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HISTORIA
Las culpas de Chibás
Luis Cino
LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) -
Sus ojos miopes tras los gruesos lentes estaban
desenfocados. Bañado en sudor, Eduardo
Chibás hurgaba con manos temblorosas en
su portafolios y en los bolsillos de su guayabera
blanca. Las pruebas que incriminaban a Aureliano
Sánchez Arango no aparecían.
El líder ortodoxo no lo pensó dos
veces. Vehemente, impulsivo, desequilibrado, sacó
la pistola, apuntó a su abdomen y apretó
el gatillo. Los micrófonos de la CMQ llevaron
a todo el territorio nacional la detonación
amplificada la calurosa noche del domingo 6 de
agosto de 1951.
La agonía de Chibás se prolongó
durante 11 días que mantuvieron en vilo
al país. La multitud entristecida que inundó
La Habana para acompañar su cadáver
hasta el cementerio de Colón no sabía
que asistía también al sepelio anticipado
de la democracia republicana y constitucional.
El 15 de mayo de 1947, desilusionados por la
corrupción administrativa del gobierno
de Ramón Grau San Martín, Eduardo
Chibás y otros militantes desprendidos
del gobernante Partido Revolucionario Cubano (Auténtico)
fundaron el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo).
Reclamaban, por medios democráticos, la
restauración del programa revolucionario
de 1933.
Con su lema "Vergüenza contra dinero",
y propugnando la "ideología sin pactos
de la ortodoxia", Chibás prestó
el falsete de su voz estridente y nasal a la frustración
popular. El tono de sus discursos era inusualmente
áspero y brusco. Recogía el clamor
ciudadano contra la corrupción pública.
En un viejo carro descapotable Chibás
solía recorrer La Habana. Indagaba las
opiniones y preocupaciones del hombre común.
De ellos tomaba muchas de sus expresiones. No
reparaba en su crudeza. Más bien le atraían.
Denunciaba "componendas, cambalaches y pactos
de renegados". No escatimaba el calificativo
de ladrón. Describía como una charca
la vida pública. Agredía verbalmente
a ministros que calificaba como "Alí
Baba y los 40 ladrones de la cordialidad".
Su vedettismo político expresaba lo que
la ciudadanía quería escuchar. Su
programa radial, que salía al aire los
domingos al atardecer, competía en rating
con "El derecho de nacer", la novela
de Félix B. Caignet que hacía furor
en todo el continente.
La muerte de Chibás, a sólo unos
meses de las elecciones que probablemente hubiera
ganado supuso un duro golpe para la campaña
ortodoxa.
Fulgencio Batista había regresado al país.
Era el candidato con menos posibilidades de vencer.
El golpe de estado era su último recurso.
El 10 de marzo de 1952, cuando cruzó la
posta de Columbia, inauguró más
de medio siglo de vida nacional sin democracia.
Chibás hizo más daño que
bien. No por su demagogia populista o su ataque
imprudente a las instituciones, sino por su muerte.
Con él como presidente la historia hubiera
sido otra.
La Asamblea Constituyente de 1940, la victoria
auténtica en las elecciones de 1944 y el
proyecto cívico ortodoxo constituyeron
las mayores expresiones de consenso político
del ordenamiento republicano en Cuba.
Chibás, como presidente, no habría
rebasado los limites de la legalidad constitucional
ni de la alternancia de gobiernos legítimamente
electos. Los ortodoxos prometían iniciar
una era de transparencia y honestidad en la vida
pública.
Contradiciendo el relato teleológico e
ideologizante de la historia nacional, según
la revolución de Fidel Castro, el proyecto
ortodoxo triunfante habría significado
otro paso ascendente de la democracia cubana.
El último aldabonazo pretendió
despertar la conciencia de los cubanos. En su
lugar, abrió la puerta al golpe de estado,
la violencia revolucionaria y al totalitarismo.
Chibás, con su espectacular suicidio en
el aire, disparó la primera de las muchas
balas que acribillaron la democracia en Cuba.
El tiroteo aún no cesa.
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