PRENSA INDEPENDIENTE
Agosto 24, 2005
 

OLA REPRESIVA
Historia de amor con caballero y dama

Miguel Saludes

LA HABANA, Cuba (www.cubanet.org) - Cuando a Loida le visitaron para entregarle los bombillos ahorradores que se están repartiendo a la población cubana, respondió que a su casa le faltaba la luz más importante, refiriéndose a su esposo Alfredo Felipe, condenado a 25 años de prisión durante los procesos de abril de 2003.

Desde aquella jornada su alma pena por el alejamiento forzado e injusto de un amor que tres décadas de unión matrimonial no han logrado debilitar. Pero más allá de las razones políticas esgrimidas para materializar esta separación, incluso de la situación en que se encuentra el prisionero de conciencia, éste es un acercamiento a una pareja de enamorados que ante las adversidades se ha crecido poniendo más amor en su camino.

Escuchar hablar a estos cónyuges del cariño que se tienen es la mejor prueba del sentimiento mutuo que les une. Dicen que la época presente no es propicia para los afectos sinceros, y para confirmarlo se acude a la sentencia de un canto popular que tuvo mucho éxito en Cuba hace pocos años sobre el hecho de que entre nosotros se perdió el querer. Sin embargo, historias como la de Loida y Alfredo desmienten ese criterio.

Se conocieron en la etapa en que eran estudiantes de la secundaria básica Eduardo Egea, en su natal Artemisa. Loida rememora aquel primer encuentro en la etapa de escuela al campo, donde un gesto de Alfredo que ella califica de machista provocó el encontronazo entre ambos. Él había dejado la bandeja sucia con cierto aire de superioridad por su mayoría en edad y grado que cursaba. El gesto provocó la llamada de atención de la entonces jefa de la brigada de cocina. Este detalle permaneció en la mente de ambos en otra estancia de trabajo en el campo donde se hicieron novios.

Esto ocurrió en un sitio nombrado Los Pinos de Portugués cuando Alfredo, ya en el servicio militar, aprovechaba sus pases para merodear por el campamento de estudiantes. En una de sus visitas le anunció sin muchas ceremonias que vendría de nuevo para verla especialmente a ella. Aquel día nació un romance que ya cumplió 34 años.

Después comenzaron las visitas a la casa, una formalidad que estaba aún vigente entre las familias cubanas.

Una de las primeras características que Loida apreció en Alfredo era su constancia y diligencia. No se amilanaba por nada ni se dejaba impresionar con facilidad, ni siquiera ante la seriedad con que lo recibieron los padres de la novia. Formalmente les dio su palabra de cumplir a cabalidad el compromiso contraído entonces. Muy pronto Loida comprendió que aquellas relaciones serían difíciles de conciliar, pues el joven demostraba cierto talante contestatario, gustaba leer de forma independiente temas y libros que para ella eran todo un descubrimiento.

Esta situación creaba tensiones en la relación. Un día sus padres notaron algo extravagante en el vestuario del visitante. Dos cruces negras resaltaba en ambos extremos del cuello de la camisa. Pero lo peor vino cuando vieron otra de gran tamaño que cubría toda la espalda de la prenda de vestir. Cuando incitada por los mayores fue a pedir una explicación sobre esta extraña ornamentación la respuesta que recibió fue tajante. Además de no dar ninguna razón, Alfredo hizo entender que existía una frontera que no debía ser rebasada. O lo aceptaba como era o no podrían seguir el noviazgo.

Loida lo entendió y optó por el amor. Así se casaron un 4 de diciembre, ella con 17 años y él con 22.

Después de nacido el primer hijo, que lleva el nombre de Alfredo como su padre, deciden reanudar los estudios. Entonces él trabajaba como administrativo de una empresa constructora. Al principio Loida le repasa las asignaturas que tenía mucho más frescas en la memoria, pero después fue Alfredo quien se convirtió en su profesor de cálculo, derivadas e integrales. Las pruebas de ingreso y los cursos de superación les llevaron a las puertas de la Universidad, donde matriculan Economía, en horario especial para trabajadores.

Estudiaban y trabajaban al mismo tiempo. Fueron tiempos de muchos desvelos, pues tenían que aprovechar el sueño de su niño duplicando de esta manera las horas que se hacían escasas y limitadas. En 1980 se graduaron y junto con el título les nace su niña Dayneris.

Si alguna vez Loida sintió celos fue por la atracción que el ajedrez ejercía sobre su esposo. Ella no gustaba ni comprendía aquel difícil juego, pero por no dejar de compartir tiempo con su pareja fue venciendo la adversión hacia el deporte de los trebejos para adentrarse en sus complejidades. Mientras le acompañaba tomaba las notas de cada movida en los eventos donde él participaba.

El primer choque social se produce cuando una plaza en el Mariel le es denegada a Alfredo a pesar de su expediente y resultados académicos. La falta de integración política y la actitud mantenida en el plantel universitario dejaron pesadas huellas en la evaluación ideológica del educando. En San Cristóbal ambos consiguen ubicación en la Empresa de Alimentación, él como jefe económico y ella de contadora auxiliar.

