PRENSA INDEPENDIENTE
Agosto 19, 2005
 

CULTURA
Las instalaciones se posesionan de Bellas Artes

Miguel Saludes

LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) - Desde comienzos del verano las personas que transitan frente al Museo de Bellas Artes de La Habana se asombran ante diversas estructuras donde aparecen con profusión de acero, mármol y ladrillo, entre los materiales empleados en su confección. Algunos se detienen ante las extrañas figuras mientras otros apenas muestran interés.

Las opiniones acerca de esta exhibición pueden resultar tan variadas como las piezas montadas, que pueden despertar desde la curiosidad hasta la crítica adversa provocada por una manera de expresión artística que para muchos aún resulta difícil de entender. Pero independientemente de los gustos estéticos las instalaciones toman una porción de la ciudad para mostrarse a la gente común y decirles algo desde su aparentemente ilógica manera de hablar. Son los niños los destinatarios del mensaje, pues la exposición está dedicada a ellos.

Una amiga define el arte de las instalaciones como una de las formas creativas que más apela a la libertad de expresión, no sujeta a convencionalismos ni a cánones pre establecidos, que puede resultar agresiva para aquellos que no la comprenden. La monumentalidad de las piezas conformadas, los materiales utilizados y el contraste que por lo general hacen con el entorno, contribuyen a cierto rechazo que pudieran producir en la impresión de quien se enfrenta a ellas por vez primera. Pero a medida que se compenetra con la figura se va descubriendo el arte, la belleza y el mensaje que encierra.

La misma señora evoca la obra de un compañero de estudio, del que no ha logrado retener el nombre, cuya tesis de graduación en la plástica consistió en el montaje de una mesa sobre la que colocó una bota fundida en bronce. El zapato de metal aplastaba la hoja abierta de un periódico. La exhibición escandalizó a varios profesores del plantel, pero la lluvia de interpretaciones surgidas a su alrededor determinó que la nota otorgada al alumno fuera elevada.

En La Habana de los ochenta mucho se habló acerca del cuadro de la guayabera (una típica prenda de vestir) de color verde encerrada en el recuadro de un marco, la cual se convirtió en legendaria entre los contemporáneos de aquella muestra que según se dijo fue drásticamente retirada.

El hecho de que el arte de la instalación utilice aquellas cosas y materiales relacionados en la rutina de cada día, es una de las razones que hacen que su empleo para estos fines parezca imposible, pudiendo convertirse en objetos de arte. Algunas de las materias utilizadas tienen muy corta vida e incluso su empleo ha sido determinado por la intencionalidad de que la acción del tiempo y los elementos las diluyan. Pero por lo general el artista prefiere que ellas se integren al ambiente y pasen a formar del paisaje a donde pertenecen por derecho propio o para el propósito que fueron levantadas. Incluso algunas pueden tener utilidad práctica. De todo esto abunda en la muestra de Bellas Artes.

Hasta el momento no ha sido publicado un catálogo en el que puedan obtenerse los datos elementales acerca de esta exposición, pero las empleadas del lugar aseguran que antes del cierre, previsto para septiembre, el mismo debe estar a disposición de los visitantes. Mientras tanto, éstos tendrán que sacar sus propias conclusiones.

La mayoría de los trabajos se encuentran en la acera que bordea el museo dedicado a exponer a los autores cubanos. Algunos fueron colocados en el interior del recinto ante el temor de que puedan sufrir daños o para evitar el robo de sus componentes. Esto realmente puede suceder con Aeropuerto, de Esterio Segura, o con el columpio, de Alexander Guerra.

El primero es una gran jaula para pájaros, cuyo interior contiene numerosos aviones confeccionados en cartón. A cada momento sale un sonido grabado en un dispositivo adaptado que ofrece la sensación de estar en una instalación aeroportuaria. Por su parte, el aparato construido por Guerra en madera es efectivamente un columpio que puede ser disfrutado por los más pequeños, quienes tienen acceso a esta obra sin título que indudablemente puede convertirse en objeto deseado por los cacos de la ciudad.

En el exterior se destacan varias piezas. Una de ellas es la carretilla con dos columnas de bidones de metal formando dos torres encima de la plataforma rodante. Los colores rojo y negro en que ha sido pintada cada columna de tanques, y el título -Acarreo- que Eduardo Ponjuán dio a su imaginativa idea, pueden dar pie a más de una interpretación.

El taller denominado Los carpinteros presenta tres estructuras de ladrillos denominadas Catedrales que recrean la figura de tres tipos de destornilladores. Una singular alegoría a la fantasía de volar o al sueño que muchos llevan en su espíritu de experimentar alguna vez esta maravilla realizada por el hombre, es la estructura de zinc galvanizado con varias figuras que incluyen una cafetera, la cabeza en miniatura de un indio (al parecer el piloto de la quimérica nave) y un unicornio coronando el montaje del que no se puede conocer el nombre y autor por haber sido rota la chapilla de identificación.

Lo mismo ocurre con el tenedor clavado en una plancha de acero. En este caso quedó la firma de Malberti y la asociación con aquel dicho popular de que cuando hay hambre no hay pan duro.

Resaltan la Erótica 7, de René Negrín, quien colocó un enorme aro de acero (simulando tal vez una cámara de goma) encerrada entre dos columnas de granito, y el ojo en forma de pez que mira desde la abertura de un muro, éste construido por Juan Quintanilla, quien dejó por entero a la imaginación ajena el nombre de su creación.

Finalmente, se destaca la figura metálica de José Villa, colocada en la entrada del museo y que recuerda en algo a la que se alza en la Plaza José Martí de La Habana. Pintada completamente de rojo se destaca en uno de sus peldaños el blanco, que rompe con la monotonía cromática de la composición. Este signo y el nombre de Retoño dado a su instalación pudieran ser indicativos de la esperanza en algo diferente y pacífico brotando en un medio donde se impone tanto escarlata.

En fin, son muchas las figuraciones e interpretaciones que se logran tras visitar cada una de las instalaciones de Bellas Artes, un ejercicio que ayuda a la sana distracción y al desarrollo del intelecto. Si surgen discusiones sobre los criterios que se cree descubrir en ellas, será una manera de ejercer el libre pensamiento, algo que tanta falta nos viene haciendo en nuestro ámbito social.


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