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REPRESION
Detenidos en el tiempo
Roberto Santana Rodríguez
LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) -
Se encuentran detenidos en 1959. Los ahora brigadistas
de Respuesta Rápida, fervientes seguidores
de Fidel, en realidad sus tristes y manipuladas
marionetas, viejos combatientes, militantes comunistas,
del Poder Popular y otros que se suman a la comparsa.
Son los mismos que gritaban paredón para
fulano o para mengano, los mismos que gritaban
en el 80 "Pin Pon fuera, abajo la gusanera"
o "Que se vaya la escoria" y lanzaban
huevos a los marielitos, por cierto "traidores"
en ese entonces que después se convirtieron
en triunfadores "trae dólares",
que generosamente les retribuyeron las posturas
lanzadas a sus agresores, porque en ese momento
les eran muy necesarias.
Hasta este 24 de agosto conocía de esas
andanzas sólo de oídas, escuchando
o leyendo las noticias al respecto publicadas
en emisoras de radio, libros o páginas
digitales que reflejan la realidad de Cuba.
En la tarde de ese día me encontraba en
la vivienda de la doctora Sandra Domínguez
Ayala, presidenta del Colegio Médico de
Villa Clara, sita en calle Toscano # 260 en la
ciudad de Santa Clara, en compañía
del también periodista de Cubanacán
Press Miguel David Tejeda Tenorio, cuando unos
vecinos nos informaron que dos cuadras más
adelante, en el # 161 A, miembros de las Brigadas
de Respuesta Rápida daban un acto de repudio
para impedir la vigilia programada allí
por el Movimiento Democrático Cristiano
de Cuba en pro de la libertad de los presos políticos.
Cuando llegamos a la aglomeración de personas,
en ese momento no llegaban a 100. Ancianos en
su mayoría de la Asociación de Combatientes
que comentaban: "Ahí dentro están
los gusanos, parece que tienen miedo, no salen,
si salen los vamos a partir". Otros brigadistas
arrancaban de forma violenta las calcomanías
de la puerta de Olga Lilia que decían CAMBIO
y Ventana a Cuba, también lanzaron huevos
que impactaron en la bandera cubana puesta en
la sala de la opositora Después Alexis
Bringas, del Poder Popular, arengó a la
turba con su pobre oratoria repitiendo entre otras
las frases ya gastadas: "Los cambios ya ocurrieron
en Cuba en 1959" y "La calle es de los
revolucionarios".
Hasta ese momento no nos habían identificado,
y nos movíamos entre la gente, escuchando
y memorizando los datos que en condiciones normales
en otro país hubiéramos escrito
o grabado.
Entonces le dije muy bajo a Miguel: "¿Cómo
se llama ése que arenga? ¡Si tuviéramos
una cámara!"
Quienes nos rodeaban lo oyeron y fueron a contarle
al represor, quien enseguida se dirige hacia nosotros
preguntando en forma descompuesta: "Ustedes,
¿quiénes son, qué hacen aquí?"
Ante la insistencia del hombre le respondí:
"Somos cubanos como ustedes, no estamos haciendo
nada malo, sólo reportamos lo que está
pasando como periodistas independientes que somos".
Para qué fue aquello, su primera reacción
no se hizo esperar, llamando de esta manera a
la turba: "Compañeros, vengan, que
aquí tenemos a dos".
Inmediatamente, comienza la andanada de ofensas
no publicables. Insisten en llamarnos mercenarios.
Respondemos que como informadores, realizamos
nuestro trabajo. Acto seguido fuimos sacados a
empujones del lugar con una clara amenaza hacia
nuestra integridad física.
Al siguiente día pudimos percatarnos de
cómo viven los supuestos mercenarios pagados
por el gobierno de Estados Unidos y repudiados
por las turbas castristas. Olga Lilia González
Barroso vive en compañía de su esposo
Joel Fonseca en una vivienda de 3 metros de ancho
por 8 de largo, 24 cuadrados, el mínimo
según la ley para conceder el habitable
a cualquier casa en Cuba.
Entre los pocos efectos electrodomésticos
que poseen se cuentan un refrigerador ruso deteriorado,
un televisor blanco y negro, una grabadora antigua
de los años 80 del siglo pasado y la famosa
olla arrocera que fue asignada por Castro para
su venta a cada hogar en la Isla, hasta el momento
solamente entregadas en las centrales ciudades
de Santa Clara, Cienfuegos y algunas localidades
de forma experimental.
Este último ingenio era reclamado por
los porristas que gritaban desaforadamente: "Entrega
la olla y la junta que te dimos, descarada",
a lo cual Olguita comentó que la olla no
fue regalada. "Muy cara me costó.
La junta, de muy mala calidad, se las iba a tirar,
pero después pensé que era mejor
no darles el gusto. También querían
que entregara el refrigerador, ése no me
lo dieron ellos, lo compré con mucho esfuerzo".
Olga Lilia dijo además que les gritaban:
"Estas haciendo café descarada, prostituta,
mercenaria, danos café y prepárales
tilo a esos cobardes. Te vamos a tumbar la puerta
con una pata de cabra y contaban, 1, 2... 3 y
hasta 10 para después golpearla fuertemente.
Al final gritaron: Te salvaste, que te están
cuidando".
Opositores y observadores neutrales se mostraron
indignados por otras frases emitidas por los agresivos
radicales, opinando que los mismos están
deshumanizados, racistas y hasta cómicos
en su actuar cuando le decían a Olga: "Mercenaria,
vendepatria, estás frustrada porque no
puedes tener hijos, tienes el útero seco.
Las serpientes como tú no pueden tener
hijos".
Le gritaban a Noelia Pedraza: "Negra cocorotimba,
te vamos a estirar las pasas, seguro tienes un
moño postizo, qué vas a hacer en
los Estados Unidos" y le exigían a
Ricardo Arrechea que entregara el pantalón
verde olivo que tenía puesto, el cual decían
no le pertenecía, que cuando saliera se
lo iban a ripiar.
A tal punto llegó el paroxismo de los
paramilitares que uno de ellos golpeó y
otros empujaron al abogado Regino Vázquez
Vega, que pasaba por el lugar y se acercó
a una ventana para preguntar a los asediados por
la biblioteca Pablo Morales que allí radica.
Así continúan los seguidores o
seudoseguidores del régimen cubano, empantanados
en el tiempo, esgrimiendo las divisas del odio,
la incomprensión y la intolerancia, estandartes
que han esgrimido a lo largo de 46 años
como factor para mantenerse en el poder. A saber
por cuánto tiempo más les resultará
efectivo ese método. Acaso en el actual
momento histórico, favorece la popularidad
de los opositores que han decidido dar un paso
al frente, convencidos que ya no tienen nada que
perder.
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