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SOCIEDAD
La Habana el transporte y el milagro
Richard Roselló
LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) -
Estas no son imágenes de un cuadro surrealista
de Salvador Dalí. Viajar en auto es un
lujo de pequeñas minorías. El resto,
obligado a viajar en avión o tren, viaja
siempre con la inseguridad encima. Bien por roturas,
atrasos de salida, carencia de medios de pasaje,
faltas de capacidad, piezas de repuesto e incluso
tratos que dejan mucho que decir. En general,
una pesadilla.
La realidad es que con las dificultades extremas
del transporte en general, pero en especial el
urbano, principal servicio del que depende el
cubano, un ómnibus se ha convertido también
en algo muy codiciado y espantoso.
Baste decir que para recorrer una distancia corta,
digamos unos cinco kilómetros, un pasajero
tarda horas en llegar a su destino. Qué
decir entonces de un tramo largo. Aquí
en la Ciudad de La Habana, cuya población
sobrepasa los 2 millones de habitantes, ruedan
algo más de cien ómnibus o guaguas.
De hecho, las catorce terminales de ómnibus
urbanos con que cuenta la capital se encuentran
en un estado crítico, con apenas cinco
ómnibus algunas de ellas.
Antes de los años 90, algunas de estas
terminales poseían hasta diez líneas
de rutas, como la de La Lisa, en Marianao, que
llegó a poseer un parque de 300 vehículos
que daban servicio cada cinco minutos.
Por entonces la capital tenía cerca de
mil quinientos vehículos repartidos en
unos veinte paraderos.
Pero con la llegada del Periodo Especial a raíz
de los 90, Cuba devino en una larga crisis económica,
debido a su condición de satélite
del marcado socialista y la caída de ese
sistema en Europa. Como resultado el transporte
sufrió el más inmediato impacto,
el más grande después de 160 años
de tradición en transporte urbano.
Detenida la importación desde Europa,
y por ende los suministros de repuestos, cientos
de vehículos se pararon por el mal estado
técnico, y luego de varios años
la mayoría había desaparecido de
las calles.
Para paliar la situación, una nueva forma
de transporte apareció en la capital, con
la fabricación en el país del llamado
camello, capaz de transportar hasta unos trescientos
pasajeros en unas condiciones muy hacinadas bajo
intensos calores.
Este artefacto rodante que ha subsistido hasta
nuestros días más no reúne
los requisitos técnicos que se necesitan
para transportar pasajeros: luces incompletas,
problemas en frenos, motor, suspensión,
neumáticos, y viajan de un extremo a otro
de la capital transportando a un tercio de la
población, cansada y desesperada por la
larga espera de una guagua.
En las terminales de ómnibus provinciales,
cientos de viajeros, entre ellos niños
y ancianos, duermen hasta una semana para poder
adquirir un pasaje que los lleve de retorno a
sus provincias.
La esperanza de que los nuevos ómnibus
comprados por Cuba a China para este servicio
interprovincial comenzaran a prestar servicio
el pasado 26 de julio se convirtió en rumores
y disgustos.
Los acondicionados vehículos, cerca de
setecientos, no están disponibles hasta
ahora para los cubanos, sino para venezolanos
quienes los utilizan para viajar de una provincia
a otra enarbolando la consigna internacionalista
de Operación Milagro.
Pero un milagro tendrá que ocurrir para
no seguir sufriendo con esa tendencia que tiene
el gobierno de complicar más nuestras vidas.
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