PRENSA INDEPENDIENTE
Agosto 16, 2005
 

ECONOMIA
Dialéctica de una catástrofe (II y final)

Oscar Espinosa Chepe

LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) - En el contexto de la acumulación de los problemas y menesterosidad en la sociedad cubana, se observa un incremento notable del disgusto de la población ante un drama al parecer insoluble.

Ellos se manifiesta en el ostensible florecimiento de acciones contestatarias, en su mayoría espontáneas, provocadas por el aumento de las escaseces y las prohibiciones, en un marco de continuos cortes de electricidad debido a la obsolescencia de un sistema energético nacional cuasi colapsado. Como nunca antes, pululan chistes irreverentes hacia figuras gubernamentales, así como críticas dirigidas al sistema, efectuadas a viva voz por ciudadanos corrientes en lugar públicos, con la anuencia de los receptores.

En oportunidades, durante los prolongados apagones, piedras y otros objetos contundentes han sido lanzados contra las vidrieras de las "shoppings" y otros establecimientos estatales. Además, en algunos lugares airados ciudadanos han protestado colectivamente, molestos por la carencia de electricidad, alimentos, agua y otros vitales suministros, lo cual representa una situación inédita en una sociedad que, salvo contadas excepciones, ha estado férreamente controlada y amordazada.

Ante un clima social que a más largo plazo podría desembocar en conflictos más serios, el gobierno, en lugar de ir a la raíz de los problemas, un sistema caduco y rebosante de contradicciones, y por lo menos instrumentar algunas reformas como las llevadas a cabo exitosamente por China y Viet Nam, ha optado por la represión.

La respuesta gubernamental ha sido el incremento de las detenciones de pacíficos disidentes, y el acoso a ciudadanos que sólo aspiran a una Cuba democrática, donde se respeten los derechos humanos, mediante turbas paramilitares organizadas para esos fines, que hacen recordar la "porra" machadista.

Como en otras oportunidades, la represión, aunque la sufren directamente los disidentes y opositores, está dirigida para aterrorizar a la población, y muy en especial a los sectores que durante muchos años apoyaron la revolución.

Los especialistas en represión del régimen, duchos en la materia, conocen mejor que nadie que el verdadero peligro de una explosión social yace en el pueblo, y que la disidencia y la oposición son únicamente un factor de fermentación de un proceso determinado por la crisis terminal del sistema.

Ahora debería quedar claro para algunos ingenuos que la permisibilidad mostrada por el régimen ante la Asamblea efectuada el pasado 20 de mayo no fue más que simple cálculo político, sin intención alguna de retroceder un ápice en su actitud agresiva e intolerante. Sus motivos, como han explicado recientemente altas personalidades gubernamentales, fueron no desviar la atención nacional e internacional de una campaña mediática realizada en aquel momento (caso Posada Carriles y otros hechos relacionados con el terrorismo en América Latina), y la acumulación de pruebas falsas para acusar a la disidencia y la oposición en su conjunto de apoyar el embargo y otras medidas de las autoridades de Estados Unidos, cuando es conocido que la mayoría de las personas pertenecientes al sector contestatario de la sociedad cubana, a la vez que reclaman la comprensión y la solidaridad internacional, rechazan la intromisión extranjera en nuestros asuntos. Factor distorsionante que en términos reales representa un apoyo al totalitarismo, brindándole el necesitado enemigo y los pretextos para justificar el inmovilismo y la represión.

No resulta casual que en el discurso central por la conmemoración del 52 aniversario del asalto al cuartel Moncada el pasado 26 de julio, se afirmara que todos los disidentes son partidarios del bloqueo, como las autoridades cubanas definen el embargo. Una conocida y repetida táctica para manipular, en especial, a la desinformada opinión pública interna, con el propósito de aprovechar el sentimiento nacionalista.

Desgraciadamente, por si fuera poco, de nuevo vemos pasos desacertados de la administración norteamericana, que lejos de promover la democracia en Cuba llevan agua al molino del totalitarismo. Ya no sólo se refuerza el embargo y la Ley Helms-Castro, como una conocida politóloga cubanoamericana la ha bautizado, sino además recientemente ha sido designado un Coordinador para la Transición Cubana, como resultado, se dice, de las recomendaciones enviadas al ejecutivo por la Comisión para la Asistencia a una Cuba Libre. Decisión carente de simpatías en el pueblo cubano, y que inmediatamente ha sido rechazada por varios líderes de la disidencia y la oposición dentro de la Isla, firmemente convencidos de que "la transición en Cuba corresponde definirla, protagonizarla, organizarla y coordinarla a nosotros los cubanos".

De todas formas, a pesar de coyunturas económicas momentáneas, las subvenciones de una nueva "Unión Soviética" y la cooperación política enemiga, la acumulación de desaciertos y contradicciones hace que el círculo vital de un proceso que concitó tantas esperanzas en sus inicios esté en su etapa terminal, convertido en su exacta negación.


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