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RELIGION
La
fiesta de la Asunción de Guanabacoa
Miguel Saludes
LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) -
Las campanas de la parroquia han sido echadas
al vuelo, signo indicativo de que en breves minutos
saldrá la procesión de la Virgen.
La gente comienza a colmar las calles que rodean
el parque de la Iglesia para presenciar ese momento,
una tradición con casi trescientos años
de vida y que los guanabacoenses esperan con orgullo
cada 15 de agosto, día de Nuestra Señora
de la Asunción. Los pobladores de la villa
de Pepe Antonio dan el nombre de la Tutelar a
la advocación mariana que han colocado
como amparo y guía de la localidad.
Al paso de la imagen religiosa, una talla de
belleza impresionante, los de más edad
comienzan a evocar fiestas pasadas. Ese día,
hasta los más pobres vestían sus
mejores galas, y muchos estrenaban la ropa y el
calzado comprado con los ahorros destinados a
ese fin. La figura de la Madre del Señor
también recibía un toque especial
para su fiesta, que era dado en la residencia
de la señora Nieves Lima de Cancio, quien
fuera la camarera de la Virgen hasta que marchó
al exilio. De esta manera se interrumpió
una tradición devenida en hereditaria para
esa familia que tenía a su cuidado una
labor asentada en sus antepasados, llegando casi
a los orígenes de esta devoción
en la villa habanera.
Desde la casa de los Lima, sede actual del Museo
de la localidad, salía vestida la Tutelar
en una procesión primaria que antecedía
a la grande del día 15. La gente afirma
que aquella peregrinación era incomparablemente
más extensa, algo que debió haber
sido extraordinario, pues el recorrido, aún
después de la reducción, dura dos
horas.
Las rememoraciones hablan todavía de los
festejos que se afirma se extendían por
diez días, durante los cuales la población
disfrutaba del jolgorio del baile amenizado por
orquestas disputadas por los casinos, sociedades
y áreas bailables del lugar. Los viejos
bailadores recuerdan a la Sonora Matancera, con
Celia Cruz y Bienvenido Granda en el Casino Español
o la de Antonio María Romeu acompañando
a Barbarito Diez y a Paulina Alvarez en el Liceo
Artístico. En la desaparecida sociedad
de La Liga se podía disfrutar con la Riverside,
Nero Sosa y Luis Santí. La venta abundante
de cerveza embotellada no era motivo de peleas
o escenas desagradables de borracheras como desgraciadamente
suele suceder hoy en actividades donde se oferta
este tipo de bebidas, algo que ya es poco frecuente.
Pero un día se acabaron las procesiones,
los Lima se marcharon del país, y su casa
quedó a disposición de las autoridades
municipales, que por suerte para el inmueble,
decidieron destinarlo a sede del museo local.
Durante años la procesión apenas
fue un recuerdo evocado por los mayores, un rezago
del pasado que las jóvenes generaciones
debían ir borrando.
Pero contrariamente a lo pensado, a medida que
el tiempo pasó fueron esos mismos jóvenes
los que reclamaron la restitución de las
tradiciones religiosas de sus padres y abuelos.
En los ochenta, cuando llegaban estas fechas,
empezaban a circular noticias sobre lo acaecido
en Guanabacoa el día de la Tutelar, donde
a los gritos exigiendo que la Virgen fuera sacada
se movilizaban las fuerzas políticas y
de las turbas progubernamentales. Las cosas no
pasaban de la pulsa verbal.
Después de la visita del Papa a Cuba se
cancelaron algunos vetos y uno de ellos correspondió
al que anulaba esta tradicional muestra de fe
religiosa popular. La Tutelar, como tantas otras
procesiones, volvió a las calles.
Uno de los más espectaculares detalles
del evento es el traslado de la pesada plataforma
con la imagen de la Virgen, muy similar a la que
sale en las procesiones de ciudades españolas.
En otros tiempos los estibadores del puerto eran
los que se hacían cargo de esta faena.
Aquellos fornidos hombres se colocaban bajo el
piso de madera y al caminar parecía que
la imagen de María iba meciéndose
en una barca. Dicen que los cargadores llevaban
consigo unas botellas con aguardiente colgadas
de la parte inferior de la base de las que de
manera mesurada se daban algunos tragos para sacar
fuerzas en la fatigosa marcha.
