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CULTURA
Las instalaciones se posesionan de Bellas Artes
Miguel Saludes
LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) -
Desde comienzos del verano las personas que transitan
frente al Museo de Bellas Artes de La Habana se
asombran ante diversas estructuras donde aparecen
con profusión de acero, mármol y
ladrillo, entre los materiales empleados en su
confección. Algunos se detienen ante las
extrañas figuras mientras otros apenas
muestran interés.
Las opiniones acerca de esta exhibición
pueden resultar tan variadas como las piezas montadas,
que pueden despertar desde la curiosidad hasta
la crítica adversa provocada por una manera
de expresión artística que para
muchos aún resulta difícil de entender.
Pero independientemente de los gustos estéticos
las instalaciones toman una porción de
la ciudad para mostrarse a la gente común
y decirles algo desde su aparentemente ilógica
manera de hablar. Son los niños los destinatarios
del mensaje, pues la exposición está
dedicada a ellos.
Una amiga define el arte de las instalaciones
como una de las formas creativas que más
apela a la libertad de expresión, no sujeta
a convencionalismos ni a cánones pre establecidos,
que puede resultar agresiva para aquellos que
no la comprenden. La monumentalidad de las piezas
conformadas, los materiales utilizados y el contraste
que por lo general hacen con el entorno, contribuyen
a cierto rechazo que pudieran producir en la impresión
de quien se enfrenta a ellas por vez primera.
Pero a medida que se compenetra con la figura
se va descubriendo el arte, la belleza y el mensaje
que encierra.
La misma señora evoca la obra de un compañero
de estudio, del que no ha logrado retener el nombre,
cuya tesis de graduación en la plástica
consistió en el montaje de una mesa sobre
la que colocó una bota fundida en bronce.
El zapato de metal aplastaba la hoja abierta de
un periódico. La exhibición escandalizó
a varios profesores del plantel, pero la lluvia
de interpretaciones surgidas a su alrededor determinó
que la nota otorgada al alumno fuera elevada.
En La Habana de los ochenta mucho se habló
acerca del cuadro de la guayabera (una típica
prenda de vestir) de color verde encerrada en
el recuadro de un marco, la cual se convirtió
en legendaria entre los contemporáneos
de aquella muestra que según se dijo fue
drásticamente retirada.
El hecho de que el arte de la instalación
utilice aquellas cosas y materiales relacionados
en la rutina de cada día, es una de las
razones que hacen que su empleo para estos fines
parezca imposible, pudiendo convertirse en objetos
de arte. Algunas de las materias utilizadas tienen
muy corta vida e incluso su empleo ha sido determinado
por la intencionalidad de que la acción
del tiempo y los elementos las diluyan. Pero por
lo general el artista prefiere que ellas se integren
al ambiente y pasen a formar del paisaje a donde
pertenecen por derecho propio o para el propósito
que fueron levantadas. Incluso algunas pueden
tener utilidad práctica. De todo esto abunda
en la muestra de Bellas Artes.
Hasta el momento no ha sido publicado un catálogo
en el que puedan obtenerse los datos elementales
acerca de esta exposición, pero las empleadas
del lugar aseguran que antes del cierre, previsto
para septiembre, el mismo debe estar a disposición
de los visitantes. Mientras tanto, éstos
tendrán que sacar sus propias conclusiones.
La mayoría de los trabajos se encuentran
en la acera que bordea el museo dedicado a exponer
a los autores cubanos. Algunos fueron colocados
en el interior del recinto ante el temor de que
puedan sufrir daños o para evitar el robo
de sus componentes. Esto realmente puede suceder
con Aeropuerto, de Esterio Segura, o con el columpio,
de Alexander Guerra.
El primero es una gran jaula para pájaros,
cuyo interior contiene numerosos aviones confeccionados
en cartón. A cada momento sale un sonido
grabado en un dispositivo adaptado que ofrece
la sensación de estar en una instalación
aeroportuaria. Por su parte, el aparato construido
por Guerra en madera es efectivamente un columpio
que puede ser disfrutado por los más pequeños,
quienes tienen acceso a esta obra sin título
que indudablemente puede convertirse en objeto
deseado por los cacos de la ciudad.
En el exterior se destacan varias piezas. Una
de ellas es la carretilla con dos columnas de
bidones de metal formando dos torres encima de
la plataforma rodante. Los colores rojo y negro
en que ha sido pintada cada columna de tanques,
y el título -Acarreo- que Eduardo Ponjuán
dio a su imaginativa idea, pueden dar pie a más
de una interpretación.
El taller denominado Los carpinteros presenta
tres estructuras de ladrillos denominadas Catedrales
que recrean la figura de tres tipos de destornilladores.
Una singular alegoría a la fantasía
de volar o al sueño que muchos llevan en
su espíritu de experimentar alguna vez
esta maravilla realizada por el hombre, es la
estructura de zinc galvanizado con varias figuras
que incluyen una cafetera, la cabeza en miniatura
de un indio (al parecer el piloto de la quimérica
nave) y un unicornio coronando el montaje del
que no se puede conocer el nombre y autor por
haber sido rota la chapilla de identificación.
Lo mismo ocurre con el tenedor clavado en una
plancha de acero. En este caso quedó la
firma de Malberti y la asociación con aquel
dicho popular de que cuando hay hambre no hay
pan duro.
Resaltan la Erótica 7, de René
Negrín, quien colocó un enorme aro
de acero (simulando tal vez una cámara
de goma) encerrada entre dos columnas de granito,
y el ojo en forma de pez que mira desde la abertura
de un muro, éste construido por Juan Quintanilla,
quien dejó por entero a la imaginación
ajena el nombre de su creación.
Finalmente, se destaca la figura metálica
de José Villa, colocada en la entrada del
museo y que recuerda en algo a la que se alza
en la Plaza José Martí de La Habana.
Pintada completamente de rojo se destaca en uno
de sus peldaños el blanco, que rompe con
la monotonía cromática de la composición.
Este signo y el nombre de Retoño dado a
su instalación pudieran ser indicativos
de la esperanza en algo diferente y pacífico
brotando en un medio donde se impone tanto escarlata.
En fin, son muchas las figuraciones e interpretaciones
que se logran tras visitar cada una de las instalaciones
de Bellas Artes, un ejercicio que ayuda a la sana
distracción y al desarrollo del intelecto.
Si surgen discusiones sobre los criterios que
se cree descubrir en ellas, será una manera
de ejercer el libre pensamiento, algo que tanta
falta nos viene haciendo en nuestro ámbito
social.
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