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Cuba:
adelantemos la sucesión
Oscar Peña, El
Nuevo Herald, 31 de agosto de 2005.
Tratar de apresurar la sucesión puede
ser también una forma de adelantar la transición
y el cambio. Sin embargo, los últimos partes
que se observan de la meteorología política
cubana están reportando errores de perspectiva
de personalidades interesadas en redimir a Cuba.
Creo no errar si afirmo que la mayoría
aclama aceptar sólo la transición
y rehusar la sucesión. Lo he escuchado
de Jaime Suchlicki, Antonio Jorge, Diego Suárez,
Remedios Díaz Oliver, Silvia Iriondo, Ninoska
Pérez Castellón, Carlos Pérez,
Antonio Calatayud, Roberto Martín Pérez,
Eusebio Peñalver, José Sánchez-Boudy,
Conte Agüero, Rodríguez Aragón,
Cary Roque, Félix Ismael Rodríguez
y otros conductores del exilio cubano. Armando
Pérez-Roura, posiblemente el más
influyente en la formación de opinión
entre los primeros exiliados de Miami, es todavía
más exigente y sólo aboga por un
derrumbe total y súbito. A todos ellos
los respeto, aprecio y considero sanos e inteligentes
cubanos que están comprometidos en alcanzar
la libertad de Cuba, pero lamento que no sepan
--o no traten-- de fertilizar todas las vías
que nos pueden llevar a la meta de emancipación.
También la sucesión es una de ellas.
Valga una adelantada aclaración para otros
compatriotas de imaginación porfiada en
buscar desacreditar aquello que no han propuesto
o aprobado: también mis deseos personales
son de un cambio veloz, auténtico, humano
y saludable para la problemática cubana,
pero las aspiraciones no pueden nunca cegarnos
y autoexcluirnos por nuestra inmovilidad del terreno
cubano. Cabe en el caso cubano una pedagógica
pregunta para los de pensamiento muy puro y rígido:
¿dónde está el botón
que uno pueda tocar y se den nuestros deseos de
transición acelerada y transformación
total de Cuba?
Es sólo con el estudio minucioso de un
terreno que se concluye cuál es el mejor
tratamiento para recoger una cosecha. Por ello
de los que estamos opuestos a la dictadura de
Fidel Castro se demanda un alto olfato político
para alcanzar pensamiento y actitudes de estadistas
donde el propósito no sea en estos momentos
que gane una parte, sino la nación cubana.
La denuncia diaria no resuelve el mal. No hacer
otros esfuerzos es convertirse también
como Fidel Castro en un obstáculo y un
freno para el cambio en Cuba.
Definitivamente toda sucesión es cambio.
Hasta en el hogar privado cuando el padre se retira
o muere los hijos cambian el inventario y el panorama
de la vivienda. Así será también
en la sociedad cubana. Militar o civil el sucesor.
Sea Julio Casas Regueiro, Carlos Lage, Colomé
Ibarra, Fernando Ramírez de Estenoz, Ricardo
Alarcón, Eusebio Leal, Leopoldo Cintras
Frías, Ramón Espinosa Martín,
Felipe Pérez Roque, José Luis Rodríguez,
Pedro Sáez Montejo, el sustituido Marcos
Portal, hasta el propio Raúl Castro u otro
que está hoy a la sombra, traerán
inevitablemente aire fresco que rápidamente
se convertirá en permanente fresco.
¿Cómo pueden ayudar el exilio y
la disidencia a la sucesión? No es difícil,
la inversión política no es costosa.
Es con mensajes sinceros de apoyo y estímulo
a los posibles sucesores. Expresándoles
que sabemos que es Fidel Castro quien fomenta
el odio y el miedo y el que trata de fortalecer
la duda y el temor a la apertura. Romper las filas
de la dictadura con nuestro mensaje de salvar
a Cuba entre todos. Entender y trasmitir que son
la hermandad y la comprensión entre los
buenos hijos de Cuba --considerable mayoría--
que están en el pueblo, en el exilio, la
disidencia y en esa cifra grande atrapada dentro
de las filas del régimen, el motor y la
base para la transformación y reconstrucción
de nuestro país.
Los cubanos que integran el Buró Político,
el Comité Central del PCC, el Consejo de
Estado, los dirigentes y diputados de la Asamblea
Nacional del Poder Popular, los militares del
MINFAR y oficiales del MININT deben llegar a la
valiente conclusión de que es Fidel Castro,
con casi 80 años, el que sigue obstinado
en mantener al pueblo cubano con un candado económico,
político y social, y sacrificando recursos
humanos y materiales en misiones internacionalistas
en búsqueda de su gloria personal y su
ego. Es hoy el máximo culpable de la grave
situación de Cuba y el responsable de un
posible enfrentamiento civil que ningún
cubano sensato debe desear; pero mañana
seremos culpables todos si no tenemos el valor
de hacer con premura hoy pactos entre sectores
reformistas y de buena voluntad del gobierno cubano
y el exilio y la disidencia interna.
Exhortamos a las dos partes cubanas a un comienzo
viable. No se trata de un golpe de estado ni de
asesinar o meter en una prisión a Fidel
Castro. Aparte del miedo justificado que tienen
todos en Cuba, tampoco se odia a muerte al carcelero
que se ha tenido por casi medio siglo. Lo que
proponemos es su jubilación. Es hora de
retirarlo en una finca y entre los sucesores,
el exilio y la oposición interna negociar
un pacto de transición donde todos pongamos
el hombro para hacer de Cuba un país próspero,
decente y civilizado.
No tengo dudas de que hacer lo que propongo es
más ético que estar esperando la
muerte de Fidel Castro, o seguir los dirigentes
en Cuba complacientes con las arbitrariedades
del comandante en jefe, o desertando en el extranjero;
y más ético que los quejidos y denuncias
diarias del exilio y la disidencia, abrumando
a amigos extranjeros. Hacer entre cubanos sería
virtud doméstica. Los buenos cubanos de
los dos bandos están invitados a hacer
camino al andar...
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