|
SOCIEDAD
Interioridades de una feria agropecuaria en Cuba
Alejandro Tur Valladares, Cubanacán
Press
CIENFUEGOS, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) -
Hace algún tiempo que en Cuba se han puesto
de moda las ferias agropecuarias, las que se han
constituido, según el discurso oficial,
para mostrar los logros alcanzados en este sector
de la economía nacional, llevando a los
clientes, por el tiempo que dure el evento, una
mercancía de primera con precios subvencionados
por el estado.
Así se refleja en las pantallas de los
televisores donde, además, aparecen clientes
satisfechos, mostrando sus mejores sonrisas, una
jaba repleta de productos y repitiendo: "Esta
feria está buenísima".
Sin embargo, otra es la realidad que se palpa
cuando se visita una de esas ferias. Frente a
cualquier mostrador se escucha esta expresión:
"Todo es una mentira".
Y es que las ferias están plagadas de
arbitrariedades, de exageraciones, de maltratos
al cliente, de robo sutil o descarado. Nada encuentra
el visitante que se parezca lejanamente a la excelencia
en los servicios, calidad, variedad y abundancia
de los productos.
Recientemente visité una feria y comprobé
que mi desconfianza ante el mensaje radiado por
la emisora local, que invitaba a todos a la mayor
feria agropecuaria realizada en la provincia Cienfuegos,
estaba bien fundada.
Lo primero que hago cuando visito un mercado
es interesarme por la diversidad de mercancías
con que cuenta. Tamaña sorpresa me llevé
cuando comprobé que el surtido apenas rebasaba
una docena de productos. También me asombré
al comprobar que algunas de las ofertas de la
feria eran las mismas que regularmente se hacen
en los mercados estatales, y que una semana antes
de la feria habían desaparecido.
Le pregunté a un dependiente si guardaba
relación la escasez de esos productos una
semana antes con la realización de la feria,
y me respondió maliciosamente: "Estaban
guardados". Comprendí entonces que
la mercancía que ahora se exponía
al público había sido recogida una
semana antes para tener en la feria un mínimo
de productos garantizados.
Por más que busqué frutas, sólo
encontré unas piñas pequeñas
y verdes. Cuando llegué al lugar donde
vendían los plátanos, ya era tarde
para mí, pues la poca cantidad que se ofertaba
al público se había terminado en
un abrir y cerrar de ojos.
Uno de los recursos más socorridos por
los organizadores de estos eventos es colocar
pequeñas cantidades de un mismo producto
en varios lugares. Esto le hace ver al cliente
durante su recorrido por el lugar el mismo producto
una y otra vez. Si no está alerta cae en
la trampa y se va del lugar con la impresión
de que existía una gran abundancia, aunque
las ofertas sólo podían satisfacer
a un por ciento muy bajo de consumidores.
Si por casualidad usted llega a la feria dos
horas después de comenzada, lo más
probable es que no encuentre el producto deseado.
Apenas pasadas unas horas comienzan a retirarse
los camiones, los quioscos hacen inventario, y
sobre el mostrador se lee un anuncio: cerrado.
A pesar de todo la feria se prolonga hasta el
atardecer. Usted seguramente se preguntará
cómo es posible si ya la venta se dio por
terminada. La respuesta es sencilla. En las esquinas
de las calles que atraviesan la avenida se colocan
camiones-pipas y bocinas para que empiece la feria
de la cerveza a granel.
|