En esta ocasión los que llevaron las andas
denotaban falta de práctica. Con mucho
esfuerzo y susto por los malos pasos, lograron
cubrir el largo trayecto haciendo varias paradas
en los principales puntos del camino: El Museo,
el Faro, La iglesia de los Escolapios, entre otros.
Claro que sin auxilio de aguardiente.
La parada efectuada frente a la antigua casa
que servía de vestuario a la Asunción
trajo la sorpresa comentada por muchos. Este año
ocurrió un gesto por parte del personal
del museo que fue comentado con agrado por los
vecinos y que de cierta manera dejó abierta
una importante puerta de comunicación.
Una pequeña representación de esta
devoción católica fue colocada en
la puerta del Museo y una empleada entregó
un ramo de mariposas, nuestra flor nacional, para
ser colocada en el trono de la Virgen procesional.
Al concluir la procesión dio comienzo
la Misa, celebrada por el Nuncio Apostólico
Liuggi Bonsái, a quien acompañó
Monseñor Ramón Suárez Polcari,
Vicario episcopal de la diócesis. Junto
a ellos estaban presentes varios sacerdotes, religiosas,
diáconos y fieles habaneros. La homilía
de Monseñor Bonsái, aunque breve,
estuvo cargada de un rico mensaje mariano.
El Nuncio destacó el relieve del patronazgo
que los antepasados escogieron para su pueblo
e iglesia principal. Señaló el Nuncio
el relieve de María como don y muestra
de Dios, modelo al cual todos debemos imitar.
Refiriéndose a cómo debe ser esa
imitación, Monseñor Bonazzi destacó
tres aspectos que la Virgen manifiesta en su vida:
hacerse grande desde la pequeñez, algo
que conlleva el Sí ante la voluntad del
Padre, asumiendo la actitud del servicio amoroso
a los demás. En segundo lugar resaltó
la importancia de la belleza y la santidad que
deben caracterizar al cristiano. Belleza que es
antes que nada una realidad espiritual donde el
alma puede ser rescatada de la fealdad más
terrible si deja que la guié la mano del
Señor. Por su parte, ser santos implica
un andar que debe realizarse cada día en
la subida hacia Dios. En este sentido belleza
y santidad son términos que son equivalentes
y recíprocos, señaló el prelado
italiano.
El tercer y último aspecto está
relacionado con el valor del cuerpo. La inmutabilidad
física de la promesa de Dios se puede contemplar
en el privilegio concedido a María en su
Asunción, manifestó el representante
del Papa, siendo éste uno de los valores
extraordinarios que la religión cristiana
atribuye al cuerpo. Recordó igualmente
que todos estos valores deben marcar los tiempos
difíciles que corren, donde el egoísmo
y el hedonismo parecen ser más fuertes
que la verdad, el amor y la fraternidad.
Respecto al cuerpo, el Nuncio apeló a
la necesidad de honrar la entidad femenina, tratada
como una mercancía y objeto de deseo, asunto
denunciado por Juan Pablo II cuando llamaba a
descubrir a través del misterio de la Asunción
el destino sobrenatural y sagrado del cuerpo humano
que participa de la dignidad y gloria divina.
Por esa razón, el Santo Padre proclamó
que el cristiano debe descubrir ese valor en sí
mismo para esmerarse en cuidarlo como un templo
propio y protegerlo en los demás.
Monseñor Luiggi invitó a todas
las mujeres, en especial a las de nuestra sociedad
y con ellas también a los hombres, para
que traten siempre a los demás y a su vez
se hagan tratar ellos mismos, como hijos de Dios,
de la misma manera que lo hizo María, pues
es a través de los hombres y mujeres del
mundo que la Madre del Señor desea hacerse
presente.
Finalmente, el Nuncio alzó su oración
para pedir a María que nos haga crecer
cada día en la práctica del Evangelio
para como ella hacernos inmaculados en la práctica
de la caridad, en el servicio alegre, el amor
gratuito y generoso, y en la confirmación
de una gran verdad: todo pasa y sólo el
amor permanece.
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