderos y doctores.

Este novedoso "chocolate revolucionario", según propagandizó el Comandante, es una verdadera joya nutricional; una verdadera revelación de la dietética universal. Y como basta que de algo hable el Comandante para que de inmediato la sitiería se llene de papagayos y cotorrones, ya aparecen doctores, licenciados, técnicos y especialistas de nutrición que hablan de las bondades del alimento, como si estuviera dotado de una condición divina. Como aquel "maná" que alimentó a los israelíes al paso por el desierto, y que ahora, en forma de maravillosas tabletas, o quizás en polvo, nos hará atravesar, exitosos, las sendas del período especial.


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