PRENSA INDEPENDIENTE
Agosto 31, 2005
 

CULTURA
Murió Noel: "Fumar es cosa de hombres"

Juan González Febles

LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) - El trovador habanero Noel Nicola falleció en esta capital el 7 de agosto. Más que un destacado músico, exponente del llamado Movimiento de la Nueva Trova (MNT), Nicola fue un hombre bueno y decente. Alguien que no expulsó a nadie del Movimiento ni perteneció a la estirpe de los delatores.

Aunque le tocó vivir bajo la regla ideológica dictada por personas que odiaban a Elvis Presley, proscribieron a los Beatles, pretendieron curar el homosexualismo con trabajos forzados y crearon los mítines de repudio, Noel se las arregló para ser él mismo.

Junto al hoy cantor oficial del castrismo, el diputado Silvio Rodríguez, Nicola animó las peñas del parque Los Cabezones, en la universidad habanera a principio de los años 70. Permaneció fiel a la pureza de sus sueños. Nunca fue empresario ni diputado, sólo juglar. Juglar de cubanía.

Esto le hizo quedar a la zaga en el MNT. Desde el principio de los años 90 conoció la marginación y el ostracismo. Pero nadie pudo quebrar su voluntad. Ni con la fuerza del poder ni con la fuerza del dinero. La salud resentida y el amor que sintió por la utopía en que creyó y que mantuvo viva dentro, le hicieron rechazar el exilio.

Noel no tenía salud ni deseos de abandonar La Habana. No quería morirse lejos. Poseía una curiosidad morbosa por ver el final de este cuento, que le parecía cercano. Los mítines de repudio que presenció en La Habana en 1980 sembraron en él una decepción de la que no se recuperó nunca.

Recientemente le otorgaron todas las medallas y reconocimientos que le escatimaron antes. Disfrutó poco, pero disfrutó bien. Lo que tuvo, lo tuvo sin concesiones onerosas a su integridad.

Vivió alimentado de ideales y fantasías que no intentó conciliar fuera de la hoja de papel pautado y las letras llenas de lirismo que escribió. A sus 58 años, poco antes de morir, se convirtió en una especie de ermitaño. No quería salir a un exterior hostil que ya no reconocía.

Como escribiera en una de sus más populares tonadas: "Afuera los lobos son lobos aún, afuera hay que salir armado". La enfermedad le restó fuerzas para enfrentar los lobos y los demonios que rechazó toda su vida. Pero mantuvo su fe en el amor y la gente.

Creyó hasta el final en la capacidad del cubano para exorcizar el presente y depurar el pasado con el amor por el futuro. El flaco jodedor con quien no se podía contar para hacer un panfleto, se fue.

Para hacerlo se impuso un oficio de varón fuera de serie. Hizo ofrenda viril extraordinaria, y se fue satisfecho y muerto de risa. Sin quejas ni concesiones.

No terminó de remodelar los dientes de aquella rubia flaca -la musa inspiradora de "Te perdono no amarme", una de sus más bellas canciones. No tuvo tiempo de convencerla para que dejara de fumar. A fin de cuentas, fumar es cosas de hombres.


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