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SOCIEDAD
Cuando el cartero llama
Juan Carlos Linares
LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) -
Al recibir el telegrama, a Luis Alberto Rodríguez
Rangel se le abrieron los cielos. Tenia que ser
una citación del Ministerio de Salud Publica
para un tratamiento contra la esclerosis múltiple
que padece hace casi una década y lo mantiene
en la casi total invalidez, o de la Sección
de Intereses de los Estados Unidos de América,
para la gestión de refugiado político
que está tramitando.
Rodríguez, de 51 años, es ingeniero
industrial. Ha enviado muchas cartas a instancias
del gobierno y del Ministerio de Salud Pública
criticando la carencia total de atención
médica, pero dolorosamente su situación
no ha prosperado. Por el contrario, sus lamentaciones
han tomado un matiz político.
Era el mediodía del sábado 6 de
agosto cuando el cartero de su barrio le puso
el raro telegrama en sus manos. Venía sin
sobre, sin remitente y sin indicar el lugar de
la cita. El texto decía: "Co. usted
debe presentarse en nuestra oficina el próximo
lunes 8 de agosto a las 10 AM con todos sus documentos".
Extrañados, los miembros de su familia
indagaron en la estación de correo de la
zona 5 en Juan Delgado y Santa Catalina. Allí
le indicaron que el mensaje provenía del
correo en el poblado de Jaimanitas. Fueron hasta
Jaimanitas, donde les aseveraron que el mensaje
provenía del departamento de mensajería
de la SINA (Sección de Intereses de Estados
Unidos de América). Entonces acudieron
al departamento de refugiados de dicha Sección
de Intereses, y para sorpresa de todos la respuesta
fue que "ni el documento, ni el texto coinciden
con el utilizado por este departamento, aunque
sí se está procesando al mencionado".
La familia de Rodríguez Rangel no se detuvo
en sus pesquisas, e inició al día
siguiente otro ciclo de investigaciones por los
correos de zona 5 de Jaimanitas y el departamento
de refugiados, que los condujo de nuevo al mismo
callejón sin salida.
En Cuba, como en casi todo el mundo, el servicio
de correos es una institución estatal.
Ningún usuario común puede enviar
un telegrama sin antes haber llenado y firmado
el modelo ST-1, como estipula el propio reglamento
interno de Correos de Cuba. Además, éste
debe ser archivado por tres meses como mínimo.
Sólo un funcionario con prerrogativas omnímodas
puede violar esta regla y conservar el silencio
oficial.
Por otra parte, la correspondencia que emiten
la Sección de Intereses y demás
sedes diplomáticas van directamente a un
departamento del Ministerio de Comunicaciones,
que en nada se corresponde con el correo de Jaimanitas.
Son muchos los problemas que se ha buscado Rodríguez
Rangel por exigir inútilmente tratamiento
médico adecuado para su padecimiento. Esa
actitud intransigente ha causado molestias y embarazos
a las autoridades sanitarias de la tan proclamada
"potencia médica". La familia
no descarta que ese falso telegrama inicie una
escalada de acoso sádico sobre una persona
enferma por su carácter sincero y contestatario.
Sus intentos de buscar refugio político
y salud en "territorio enemigo" parecen
haber colmado la copa de la intolerancia de algunos
funcionarios contra un individuo que ni siquiera
milita en la oposición.
Ejemplos como éste no faltan. Muchos disidentes
pacíficos son objeto de acoso telefónico.
A los que poseen rastreadores de llamadas -vendidos
en divisas convertibles por el mismo Ministerio
de Comunicaciones- les resulta imposible detectar
los dígitos de los equipos desde donde,
incontables días y madrugadas, les han
proferido insultos y amenazas, algo que sólo
puede suceder con líneas operativas pertenecientes
a la Seguridad del Estado.
Recursos técnicos no faltan al gobierno.
Hace poco tiempo la prensa independiente informó
sobre la presencia de técnicos chinos en
la provincia de Villa Clara. Según el comunicador,
estaban instalando un sofisticado sistema de rastreo
de voces capaz de identificar a la persona en
cualquier lugar de la isla que se encuentre.
La vigilancia ilimitada y el hostigamiento a
los adversarios son las herramientas perpetuas
del totalitarismo. El caso de Rodríguez
Rangel, una vez más, parece confirmarlo.
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