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SOCIEDAD
Para verte mejor
Miguel Saludes
LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) -
A mediados de los años ochenta el servicio
de ómnibus que comunicaban el poblado de
Cojímar con otros municipios de La Habana,
incluyendo la parte céntrica de la ciudad,
funcionaba todavía con cierta eficiencia,
permitiendo hacer todo tipo de combinaciones para
entrar y salir de la localidad. Ajenos estaban
sus pobladores que aquella bonanza estaba por
terminar y vendrían días, bastante
seguidos por cierto, en que no habría una
sola guagua circulando por sus calles.
Las caminatas serían el mejor medio para
mantener el ritmo de vida de quienes por necesidad
dependían del sistema de transporte público.
Después de más de una década
el recorrido de las largas distancias para llegar
hasta la Villa Panamericana y la Vía Blanca,
a poco más de un kilómetro, es una
rutina diaria. Al menos en las afueras del pueblo
la circulación de vehículos es mayor
y siempre es más fácil tomar alguno.
El ardiente sol y la monotonía de estas
caminatas diarias hacen que el viajero fije su
atención en aquellas cosas antes inadvertidas
o que han ido surgiendo en el paisaje. Su descubrimiento
hace que el esfuerzo de caminar sea más
ameno.
Todo detalle puede resultar interesante. El entorno,
la gente que se cruza a nuestro paso, los puntos
de venta de cualquier mercancía, especialmente
si se trata de productos del agro, o un incidente
que sirva para aumentar nuestro archivo de sucesos
para contar compensan el desgaste sufrido. Uno
de los aspectos que atrae la mirada de muchos
de los que transitan por Cojímar es la
cantidad de casas particulares que se han ido
levantando en diferentes zonas de este sitio.
Verdaderas residencias construidas con gusto,
de bellos diseños, provocan la admiración
del peatón.
La mayoría de estas viviendas se encuentran
rodeadas por altas vallas de mampostería
que en un principio sólo dejaban vislumbrar
una discreta parte del interior, por lo general
la planta superior. Un día el muro pintado
de azul que apenas dejaba adivinar la majestuosidad
de la mansión que protegía apareció
lleno de una especie de boquetes practicados por
tramos regulares. Estas feas aspilleras cubiertas
con pedazos de cerca de alambre ahora permitían
observar la disposición interior del amplio
local compuesto por dos edificaciones. El toque
de misterio que envolvía el lugar había
desaparecido.
Lo ocurrido en la casa azul se fue repitiendo
en otras residencias con similares características.
La altura de las tapias que las circundaban era
rebajada o se dejaban espacios para colocar celosías
de variadas formas. En otros casos se sustituían
por alambradas. La respuesta la conocí
de una señora del barrio que tuvo que demoler
parte del muro externo de su casa debido a la
notificación dada por una inspección
de urbanística que se personó en
su hogar. La advertencia de que sería multada
con una cifra elevada en caso de que no acatara
lo dispuesto, para encima tener que hacer la demolición
le hizo contratar los servicios de un arquitecto
para indagar la fundamentación de lo dispuesto.
Sin embargo, las gestiones realizadas por la profesional
no arrojaron ninguna luz al respecto. Pero la
orden recibida era inapelable. Lo único
sacado en claro fue que el dictamen estaba dado
por la necesidad de que todo cercado externo que
bordeara las áreas habitacionales de particulares
no podía tener una altura cerrada mayor
de un metro.
Quienes plantearon a la señora el ultimátun
no pudieron mostrarle ley o documento alguno que
justificara los motivos de la medida, a no ser
un elemento de seguridad, pues según dijeron
la policía debe tener acceso visual al
interior de toda área habitacional.
Eso sí, el tramo superior restante podía
ser ornamentado con plantas, pues no existía
nada que prohibiera esto. Y los cubanos, que son
especialistas en hallar soluciones a toda problemática,
se dieron a la tarea de sembrar buganvilias y
otros arbustos parecidos. Ahora una tupida cortina
vegetal hace más discreta y hasta impide
el paso de miradas indeseables que perturbe la
vida de los que habitan estas casas.
Esta realidad no es nueva para los cubanos.
Se encuentra relacionada con el sistema de control
y vigilancia establecido en el país desde
que se fundaran los Comités de Defensa
de Revolución en los primeros años
del nuevo sistema político implantado en
la Isla. La fiscalización de todo movimiento
extraño, visitas y modo de vida privada
de las personas es la razón fundamental,
aunque no se diga, de disposiciones de esa índole.
Hasta en muchos de los nuevos edificios diseñados
en estos tiempos se puede apreciar esta forma
de apertura visual. Las escaleras de acceso a
los diferentes apartamentos en la mayoría
de los modelos están al descubierto y desde
cualquier parte pueden focalizarse las puertas
de los apartamentos y quién accede a ellas.
Tal vez sea un problema de ahorro de espacio y
materiales, o simplemente la idea estética
de los diseñadores de las escaleras a aire
libre, pero en verdad con ello han quitado a los
destinatarios de los inmuebles una gran parte
de su privacidad.
Tanto en estos casos como en el de los muros
rebajados se puede aplicar la respuesta que recibió
la niña del famoso cuento cuando quiso
saber por qué motivo el lobo de la historia
tenía desmesuradamente abiertos los ojos
que la contemplaban.
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