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SOCIEDAD
La Habana con su basura
Tania Díaz Castro
LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) -
Tantas razones escucho que no sé cuál
es la cierta: falta de transporte, de combustible,
de fuerza de trabajo. ¡Vaya usted a saber
cuál es la verdad para que la capital cubana
siempre se vea sumergida entre desperdicios, suciedad
e inmundicia! Más sencillo: entre la basura.
Donde vivo, por ejemplo, veo a lo largo de la
calle, bloqueando la acerca, alrededor de diez
metros de basura, escombros, troncos de lindos
árboles que por su cuenta alguien destrozó
sin compasión con un machete. En fin, que
los cubanos vivimos en medio de un basurero. Lo
mismo aquí en Alamar que en las calles
Espada, Neptuno, 10 de Octubre o Muralla.
Entonces ocurre que, en medio de este caos de
basuras, nos enteramos por la prensa fidelista
de que el gobierno cubano ha invertido cien millones
de dólares en la compra de dos aviones
sofisticados, uno dedicado especialmente a los
viajes de Fidel Castro.
No hay que poner a funcionar la imaginación.
Con esa cantidad de dinero se podría resolver
el problema de la basura en Cuba, pues este mal
crónico del fidelismo empieza en la Punta
de Maisí y termina en el Cabo de San Antonio.
Pero no, los aviones están primero que
la higiene de la población. No importa
que Confucio lo haya dicho y que todo el que tenga
dos dedos de frente así lo entienda: "La
salud depende mucho más de las condiciones
higiénicas de nuestro hábitat que
de un sistema médico en la población".
Y agregó: "Olvídate de los
médicos y tu salud mejorará".
Estoy de acuerdo con Confucio. En lo que no estoy
de acuerdo es en que Cuba posea, en estos momentos
de hambre y atraso tecnológico, aviones
super modernos con despacho, sala de reuniones
(¿reuniones también en las alturas?),
dormitorio, televisión por satélite
e Internet, al que no tiene acceso el pueblo.
A mí, particularmente, no me gustan los
aviones. Me gustaría ir caminando hasta
Holanda o Pekín, porque eso de andar en
las nubes no va con mi signo zodiacal, que es
de tierra. Lástima que en la tierra mía
no me sienta segura. Mucho menos cuando termino
de escribir cosas como ésta.
Ah, me olvidaba. Dicen que los carísimos
avioncitos son capaces de alcanzar una velocidad
de crucero de 900 kilómetros, y alturas
de más de 12 mil metros. ¡Solavaya!
A ese avión no subo ni amarrada por una
Brigada de Respuesta Rápida, las que gustan
de dar palos a los opositores pacíficos
cuando les avisan.
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