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CULTURA
Identidades perdidas
Miguel Saludes
LA HABANA, abril (www.cubanet.org) - En el mes
de marzo fueron entregados los premios Lo Nuestro
en la ciudad de Miami, galardón con el
que se destaca el trabajo y la popularidad de
los artistas latinos en esa parte del continente
que integralmente pertenece a Nuestra América.
En meses anteriores varios artistas hispanos habían
sido distinguidos con el Grammy Latino, el cual
significa un gran reconocimiento a personalidades
del mundo de la música, las que no necesariamente
tienen que residir en territorio norteamericano.
Son innumerables los latinos que durante años
han sido laureados en las diferentes modalidades
de estos premios. Por nombrar a algunos están
el español Miguel Bosé, el grupo
mexicano Maná y el brasileño Gilberto
Gil. Entre los cubanos se destacan las figuras
de Celia Cruz, Gloria Estefan, Chucho Valdés
y el grupo Orishas.
Es notorio que un reciente programa de La Gran
Escena, que ocupa media hora de cada miércoles
en la televisión cubana, dedicara su edición
a un grupo de cantantes latinos que han triunfado
en Estados Unidos y radican allí. Según
la valoración, desacostumbrada en los presentadores
de este programa, los intérpretes presentados
en los videos escogidos conforman un ejemplo de
lo que significa la pérdida de la identidad
que sufren muchos de estos artistas al pretender
obtener a toda costa el favor de la crítica
y del público de ese país.
Como su programación es muy breve, también
los materiales expuestos fueron pocos. Entre ellos
estuvo Jennifer López, de quien se dijo
apenas ya se sabe si es rubia o trigueña,
si su piel es blanca o mulata, así como
de su afán de transmutación que
le ha llevado a presentarse como J. Lo, al parecer
para evitar pronunciar su nombre evidentemente
hispano. Otro de los citados fue el puertorriqueño
Ricardo Martínez, más conocido como
Ricki Martín. El cambio de nombre aparentemente
está condicionado por el propósito
del cantante de parecer más americano,
o lo que es igual desligarse de su origen. Otro
es el magnifico Chayán. De él se
comentó su desempeño en el papel
de emigrante cubano en una película aún
no pasada en nuestra pequeña pantalla.
De esta manera ni el programa de La gran escena
ha quedado fuera de este batallar de ideas, donde
todo lo que sucede o proviene del Norte es pasado
por el fino tamiz de la crítica.
Sin embargo, en el libreto quedó sin mencionar
que los emigrantes de nuestra área han
logrado obtener un lugar de avanzada en el Norte,
desplazando en importancia a grupos nacionales.
La música de nuestra gente es uno de los
elementos que ha abierto el camino a los que vienen
desde el sur buscando mejores niveles de vida
y nuevas posibilidades personales. Si existen
reticencias hacia la población latina en
aquel país, en parte se debe a que este
grupo étnico prácticamente se ha
establecido en la mayor parte del territorio norteamericano
haciendo que el español sea el segundo
idioma en importancia después del inglés.
¿Quién está ganando o perdiendo
en identidad?
Si los latinos, además de cantar en su
idioma natal, cantan también en la lengua
del país que los acoge, lo hacen para acceder
a mercados más amplios y no por menosprecio
a su condición. Esta estrategia es empleada
por los cantantes cubanos cuando buscan abrirse
nuevos horizontes desde los bares, cafeterías
y cabaret en su propia tierra. ¿Es justo
decir que las personas de raza negra que se pintan
el pelo de rubio están perdiendo por ello
su identidad? ¿Acaso los japoneses con
su moda de teñirse de rojo no deben ser
tildados de igual manera? ¿Y qué
decir de las blancas europeas que hacen lo imposible
por cambiar sus lacios cabellos en rizadas melenas
al estilo de las negritas caribeñas? Cualquier
juicio al respecto puede tener en su trasfondo
más de prejuicios raciales que una legítima
preocupación por la conservación
de identidades. Tanto derecho tiene un negro,
un latino o un chino a cambiar su apariencia física,
como el que le asiste al más bello ejemplar
humano de piel sonrosada.
Algo similar ocurre con los nombres de los artistas
y el idioma en que ellos deseen expresar el canto.
Por consideraciones de este tipo muchos grupos
cubanos fueron vetados en los años setenta
y en la actualidad, ya con el paso de los años
pesando sobre ellos, son invitados a la televisión
para ser presentados como un exponente vivo de
que en Cuba nunca dejamos de cantar en el idioma
de los Beatles. ¿Quién perdió
identidad en este caso?
Un ejemplo de fidelidad extrema con lo suyo fue
el de Celia Cruz, ganadora de varios premios en
el mundo latino. ¿Acaso los cantantes Vicentico
Valdés y Antonio Machín dejaron
de pertenecernos por escoger como hogar a Borinquen
y España, respectivamente? A diferencia
de ellos muchos artistas de la Isla, que desaparecen
de nuestro entorno durante un tiempo, reaparecen
un día hablando un español que por
su pronunciación daría motivos de
envidia hasta al actor Fernando Fernán
Gómez.
La artista escogida para dar inicio a este controvertido
programa y que recibió la primera andanada
como detractora de su latinidad fue Cristina Aguilera.
Parece que quien hizo la selección no es
muy dado a ver la televisión nacional,
pues anteriormente un programa sabatino había
ofrecido una serie de materiales sobre la vida
de esta muchacha, nacida en Nueva York, hija de
un ecuatoriano y de una norteamericana de pura
cepa. O sea, que si la Aguilera ha perdido algo
en su identidad, los que deben preocuparse por
ello son sus rubicundos compatriotas.
Es penoso que presentadores de la talla de los
que conducen este espacio de los miércoles,
quienes muestran poseer una elevada cultura y
gran calidad como presentadores, y me atrevo a
afirmar que también como personas, tengan
que esgrimir estas opiniones, que quizás
ni ellos mismos comparten y que se mueven a la
par de los vientos que soplan. En ese mismo programa
se ha hablado maravillas de La Voz, como se le
llama al desaparecido Frank Sinatra. En épocas
anteriores, otros locutores y escritores tuvieron
que decir que de voz no tenía nada, y sí
mucho de influencias de la mafia para tener garantizado
el acceso a los escenarios y grabaciones. Otro
tanto ocurrió con los grupos The Eagles,
Chicago, Led Zeppelín y tantos otros, que
entre críticas y diatribas contra el Imperio
del Norte, podían ser escuchados en el
célebre Now, que se radiaba durante los
años setenta. Los conjuntos de rock de
aquella época eran el blanco donde iban
dirigidos los disparos verbales de los locutores
de aquel programa. Ahora le tocó a Vicki
y a su compañero hacer diana en los latinos,
que según ellos quieren dejar de serlo
para dejarse transformar por los mecanismos despersonalizadores
del modo de vida norteamericano.
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