PRENSA INDEPENDIENTE
Abril 1, 2005
 

CULTURA
Identidades perdidas

Miguel Saludes

LA HABANA, abril (www.cubanet.org) - En el mes de marzo fueron entregados los premios Lo Nuestro en la ciudad de Miami, galardón con el que se destaca el trabajo y la popularidad de los artistas latinos en esa parte del continente que integralmente pertenece a Nuestra América. En meses anteriores varios artistas hispanos habían sido distinguidos con el Grammy Latino, el cual significa un gran reconocimiento a personalidades del mundo de la música, las que no necesariamente tienen que residir en territorio norteamericano. Son innumerables los latinos que durante años han sido laureados en las diferentes modalidades de estos premios. Por nombrar a algunos están el español Miguel Bosé, el grupo mexicano Maná y el brasileño Gilberto Gil. Entre los cubanos se destacan las figuras de Celia Cruz, Gloria Estefan, Chucho Valdés y el grupo Orishas.

Es notorio que un reciente programa de La Gran Escena, que ocupa media hora de cada miércoles en la televisión cubana, dedicara su edición a un grupo de cantantes latinos que han triunfado en Estados Unidos y radican allí. Según la valoración, desacostumbrada en los presentadores de este programa, los intérpretes presentados en los videos escogidos conforman un ejemplo de lo que significa la pérdida de la identidad que sufren muchos de estos artistas al pretender obtener a toda costa el favor de la crítica y del público de ese país.

Como su programación es muy breve, también los materiales expuestos fueron pocos. Entre ellos estuvo Jennifer López, de quien se dijo apenas ya se sabe si es rubia o trigueña, si su piel es blanca o mulata, así como de su afán de transmutación que le ha llevado a presentarse como J. Lo, al parecer para evitar pronunciar su nombre evidentemente hispano. Otro de los citados fue el puertorriqueño Ricardo Martínez, más conocido como Ricki Martín. El cambio de nombre aparentemente está condicionado por el propósito del cantante de parecer más americano, o lo que es igual desligarse de su origen. Otro es el magnifico Chayán. De él se comentó su desempeño en el papel de emigrante cubano en una película aún no pasada en nuestra pequeña pantalla. De esta manera ni el programa de La gran escena ha quedado fuera de este batallar de ideas, donde todo lo que sucede o proviene del Norte es pasado por el fino tamiz de la crítica.

Sin embargo, en el libreto quedó sin mencionar que los emigrantes de nuestra área han logrado obtener un lugar de avanzada en el Norte, desplazando en importancia a grupos nacionales. La música de nuestra gente es uno de los elementos que ha abierto el camino a los que vienen desde el sur buscando mejores niveles de vida y nuevas posibilidades personales. Si existen reticencias hacia la población latina en aquel país, en parte se debe a que este grupo étnico prácticamente se ha establecido en la mayor parte del territorio norteamericano haciendo que el español sea el segundo idioma en importancia después del inglés. ¿Quién está ganando o perdiendo en identidad?

Si los latinos, además de cantar en su idioma natal, cantan también en la lengua del país que los acoge, lo hacen para acceder a mercados más amplios y no por menosprecio a su condición. Esta estrategia es empleada por los cantantes cubanos cuando buscan abrirse nuevos horizontes desde los bares, cafeterías y cabaret en su propia tierra. ¿Es justo decir que las personas de raza negra que se pintan el pelo de rubio están perdiendo por ello su identidad? ¿Acaso los japoneses con su moda de teñirse de rojo no deben ser tildados de igual manera? ¿Y qué decir de las blancas europeas que hacen lo imposible por cambiar sus lacios cabellos en rizadas melenas al estilo de las negritas caribeñas? Cualquier juicio al respecto puede tener en su trasfondo más de prejuicios raciales que una legítima preocupación por la conservación de identidades. Tanto derecho tiene un negro, un latino o un chino a cambiar su apariencia física, como el que le asiste al más bello ejemplar humano de piel sonrosada.

Algo similar ocurre con los nombres de los artistas y el idioma en que ellos deseen expresar el canto. Por consideraciones de este tipo muchos grupos cubanos fueron vetados en los años setenta y en la actualidad, ya con el paso de los años pesando sobre ellos, son invitados a la televisión para ser presentados como un exponente vivo de que en Cuba nunca dejamos de cantar en el idioma de los Beatles. ¿Quién perdió identidad en este caso?

Un ejemplo de fidelidad extrema con lo suyo fue el de Celia Cruz, ganadora de varios premios en el mundo latino. ¿Acaso los cantantes Vicentico Valdés y Antonio Machín dejaron de pertenecernos por escoger como hogar a Borinquen y España, respectivamente? A diferencia de ellos muchos artistas de la Isla, que desaparecen de nuestro entorno durante un tiempo, reaparecen un día hablando un español que por su pronunciación daría motivos de envidia hasta al actor Fernando Fernán Gómez.

La artista escogida para dar inicio a este controvertido programa y que recibió la primera andanada como detractora de su latinidad fue Cristina Aguilera. Parece que quien hizo la selección no es muy dado a ver la televisión nacional, pues anteriormente un programa sabatino había ofrecido una serie de materiales sobre la vida de esta muchacha, nacida en Nueva York, hija de un ecuatoriano y de una norteamericana de pura cepa. O sea, que si la Aguilera ha perdido algo en su identidad, los que deben preocuparse por ello son sus rubicundos compatriotas.

Es penoso que presentadores de la talla de los que conducen este espacio de los miércoles, quienes muestran poseer una elevada cultura y gran calidad como presentadores, y me atrevo a afirmar que también como personas, tengan que esgrimir estas opiniones, que quizás ni ellos mismos comparten y que se mueven a la par de los vientos que soplan. En ese mismo programa se ha hablado maravillas de La Voz, como se le llama al desaparecido Frank Sinatra. En épocas anteriores, otros locutores y escritores tuvieron que decir que de voz no tenía nada, y sí mucho de influencias de la mafia para tener garantizado el acceso a los escenarios y grabaciones. Otro tanto ocurrió con los grupos The Eagles, Chicago, Led Zeppelín y tantos otros, que entre críticas y diatribas contra el Imperio del Norte, podían ser escuchados en el célebre Now, que se radiaba durante los años setenta. Los conjuntos de rock de aquella época eran el blanco donde iban dirigidos los disparos verbales de los locutores de aquel programa. Ahora le tocó a Vicki y a su compañero hacer diana en los latinos, que según ellos quieren dejar de serlo para dejarse transformar por los mecanismos despersonalizadores del modo de vida norteamericano.


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