|
CORRUPCION
Lavar la leche
Juan González Febles
LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) -
Niurka Brito afirmó con toda su ingenuidad
que creyó hasta este día en la equidad
y la honradez de las autoridades castristas. La
joven abogada, de treinta y siete años,
denunció la mañana del 9 de agosto
un sórdido y abultado caso de corrupción.
Lo hizo ante periodistas extranjeros acreditados
y una representación de la prensa independiente.
La señora Brito es abogada, especialista
en delitos contra la economía. Ejercía
como directora comercial de la Empresa de Productos
Lácteos de Ciudad de La Habana. Al producirse
los hechos, fungía, además, como
reserva estatal del director en la ciudad.
Durante la conferencia
que ofreció en su domicilio, en la calle
Carlos III, en el capitalino municipio Centro
Habana, denunció delitos que van desde
la comercialización ilícita de 34.65
toneladas de leche en polvo -altamente deficitaria-,
116 toneladas de cotiledón de soya para
la elaboración de yogur, combustible, helados
y los sobornos correspondientes en amplios niveles
de la administración estatal.
En la declaración escrita que entregó
a los profesionales de la prensa convocados afirma:
"El director de la empresa Pablo Estévez
me llama a la oficina y me informa que sabía
que yo había denunciado el hecho y que
eso me costaría caro. Que ni churros vendería
por el resto de mi vida".
Brito denunció el hecho ante el primer
secretario del gobernante Partido Comunista de
Ciudad de La Habana, Pedro Sáez Montero.
Ante el vicepresidente del gobierno de la ciudad,
conocido por "Yoyi". También
lo puso en conocimiento de la fiscalía
provincial y los departamentos del Ministerio
del Interior que atienden estas irregularidades.
Según relata Brito, cada uno de los funcionarios
que conocen de la situación evade tomar
medidas dirigidas a esclarecerla. Los esfuerzos
se encaminan a silenciar a la denunciante, y sobre
todas las cosas, desestimular a cualquiera que
en el futuro intente exponer, a través
de las vías establecidas para ello, cualquier
hecho de características similares.
La señora Brito puso el caso en conocimiento
del capitán Nápoles, del Departamento
Técnico de Investigaciones (DTI) de la
Policía Nacional Revolucionaria. También
del famoso coronel Monte, de la policía
política. Este coronel es uno de los jefes
del enclave represivo Villa Marista, sede de la
Seguridad del Estado castrista. Allí se
ocupa de información y análisis.
Yamilda, la fiscal jefa en el órgano provincial,
y la jefa del grupo de verificación fiscal,
María Elena, pidieron a la denunciante
Brito que les hiciera llegar una denuncia anónima.
Esto, según las letradas, "facilitaría
las cosas".
El otrora adusto y severo fiscal de la república,
el célebre Juan Escalona Reguera, rehusó
proceder. No concedió entrevistas a la
señora Brito y se desatendió de
forma ostensible del caso.
Uno de los principales encartados, Juan José
González del Toro, conoció inexplicablemente
del proceso investigativo y abandonó el
país de forma clandestina. En la actualidad
se encuentra en los Estados Unidos.
La eficiencia de los órganos policiales
castristas fracasó en retener dentro de
las fronteras nacionales a del Toro, una de las
piezas fundamentales para la aclaración
de los hechos. Su compañera lo siguió
poco después, y se encuentra presumiblemente
en México. Este individuo trabajaba en
el almacén y se desempeñaba como
segundo jefe del mismo.
Niurka Brito teme la reacción de los implicados
en su denuncia. Ha recibido amenazas contra su
integridad física y la de sus hijos menores.
Manifiesta sentirse aterrada porque las autoridades
no le han brindado protección. De hecho,
la dejaron cesante, y amenazada con que jamás
ejercerá su oficio.
El director de la empresa sugirió que
la solución fácil sería "lavar
la leche". Esto es arreglar las cosas trucando
papeles. Niurka lo hizo difícil. En su
ingenuidad creyó en la equidad y la conducta
ética de los funcionarios gubernamentales.
Bienvenida al mundo real, Niurka.
Denuncia
de corrupción - Conferencia de prensa de la doctora
Niurka Brito
|