PRENSA INDEPENDIENTE
Agosto 31, 2005
 

SOCIEDAD
Madame Please

Luis Cino

LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) - El viejo edificio todavía sigue allí, erguido a duras penas. Sólo los puntales lo mantienen en pie, agonizando en el corazón del Vedado. Espera el día de la demolición, inadvertido en medio de tanto desastre.

En honor a la verdad, hace 30 años su aspecto no era mucho mejor. La fachada todavía conservaba algo de pintura, las grietas de las paredes no eran tan anchas, no había puntales. Normita vivía en un cuarto del último piso.

Su habitación era pequeña, oscura y poco ventilada. Apenas había muebles. Siempre olía a una rara mezcla de queroseno, humo de cigarrillos, perfume francés, papas fritas e incienso.

Sus cuatro paredes, empapeladas con recortes de revistas cromadas españolas, delimitaban su palacio, su reino, su independencia y el refugio de sus amigos.

Moraba a gusto allí. Gustaba decir que era su salón preferido del castillo. La posición del lugar, a unos 100 metros de La Rampa, era privilegiada. El restaurante El Conejito le quedaba al lado y el club Scherezada estaba en la esquina. Eran sus sitios de pesca favoritos.

Solía frecuentarlos con extranjeros, que entonces eran casi siempre marinos griegos o filipinos. Para escogerlos, procuraba que fueran atractivos, aseados, inteligentes, corteses y nunca de Europa Oriental. Tras varias cervezas y un poco de conversación estaba lista para llevarlos a la cama.

Todos la llamaban Madame Please. Hablaba inglés y algo de francés, y tenía modales refinados. No se ofendía si sus amigos le decían puta. Pero no se consideraba una puta. Sólo quería vivir mejor. No había tenido suerte en el amor. No se adaptaba a vivir dentro de los moldes de la revolución de Fidel Castro. Eso era todo. No era poco.

Solía enamorarse de algunos extranjeros. Les era fiel mientras estaban en Cuba. Cuando se iban, esperaba ansiosa sus cartas desde Atenas, Argel, Manila o Barcelona. Confiaba que un día alguno se casaría con ella y la sacaría de Cuba. Cuando uno de ellos regresaba a La Habana, reanudaba tórridos romances que terminaban en renovadas promesas para un próximo retorno.

Norma no era exigente con sus amantes. No le gustaba abusar. Sólo les insinuaba con discreción sus necesidades y preferencias. Se contentaba con poco: un frasco de Channel, una blusa hindú, un jean americano -preferiblemente Lee o Levi´s Strauss-, una cena en un buen restaurante o un fin de semana en Varadero.

Durante las malas rachas vivía del producto de la venta de ropas extranjeras. Llevaba el negocio con suma cautela. Algunos vecinos la envidiaban. Esperaban que cayera presa o se fuera del país para reclamar su cuarto. Varias veces la denunciaron, pero la policía nunca pudo hallarla culpable.

A menudo, cansada de rodar por hoteles y playas, entre un amante y otro, caía en profundas depresiones. Se sentía terriblemente infeliz. Alguna vez hasta pensó en suicidarse. Lamentaba las vidas que no pudo vivir, las cosas que nunca pudieron ser. Culpaba a sus padres, a sus amores, a todos y a todo, pero siempre acababa culpando al comunismo de todas sus imposibilidades y fracasos.

Se encerraba durante días en su habitación. Apoyada en el espaldar de la cama, fumando como una condenada, escuchaba una y otra vez, en la grabadora Sanyo que le trajera Fernando, de Mallorca, los cassettes de McCartney, Santana, Michel Legrand y Elton John.

Solamente su amiga Rosita solía sacarla de esos estados. Llegaba al atardecer con ron o vino argelino, espaguetis, nuevos cassettes y mucho que contar. Cual samaritana underground, a menudo traía algún amigo desamparado que presentarle.

Fue así que llegué, hambriento y prófugo del servicio militar obligatorio al salón del palacio de Madame Please, una tarde del verano de 1975. Volvería las veces que requiere la amistad.

Madame Please se cansó de esperar su príncipe azul, foráneo y casadero. Juró que no podía envejecer en Cuba. Se fue por Mariel en 1980. No vaciló para presentarse en una unidad policial y declarar que además de antisocial era puta. Era el precio a pagar por la libertad.

Treinta años después, La Habana está llena de turistas extranjeros a la caza de jineteras. Ellas sueñan con alguien que las saque de Cuba. Es su máxima aspiración en la vida que les tocó.

Hoy pasé por el viejo y ruinoso edificio amarillo y apuntalado, y he vuelto a recordar a Normita. Me encaminé entonces al Conejito. Necesitaba un par de cervezas por los viejos tiempos y el futuro incierto. Siempre fue la barra con las cervezas más frías de La Habana. Tropecé con un cartel en la puerta. Advertía que la entrada era sólo por parejas, el consumo en moneda convertible y no se permitía fumar.

Antes de doblar la esquina volví la vista hacia el edificio de Madame Please. Tal vez la última vez que lo vea en pie. Creí ver mi vieja camisa azul colgada en la tendedera, junto a una blusa hindú. Por una ventana del último piso escapaban los riffs fabulosos de la guitarra de Carlos Santana en Samba pa´ti. Juraría que sentí olor a incienso.

La memoria es un terreno resbaladizo, marcado a ratos por las huellas descuidadas y torpes de la nostalgia.

Nunca dije a Madame Please que en su reino me sentí cómodo y a salvo. Ni en un hotel de la Riviera podría hallar un refugio mejor. Siquiera por aquella noche, por aquellos tiempos, valga esta crónica para agradecerle.


Esta información ha sido transmitida por teléfono, ya que el gobierno de Cuba controla el acceso a Internet.
CubaNet no reclama exclusividad de sus colaboradores, y autoriza la reproducción de este material, siempre que se le reconozca como fuente
.

IMPRIMIR



PERIODISTAS EN PRISION

PRENSAS
Independiente
Internacional
Gubernamental
IDIOMAS
Inglés
Francés
Español
SOCIEDAD CIVIL
Cooperativas Agrícolas
Movimiento Sindical
Bibliotecas
DEL LECTOR
Cartas
Opinión
BUSQUEDAS
Archivos
Documentos
Enlaces
CULTURA
Artes Plásticas
El Niño del Pífano
Octavillas sobre La Habana
Fotos de Cuba
CUBANET
Semanario
Quiénes Somos
Informe Anual
Correo Eléctronico

DONACIONES

In Association with Amazon.com
Busque:


CUBANET
145 Madeira Ave, Suite 207
Coral Gables, FL 33134
(305) 774-1887

CONTACTOS
Periodistas
Editores
Webmaster