PRENSA INDEPENDIENTE
Agosto 26, 2005
 

SOCIEDAD
Para verte mejor

Miguel Saludes

LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) - A mediados de los años ochenta el servicio de ómnibus que comunicaban el poblado de Cojímar con otros municipios de La Habana, incluyendo la parte céntrica de la ciudad, funcionaba todavía con cierta eficiencia, permitiendo hacer todo tipo de combinaciones para entrar y salir de la localidad. Ajenos estaban sus pobladores que aquella bonanza estaba por terminar y vendrían días, bastante seguidos por cierto, en que no habría una sola guagua circulando por sus calles.

Las caminatas serían el mejor medio para mantener el ritmo de vida de quienes por necesidad dependían del sistema de transporte público. Después de más de una década el recorrido de las largas distancias para llegar hasta la Villa Panamericana y la Vía Blanca, a poco más de un kilómetro, es una rutina diaria. Al menos en las afueras del pueblo la circulación de vehículos es mayor y siempre es más fácil tomar alguno. El ardiente sol y la monotonía de estas caminatas diarias hacen que el viajero fije su atención en aquellas cosas antes inadvertidas o que han ido surgiendo en el paisaje. Su descubrimiento hace que el esfuerzo de caminar sea más ameno.

Todo detalle puede resultar interesante. El entorno, la gente que se cruza a nuestro paso, los puntos de venta de cualquier mercancía, especialmente si se trata de productos del agro, o un incidente que sirva para aumentar nuestro archivo de sucesos para contar compensan el desgaste sufrido. Uno de los aspectos que atrae la mirada de muchos de los que transitan por Cojímar es la cantidad de casas particulares que se han ido levantando en diferentes zonas de este sitio. Verdaderas residencias construidas con gusto, de bellos diseños, provocan la admiración del peatón.

La mayoría de estas viviendas se encuentran rodeadas por altas vallas de mampostería que en un principio sólo dejaban vislumbrar una discreta parte del interior, por lo general la planta superior. Un día el muro pintado de azul que apenas dejaba adivinar la majestuosidad de la mansión que protegía apareció lleno de una especie de boquetes practicados por tramos regulares. Estas feas aspilleras cubiertas con pedazos de cerca de alambre ahora permitían observar la disposición interior del amplio local compuesto por dos edificaciones. El toque de misterio que envolvía el lugar había desaparecido.

Lo ocurrido en la casa azul se fue repitiendo en otras residencias con similares características. La altura de las tapias que las circundaban era rebajada o se dejaban espacios para colocar celosías de variadas formas. En otros casos se sustituían por alambradas. La respuesta la conocí de una señora del barrio que tuvo que demoler parte del muro externo de su casa debido a la notificación dada por una inspección de urbanística que se personó en su hogar. La advertencia de que sería multada con una cifra elevada en caso de que no acatara lo dispuesto, para encima tener que hacer la demolición le hizo contratar los servicios de un arquitecto para indagar la fundamentación de lo dispuesto. Sin embargo, las gestiones realizadas por la profesional no arrojaron ninguna luz al respecto. Pero la orden recibida era inapelable. Lo único sacado en claro fue que el dictamen estaba dado por la necesidad de que todo cercado externo que bordeara las áreas habitacionales de particulares no podía tener una altura cerrada mayor de un metro.

Quienes plantearon a la señora el ultimátun no pudieron mostrarle ley o documento alguno que justificara los motivos de la medida, a no ser un elemento de seguridad, pues según dijeron la policía debe tener acceso visual al interior de toda área habitacional.

Eso sí, el tramo superior restante podía ser ornamentado con plantas, pues no existía nada que prohibiera esto. Y los cubanos, que son especialistas en hallar soluciones a toda problemática, se dieron a la tarea de sembrar buganvilias y otros arbustos parecidos. Ahora una tupida cortina vegetal hace más discreta y hasta impide el paso de miradas indeseables que perturbe la vida de los que habitan estas casas.

Esta realidad no es nueva para los cubanos. Se encuentra relacionada con el sistema de control y vigilancia establecido en el país desde que se fundaran los Comités de Defensa de Revolución en los primeros años del nuevo sistema político implantado en la Isla. La fiscalización de todo movimiento extraño, visitas y modo de vida privada de las personas es la razón fundamental, aunque no se diga, de disposiciones de esa índole. Hasta en muchos de los nuevos edificios diseñados en estos tiempos se puede apreciar esta forma de apertura visual. Las escaleras de acceso a los diferentes apartamentos en la mayoría de los modelos están al descubierto y desde cualquier parte pueden focalizarse las puertas de los apartamentos y quién accede a ellas. Tal vez sea un problema de ahorro de espacio y materiales, o simplemente la idea estética de los diseñadores de las escaleras a aire libre, pero en verdad con ello han quitado a los destinatarios de los inmuebles una gran parte de su privacidad.

Tanto en estos casos como en el de los muros rebajados se puede aplicar la respuesta que recibió la niña del famoso cuento cuando quiso saber por qué motivo el lobo de la historia tenía desmesuradamente abiertos los ojos que la contemplaban.


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