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ECONOMIA
Dialéctica
de una catástrofe (I)
Oscar Espinosa Chepe
LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) -
La sociedad cubana, después de 15 años
de crisis profunda y continuada, se desliza en
todos los campos hacia niveles extremadamente
peligrosos. Los problemas económicos, políticos
y sociales, acumulados y sin resolverse, además
de crecer adoptan formas y contenidos cualitativos
más complejos y, por consecuencia, de más
difícil solución.
Las autoridades, en vez de comprender que el
sistema estatista, impuesto a la fuerza durante
tanto tiempo, es el causante directo de que la
crisis social esté proyectándose
cada vez con mayor fuerza por un plano inclinado
conducente a la catástrofe, increíblemente
optan no sólo por mantenerlo, sino por
fortalecer sus aspectos más odiosos y perversos.
En el terreno económico, desde hace meses
está presente un proceso de recentralización
de las decisiones. Las empresas tienen que entregar
todas las divisas (incluidos los pesos convertibles)
a una cuenta común en el Banco Central
de Cuba. Sus directores están obligados
a pedir permiso, a la misma institución,
para firmar contratos con socios extranjeros -salvo
algunas excepciones-, con lo cual el llamado Perfeccionamiento
Empresarial vigente con anterioridad para implementar
algunas medidas tímidas encaminadas a flexibilizar
la gestión de las empresas estatales quedó
virtualmente inoperante.
En el comercio exterior existe una remonopolización.
Este "reordenamiento" -como se llama
oficialmente a esta operación- ha significado
que de 192 empresas anteriormente autorizadas
a importar, sólo han quedado 89, concentrándose
el 67% de las compras en 23 entidades.
Paralelamente, ocurre un reforzamiento del cierre
de los pequeños espacios abiertos a la
iniciativa individual a mediados de la década
de 1990. En la ciudad de La Habana, a dos mil
personas se les ha retirado las licencias para
ejercer el trabajo por cuenta propia en los últimos
meses, según fuentes oficiales. Fenómeno
acompañado de la decisión de liquidar
las inversiones extranjeras pequeñas y
medianas.
Estas políticas destruyen un tejido social
creado al amparo de los pequeños negocios
particulares y las pequeñas y medianas
empresas extranjeras, contratadotas de personal
cubano, con el resultado de muchas personas desempleadas
y sumergidas abruptamente en la precariedad.
Factores externos, favorables ciertamente para
la economía cubana, concurren desde hace
meses. Una coyuntura poco sólida y terminable
en cualquier momento, basada particularmente en
el suministro de petróleo subvencionado
y otros recursos materiales y financieros por
parte de Venezuela, a lo cual se unió una
cotización elevada del níquel en
los mercados internacionales, estimuló
las inversiones directas de procedencia china
y canadiense para la ampliación de las
capacidades de procesamiento del mineral.
A pesar de estos elementos positivos, vigentes
en un escenario signado por el fortalecimiento
de los mecanismos de control estatista, con sus
secuelas de ineptitud e ineficiencia, nada han
representado para el mejoramiento del nivel de
vida de la población. Por el contrario,
lo percibido por el cubano es un continuado deterioro,
con una dinámica dirigida al empeoramiento,
debido a la empecinada negativa oficial a efectuar
cambios en un modelo inservible. Criterio compartido
hoy mayoritariamente por la población,
incluidos sectores durante muchos años
hechizados por un proyecto que prometía
hacer de Cuba un paraíso, y que ahora ha
terminado en un infierno.
Sueños y esperanzas han quedado atrás.
De un proceso inspirador de la inmensa mayoría
de los cubanos, en un grado jamás visto
en la región, sólo queda el sabor
amargo de la decepción.
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