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REPRESION
Ahora no hay huevos
Juan González Febles
LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) -
Héctor Zumbado era un buen humorista y
mejor persona. Hace 25 años fue apaleado
sin piedad. Le sorprendió la Porra que
castigaba a la llamada "escoria" en
los días inciertos de la embajada de Perú
y Mariel.
Zumbado no se recuperó jamás de
la golpiza. Quedó con un daño cerebral
severo. Lo más cruel fue que conservó
la vida. Sólo consiguieron matar su inteligencia.
Pero olvidé lo principal: él no
se iba del país. Creía en Castro.
Fue una "lamentable confusión".
Panchita, la del Cerro, no era humorista, nunca
hizo reír a nadie. Era un cuadro de los
Comités de Defensa de la Revolución
(CDR). Una entusiasta de los mítines de
repudio. Murió atropellada por el automóvil
de alguien a quien acosaba. El pobre hombre, enloquecido
de miedo y desesperación perdió
el control. Pasó con su auto en repetidas
ocasiones sobre Panchita. Un ecuánime agente
de la Seguridad del Estado mató al desesperado
de un pistoletazo. Así restableció
el orden.
Sólo una mente criminal de primer orden
pudo concebir tal horror. Sólo personas
viles fueron capaces de materializarlo. El horror
regresa por sus fueros. Ningún tribunal
en la Isla ha juzgado a los responsables de los
mítines de repudio. Las víctimas
de aquella convulsión fascista no han hallado
justicia. Muchos se llevaron su dolor y la ira
en las embarcaciones que los sacaron de Cuba.
Otros arrastran la vergüenza y el remordimiento
por haber sido verdugos de sus compatriotas.
Los mítines de repudio son una mancha
vergonzosa en la memoria histórica de Cuba.
A nadie en su sano juicio se le hubiera ocurrido
reeditarlos. Pero han vuelto. Regresan convocados
por el odio, la intolerancia y el miedo. El viernes
12 de agosto, aniversario de la caída del
tirano Gerardo Machado, su Porra reverdecida cubrió
a La Habana de vergüenza. Un grupo de opositores
y disidentes permanecen cercados desde ese día
en sus hogares por la Porra castrista.
Se trata de un acto típico de terrorismo
de estado. Un evento organizado hasta en sus más
ínfimos detalles. La Porra recibe meriendas
y refrigerios ligeros en el teatro de sus desmanes,
suministrados por entidades estatales. La compañía
telefónica de capital mixto ETECSA se suma
a la felonía. Los teléfonos de las
víctimas de los progroms habaneros sufren
el corte del servicio momentos antes de la llegada
de la Porra castrista. La fuerza policial brilla
por su ausencia o colabora con la Porra en todo
lo que pueda necesitar.
En medios opositores se especula sobre si el
comienzo de los mítines está siendo
usado por el gobierno para cubrir el destape del
último episodio de corrupción que
involucró a figuras destacadas del gobierno
y dentro del aparato político del Partido
Comunista. El mismo fue dado a conocer en fecha
reciente en La Habana.
Otro motivo sobre el que se especula es que los
mítines de repudio y su restablecimiento
son una suerte de regalo de cumpleaños
al comandante Castro, que cumplió 79 el
13 de agosto.
Un nutrido grupo de opositores, entre los que
se destacan Vladimiro Roca, Hugo Padrón,
Gisela Delgado, Gladis Núñez y Ángel
Pablo Polanco, se encuentran cercados en sus viviendas.
Otros, de forma preferente los participantes del
congreso de mayo, se aprestan a correr igual suerte.
En la turba vociferante que se congregó
frente al domicilio de Vladimiro Roca, un facineroso
preguntó en alta voz: "¿No
hay nada pa´ tirar?"
Otro le respondió: "Ahora no hay
huevos".
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