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DESDE
LA CARCEL
Mi enfisema pulmonar
José Ubaldo Izquierdo Hernández,
prisionero político y de conciencia condenado
a 16 años.
PENITENCIARÍA DE GUANAJAY, Cuba - Agosto
(www.cubanet.org) - "Enfisema pulmonar",
diagnosticó el galeno, integrante de aquella
comisión médica precipitada que
organizó el gobierno cubano para "auxiliar"
el estado de salud de 62 de los 75 disidentes
encarcelados en la primavera de 2003. Era, sin
dudas, la antesala de un teatro preparado para
que la Unión Europea disfrutara, una vez
más, de las ya acostumbradas obras de humor
negro al clásico estilo del comunismo a
la cubana.
Nunca imaginé que a partir de aquel 26
de noviembre de 2004, cuando fui trasladado al
Hospital Nacional de Reclusos (H.N.R.) para que
me realizaran el mencionado chequeo, mis pulmones
ya no funcionaban igual que antes de ser injustamente
encarcelado.
"José Ubaldo, debes dejar de fumar,
pues en tu examen de Rayos X y toráxico
detectamos un enfisema agudo de pulmón",
me comunicó el facultativo al evaluar el
resultado final de aquel atropello de "chequeo
general" que, además, me diagnosticó
una gastritis erosiva en el estómago.
"¡Pero, si nunca he fumado, doctor!",
repliqué, extrañado ante la recomendación
de dejar el cigarrillo. Desde esa fecha, otra
nueva enfermedad me haría vivir para siempre
con la inmensa preocupación de que mi salud
se estaba deteriorando.
Los casi 28 meses de reclusión en húmedas
celdas e inhóspitas galeras, obligado a
convivir entre una prole de empedernidos fumadores
han influido ostensiblemente en la agudización
de mis problemas respiratorios, antecedidos por
una asma bronquial que me hace cliente vitalicio
de aerosoles y de los siempre peligrosos esteroides
anabólicos.
Más ahora, con este enfisema que de por
sí es incurable y que no sé a ciencia
cierta dónde irá a parar, con la
constante falta de aire, continua expectoración
y coriza molesta que, gracias al uso diario de
antialérgicos puedo a veces controlar,
me convencen de que mi estado de salud anda de
mal en peor, y que quizás cuando el régimen
castrista decida excarcelarme, un cáncer
pulmonar sea el causante de paralizar para siempre
un corazón con inmensos deseos de seguir
latiendo.
Lo puedo notar en mi caminar diario, en esas
escaleras que obligatoriamente debo bajar y subir
para cargar el agua que necesito para beber, lavar
y bañarme, y que también es parte
del ineficiente y deteriorado sistema penitenciario
en la Cuba de Fidel Castro. También lo
palpo en el abusivo consumo de mi inseparable
spray de Salbutamol que me provoca una taquicardia
endemoniada, o en esas tabletas de Aminofilina,
causantes de mi alivio, pero también de
un temblor en mis manos imposible de calmar.
Los casi dos años y medio de una sub alimentación
propia de cerdos, han contribuido mucho a la agudización
de mis padecimientos estomacales, a tal punto
que mis evacuaciones son regularmente, acuosas,
obligándome a hacer constante uso de anti-diarreicos,
y a alimentarme con comida que me suministra mi
humilde familia.
Así transcurre mi vida en la cárcel
cubana de Guanajay, lugar donde la salud del ser
humano es algo propio de una novela de ficción,
donde poco o nada importas como recluso, porque
en mi Cuba el reo es como esa especie de ganado
al que encierran en un corral o un establo, y
es alimentado o sub-alimentado con una ración
inapetente de pura bazofia, y a la que aquí
se han empeñado en llamar "alimentación
adecuada y suficiente".
¡Cuánta injusticia, dolor y sufrimiento
soportamos quienes en esta bella isla guardamos
prisión por luchar contra un régimen
agonizante y lleno de odio, venganza y rencor
desbordantes!
El mundo entero conoce bien lo heroico y justo
de nuestra lucha, y más temprano que tarde
la razón se abrirá paso para que
la justicia divina ponga su mano sobre quienes,
con odio en sus corazones, llenan de infelicidad
a once millones de seres humanos.
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