PRENSA INDEPENDIENTE
Agosto 25, 2005
 

OLA REPRESIVA
Rostros entre rejas: Regis y Antonio

Adrián Leiva

LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) - Cuando en el mes de marzo de 2003 el gobierno cubano desató una ola represiva de dimensiones inusitadas que llevó a las cárceles a 75 cubanos de la incipiente sociedad civil en la Isla, en ese proceso fueron involucrados numerosos conocidos y compañeros de lucha. Aunque el hecho motivó una profunda actitud de solidaridad hacia todos los encarcelados y sus familiares, conocidos o no, sin tener en cuenta diferencias de criterio o agrupación de pertenencia, siempre se hace más profundo el sentimiento de dolor en aquellos casos más cercanos.

El compartir alegrías, peligros y situaciones de todo tipo, entre ellas las personales, son factores que influyen en situaciones como ésta haciendo que la reacción ante el acto represivo contra un amigo sea doblemente dolorosa. El marco de las ideas y los vínculos de la militancia no son razones suficientes para la indignación cuando existe un grado de amistad con el que ha sufrido la injusticia. Es por eso que hoy dedico mis recuerdos a algunos de esos compatriotas presos en aquella causa.

Dos de estos hombres, quienes me honran con su amistad, son Regis Iglesias Ramírez y Antonio Díaz Sánchez condenados a 18 y 20 años, respectivamente. A ambos los conocí el mismo día en la segunda mitad de los años noventa, en ocasión de una reunión de trabajo del Movimiento Cristiano Liberación, organización en la que en ese entonces habíamos ingresado varios residentes del reparto Palatino en el Cerro. Días antes del encuentro Oswaldo Payá me había visitado para prevenirme que estuviera listo para lo que sería mi primer contacto con los coordinadores y algunos miembros del movimiento. Una vez en el lugar de la cita fui presentado a cada uno de los presentes. Allí estaban Regis y Antonio entre otros tantos.

Durante los debates que tuvieron lugar en aquella sesión y donde cada participante expuso sus puntos de vista sobre los temas de la agenda, me atrajeron las exposiciones de Tony Díaz, el Boricua como todos llamaban a Antonio. Su sentido práctico y objetivo, la manera en que valoraba la esencia de los problemas con una óptica realista y manejando los criterios con una gran sencillez delineaban la personalidad de aquel joven como una persona de profundas convicciones, inmersa en los problemas de la sociedad en la que vive y con gran disposición para enfrentarlos.

Todavía guardo en mi memoria las observaciones hechas por él en aquella primera tarde en el Movimiento. La talla del líder capaz de hacerse entender y convencer con la claridad de sus ideas sin imponerse al criterio de los demás, dejaron abiertas las puertas a nuestra relación de mutua amistad.

Cuando tocó el turno a Regis, su voz pausada y la sencillez que emanaba de su conducta ofrecían una rápida sensación de empatía hacia un ser humano que prometía ser excepcional. Con el paso del tiempo pude comprobar que aquella primera impresión externa también se verificaba en su interior. La admiración y el cariño que todos sentimos por Iglesias están más que justificados por su actuación y manera de comportarse.

Con el decursar de los meses, los vínculos de trabajo se fueron haciendo más estrechos e intensos, permitiendo que la interrelación personal fuera cada vez más familiar. El inicio de la campaña cívica por el Proyecto Varela, que requería una gran cantidad de contactos entre los coordinadores y activistas del grupo, posibilitó aún el conocimiento de Antonio y de Regis. Nuestros encuentros fueron asiduos, y bajo sus orientaciones el equipo conformado en Palatino realizó un trabajo brillante en la recogida y verificación de firmas.

Después del proceso en que recibieron tan altas condenas, Antonio Díaz y Regis Iglesias han sido alejados del cariño de sus hijas. Su único delito ha sido el ejercer la libertad de conciencia y los derechos más elementales que toda persona tiene. Estos dos ciudadanos de reconocido apego a la soberanía de Cuba y por su grandeza en servir a la sociedad civil de su patria en la edificación de un sistema democrático, ahora sufren las condiciones inhumanas del encierro carcelario donde, privados de una alimentación y atención adecuadas, lejos del circulo de sus seres queridos y amistades, sufriendo por el dolor sembrado en el seno de sus hogares, han sabido mantener la estatura de su dignidad como verdaderos patriotas y hombres de fe capaces de donar lo mejor de sí en pos de la libertad. Lo han hecho sin estridencias, sin asumir protagonismos egoístas, sino con una entereza y constancia ejemplares.

Los juicios que determinaron las injustas condenas que sobre Antonio y Regis pesan son un baldón para el estado de derecho cubano y para la historia presente. No obstante, estos amigos y compañeros ya han entrado a formar parte de la propia esencia nacional, que algún día reconocerá sus esfuerzos y les pondrá en el sitio que les corresponde por su actitud valiente y desprendida.

Será la misma historia la que habrá de decretar el veredicto de inocencia, pero en adelanto a ello ya el Dios en el que ambos creen les ha dado la absolución merecida.

 


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