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CULTURA
Murió Noel: "Fumar es cosa de hombres"
Juan González Febles
LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) -
El trovador habanero Noel Nicola falleció
en esta capital el 7 de agosto. Más que
un destacado músico, exponente del llamado
Movimiento de la Nueva Trova (MNT), Nicola fue
un hombre bueno y decente. Alguien que no expulsó
a nadie del Movimiento ni perteneció a
la estirpe de los delatores.
Aunque le tocó vivir bajo la regla ideológica
dictada por personas que odiaban a Elvis Presley,
proscribieron a los Beatles, pretendieron curar
el homosexualismo con trabajos forzados y crearon
los mítines de repudio, Noel se las arregló
para ser él mismo.
Junto al hoy cantor oficial del castrismo, el
diputado Silvio Rodríguez, Nicola animó
las peñas del parque Los Cabezones, en
la universidad habanera a principio de los años
70. Permaneció fiel a la pureza de sus
sueños. Nunca fue empresario ni diputado,
sólo juglar. Juglar de cubanía.
Esto le hizo quedar a la zaga en el MNT. Desde
el principio de los años 90 conoció
la marginación y el ostracismo. Pero nadie
pudo quebrar su voluntad. Ni con la fuerza del
poder ni con la fuerza del dinero. La salud resentida
y el amor que sintió por la utopía
en que creyó y que mantuvo viva dentro,
le hicieron rechazar el exilio.
Noel no tenía salud ni deseos de abandonar
La Habana. No quería morirse lejos. Poseía
una curiosidad morbosa por ver el final de este
cuento, que le parecía cercano. Los mítines
de repudio que presenció en La Habana en
1980 sembraron en él una decepción
de la que no se recuperó nunca.
Recientemente le otorgaron todas las medallas
y reconocimientos que le escatimaron antes. Disfrutó
poco, pero disfrutó bien. Lo que tuvo,
lo tuvo sin concesiones onerosas a su integridad.
Vivió alimentado de ideales y fantasías
que no intentó conciliar fuera de la hoja
de papel pautado y las letras llenas de lirismo
que escribió. A sus 58 años, poco
antes de morir, se convirtió en una especie
de ermitaño. No quería salir a un
exterior hostil que ya no reconocía.
Como escribiera en una de sus más populares
tonadas: "Afuera los lobos son lobos aún,
afuera hay que salir armado". La enfermedad
le restó fuerzas para enfrentar los lobos
y los demonios que rechazó toda su vida.
Pero mantuvo su fe en el amor y la gente.
Creyó hasta el final en la capacidad del
cubano para exorcizar el presente y depurar el
pasado con el amor por el futuro. El flaco jodedor
con quien no se podía contar para hacer
un panfleto, se fue.
Para hacerlo se impuso un oficio de varón
fuera de serie. Hizo ofrenda viril extraordinaria,
y se fue satisfecho y muerto de risa. Sin quejas
ni concesiones.
No terminó de remodelar los dientes de
aquella rubia flaca -la musa inspiradora de "Te
perdono no amarme", una de sus más
bellas canciones. No tuvo tiempo de convencerla
para que dejara de fumar. A fin de cuentas, fumar
es cosas de hombres.
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