Alfredo demostró una capacidad e interés poco frecuente en el desempeño de aquella responsabilidad. Luchaba los recursos del estado como si estos fueran propios. Loida manifiesta que si todos los que dicen ser revolucionarios hubieran hecho igual quizás las cosas fueran diferentes. Sentados uno frente al otro en el departamento de Estadística municipal hacían un equipo tremendo donde no quedaba espacio para el aburrimiento o el tedio que suele producir el contacto diario entre un matrimonio.

El carácter ahorrativo -quizás pocos ahorren tanto como él la electricidad y otros recursos no renovables- y la seriedad de su trabajo daban motivo a la confianza depositada por sus superiores. Los informes que enviaba con datos importantes ni siquiera eran verificados por los tecnócratas que venían a buscarlos para llevarlos a otros niveles. Todo lo pedía y daba por escrito, costumbre que le permitió conservar un gran archivo que demuestra su eficiencia. Esta manera precisa de ejercer su labor le ganó el apodo de "rosca fina". Ella sonríe al rememorar este detalle.

Luego su rostro retorna a la gravedad cuando recuerda cómo al solicitar el lugar vacante en el banco de su pueblo, no se le concedió. Al parecer le seguía faltando lealtad política hacia el sistema y el resultado de que la evaluación técnica de Alfredo Felipe estaba lastrado con recomendaciones de tipo ideológico le vetaban la calificación de excepcionalmente positivo que le correspondía y con ellas la posibilidad de trabajar en ese puesto. Un nuevo motivo de decepción.

Otro rasgo que distingue a este hombre sencillo son sus valores humanos. Recuerda que le compró una jaba de naranjas a una anciana que trataba penosamente de vender su carga, sin pensar que tenían el viandero lleno de estas frutas. Por cosas como ésta supo ganarse el respeto de los revolucionarios de su pueblo, muchos de los cuales hoy se preocupan constantemente por su situación.

En pleno período especial, cuando la economía domestica se tornó compleja, empezó a llevar frutos del campo hacia La Habana y desde la ciudad artículos industriales deficitarios en su localidad haciendo funciones de un verdadero mercader. Confeccionaba plantas de soldar y hasta buscaba obtener con sus inventiva algún premio en la Asociación de Racionalizadores. Se dedicó a pulir pisos y a vestir de granito las cocinas y baños. Por eso se ofende al escuchar la acusación absurda de mercenario hecha a un hombre que sudó tanto la camisa para mantener la familia. El día antes de ser detenido había traído de la capital varios peines y tomacorrientes comprados en las tiendas de venta minorista de moneda nacional.

Entró a formar parte de la oposición en Armonía, con Indamiro Restano, y posteriormente, durante la campaña cívica por el Proyecto Varela, dedicó mucho de su talento, esfuerzo y sacrificios en la divulgación y colecta de firmas en la región de Artemisa y en sus aledaños, actividad en la que una vez más contó con el acompañamiento de Loida, quien en este caso fungió casi como su secretaria.

Ahora desde la prisión esta historia de amor sigue llenado páginas hermosas. La preocupación se pone de manifiesto y el temor del esposo por su compañera que vive estos momentos duros hizo brotar en ella la poesía.

No te preocupes por mí
conozco la fortaleza
casi al borde de la infancia
me atravesé en tu trillo
haciendo que me miraras
aunque parecía un grillo.

No sé porque me viene la imagen de aquellas historias de caballería en las que el guerrero se disponía a enfrentar todos los peligros para rescatar a la amada. En ésta los términos se han invertido. Revestida de una coraza de sentimientos y con la espada de su palabra, esta mujer se echó al ruedo para romper cuantas lanzas sean precisas por sacar del encierro a su caballero cautivo. La fuerza del amor le da la confianza suficiente para saber que más temprano que tarde tendrá a su lado al novio de toda la vida para seguir compartiendo juntos muchos años de felicidad.


Esta información ha sido transmitida por teléfono, ya que el gobierno de Cuba controla el acceso a Internet.
CubaNet no reclama exclusividad de sus colaboradores, y autoriza la reproducción de este material, siempre que se le reconozca como fuente
.

IMPRIMIR



PERIODISTAS EN PRISION

PRENSAS
Independiente
Internacional
Gubernamental
IDIOMAS
Inglés
Francés
Español
SOCIEDAD CIVIL
Cooperativas Agrícolas
Movimiento Sindical
Bibliotecas
DEL LECTOR
Cartas
Opinión
BUSQUEDAS
Archivos
Documentos
Enlaces
CULTURA
Artes Plásticas
El Niño del Pífano
Octavillas sobre La Habana
Fotos de Cuba
CUBANET
Semanario
Quiénes Somos
Informe Anual
Correo Eléctronico

DONACIONES

In Association with Amazon.com
Busque:


CUBANET
145 Madeira Ave, Suite 207
Coral Gables, FL 33134
(305) 774-1887

CONTACTOS
Periodistas
Editores
Webmaster