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SOCIEDAD
Renault en las calles y carreteras cubanas
Ariel Delgado Covarrubias
LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) -
La prensa económica oficiosa anunció
que el grupo francés GBH suministró
a la empresa cubana CIMEX un lote importante de
automóviles de la marca Renault, en especial
los modelos Clio y Sm-3. El primero es un coche
de cinco puertas con transmisión manual
y es producido por la fábrica de la firma
en Brasil. Y el Sm-3 es fabricado en Sur Corea
con tecnología de su filial Nissan y diseño
del motor Almera.
Desde el pasado año la firma cubana Havanautos
realizó pruebas con los dos modelos y sus
resultados son satisfactorios, al recibir magníficas
calificaciones. El coeficiente de explotación
estuvo por encima del 95 % con un nivel de gastos
bastante bajo y una rentabilidad óptima,
sólo entrando al taller para los mantenimientos
previstos.
La presencia de coches franceses ya es tradicional
en las calles cubanas, en especial los de la marca
Peugeot, que con variados modelos abundan en los
circuitos automotores. Una planta de mantenimiento
y reparación completamente equipada se
encuentra en la esquina de Vía Blanca y
Primelles, en el municipio Cerro. La otra marca
conocida es la Citroen, que para los propios franceses
que visitan el país resulta llamativo por
sus elevados precios en el propio mercado galo.
Los modelos de la Renault, empresa con capital
estatal francés en su mayor por ciento,
van a ser dedicados a la renta para el turismo.
Esta modalidad se caracteriza por su intensa y
desnivelada explotación por parte de los
clientes arrendadores, pues pasan de mano en mano
hasta en una frecuencia semanal, con el consiguiente
deterioro del parque.
La gran mayoría de los coches que se importan
al país están dedicados a actividades
estatales. Sólo un mínimo por ciento
se venden a particulares en condiciones muy especiales,
cuyos dueños no pueden vender el vehículo
a otros particulares.
En más de una ocasión, economistas
cubanos sensatos han propuesto que se vendan vehículos
ligeros a particulares, como una sana medida económica
de recaudación de dinero circulante. El
gobierno hace oídos sordos al consejo,
alega que la disponibilidad de combustible no
permite que se incremente el índice de
los coches particulares. Pero la realidad es que
ellos saben que aquí en Cuba tener un automóvil
es símbolo de poder.
No importa que la crisis del transporte afecte
a millones de cubanos que tienen que recorrer
kilómetros para trabajar por un salario
que no cubre sus necesidades. El Estado está
consciente de ese poder y lo ejerce de forma arbitraria
para impedir el surgimiento de aunque sea una
escasa clase media. Es el poder omnímodo
de un Estado que avasalla a sus ciudadanos.
Los Renaults circularán por las calles
y carreteras cubanas conducidos por extranjeros,
pero pronto llegará el día en que
también puedan llevarlos los cubanos con
sus placas de identificación que los identifiquen
como particulares.
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