PRENSA INDEPENDIENTE
Agosto 22, 2005
 

SOCIEDAD
Renault en las calles y carreteras cubanas

Ariel Delgado Covarrubias

LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) - La prensa económica oficiosa anunció que el grupo francés GBH suministró a la empresa cubana CIMEX un lote importante de automóviles de la marca Renault, en especial los modelos Clio y Sm-3. El primero es un coche de cinco puertas con transmisión manual y es producido por la fábrica de la firma en Brasil. Y el Sm-3 es fabricado en Sur Corea con tecnología de su filial Nissan y diseño del motor Almera.

Desde el pasado año la firma cubana Havanautos realizó pruebas con los dos modelos y sus resultados son satisfactorios, al recibir magníficas calificaciones. El coeficiente de explotación estuvo por encima del 95 % con un nivel de gastos bastante bajo y una rentabilidad óptima, sólo entrando al taller para los mantenimientos previstos.

La presencia de coches franceses ya es tradicional en las calles cubanas, en especial los de la marca Peugeot, que con variados modelos abundan en los circuitos automotores. Una planta de mantenimiento y reparación completamente equipada se encuentra en la esquina de Vía Blanca y Primelles, en el municipio Cerro. La otra marca conocida es la Citroen, que para los propios franceses que visitan el país resulta llamativo por sus elevados precios en el propio mercado galo.

Los modelos de la Renault, empresa con capital estatal francés en su mayor por ciento, van a ser dedicados a la renta para el turismo. Esta modalidad se caracteriza por su intensa y desnivelada explotación por parte de los clientes arrendadores, pues pasan de mano en mano hasta en una frecuencia semanal, con el consiguiente deterioro del parque.

La gran mayoría de los coches que se importan al país están dedicados a actividades estatales. Sólo un mínimo por ciento se venden a particulares en condiciones muy especiales, cuyos dueños no pueden vender el vehículo a otros particulares.

En más de una ocasión, economistas cubanos sensatos han propuesto que se vendan vehículos ligeros a particulares, como una sana medida económica de recaudación de dinero circulante. El gobierno hace oídos sordos al consejo, alega que la disponibilidad de combustible no permite que se incremente el índice de los coches particulares. Pero la realidad es que ellos saben que aquí en Cuba tener un automóvil es símbolo de poder.

No importa que la crisis del transporte afecte a millones de cubanos que tienen que recorrer kilómetros para trabajar por un salario que no cubre sus necesidades. El Estado está consciente de ese poder y lo ejerce de forma arbitraria para impedir el surgimiento de aunque sea una escasa clase media. Es el poder omnímodo de un Estado que avasalla a sus ciudadanos.

Los Renaults circularán por las calles y carreteras cubanas conducidos por extranjeros, pero pronto llegará el día en que también puedan llevarlos los cubanos con sus placas de identificación que los identifiquen como particulares.


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