PRENSA INDEPENDIENTE
Agosto 2 , 2005
 

HISTORIA
Un pedazo de nuestra historia en la fachada de un edificio

Miguel Saludes

LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) - Los que se adentran hacia la Habana Vieja por la calle Mercaderes pueden encontrar una curiosidad artística incluida en el paisaje local desde hace poco tiempo. Un enorme y didáctico mural contiene un conglomerado de personalidades del siglo XIX cuya impronta dio origen y fundamento a nuestra nacionalidad. La obra, superpuesta sobre la pared de una vieja edificación, reproduce la fachada de la casona situada frente a ella, sometida en estos momentos a un intenso trabajo de reconstrucción.

El edificio en cuestión es la casa del Conde de Arcos, que a mediados de los ochocientos fue sede del Correo y del Liceo Artístico Literario de La Habana. La reproducción pone de manifiesto el esplendor de la casa colonial y la animación que le dieron los hombres y mujeres que en esa época contribuyeron con su arte, ciencia y espiritualidad a la edificación de los cimientos de nuestra Casa mayor.

El autor, Andrés Carrillo, apoyado por un amplio equipo de arquitectos, pintores y constructores, reprodujo en sus mínimos detalles a esos importantes personajes de nuestra historia y aunque realmente no todos los que ha sido llevados a la pared tuvieron que ver con la institución cultural, apareciendo más bien en virtud de una licencia del artista, su inclusión resalta lo inestimable de su aporte a nuestra conciencia de nación.

Muchos de los que integran el mural apenas son conocidos en la actualidad, otros ni siquiera ocupan un sitio en nuestras clases de historia de Cuba. Los más conocidos son Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramonte y Félix Varela. Entre los más destacados y que no por ello los más reconocidos, se encuentran las estampas de José Antonio Saco, gran polemista, escritor, sociólogo, historiador, de ideario anti anexionista que legó a la posteridad el primer intento por definir nuestra nacionalidad; José María Heredia, abogado, escritor, el exiliado que compuso el Himno del desterrado, con el que en la actualidad se identifican tantos cubanos en la misma situación.

Están José Jacinto Milanés, el obispo Juan José Díaz Espada y Landa, José de la Luz y Caballero, maestro de maestros, pensador de frases tan bellas como la que expresa: "Otros amen la ira y la tiranía, el cubano es capaz del amor que hace perdurable la libertad". La lista es extensa y abarcadora: Cirilo Villaverde, Rafael María de Mendive, José Fornaris, fundador del siboneyismo en la poesía cubana, Antonio Bachiller y Morales, Gertrudis Gómez de Avellaneda, a quien los prejuicios de su tiempo impidieron ocupar el asiento en la Real Academia de Española de la Lengua; Felipe Poey, Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido) y el llamado paganini cubano Claudio José Domingo Bridis de Salas.

Al desfile se une María de las Mercedes Santa Cruz y Cárdenas (Condesa de Merlín) Miguel Teurbe Tolón, Juan Bautista Vermay, José Joaquín Palma, Juan Clemente Zenea, Rafael Morales y González, maestro y patriota; Domingo del Monte y Luisa Pérez de Zambrana, junto a su esposo Ramón Zambrana.

Entre los menos conocidos están nombres como los de José Ignacio Acosta, José Joaquín Luaces, Manuela de Agramonte y Zayas, Cecilia Porras Pita, hasta sumar sesenta y siete personalidades.

El Liceo literario no debe ser confundido con la Academia Cubana de Literatura, institución de efímera vida creada por varios miembros de la comisión literaria de la Sociedad Económica de Amigos del País y que por presiones políticas y recelos tuvo que cerrar sus puertas en 1834, un año después de ser ianugurado.

El Liceo que acogió la casa del conde Arcos se funda el 15 de septiembre de 1844 a iniciativa de José de Imaz, José Miró y Ramón Pintó, que como miembros de la Sociedad Filarmónica Santa Cecilia, fundada en 1829, solicitaron al gobernador de la isla la transformación de la misma en Liceo, el cual va a perdurar desde ese año hasta 1869. Se estableció en la calle Mercaderes No. 97, estructurado bajo el patronato del Capitán General de la isla y su objetivo estuvo orientado al fomento de las letras y las bellas artes, y a la vez a dar a sus asociados distracciones y entretenimientos.

Ofreció clases de diversas materias, tanto humanísticas como científicas, procuró becas para alumnos pobres, organizó exposiciones, cursos de idiomas, juegos florales y otras actividades. Contaba con las secciones de Literatura y Lenguas, (Literatura propiamente, historia de la literatura, Griego, Latín, Francés, Inglés, Alemán, Teneduría de libros); ciencias (Matemáticas, Dinámica, Física, Química, Mineralogía, Botánica, Zoología, Anatomía, Higiene, frenología, Psicología y Moral). Música, (Solfeo, Piano y Canto); Pintura, Escultura y Arquitectura (Paisajística, Arquitectura y perspectiva, Dibujo, Modelo natural) y Declamación (Historia relativa a la declamación y Declamación).

Las cátedras contaban con renombrados profesores, entre los cuales aparecen Felipe Poey, Nicolás Gutiérrez, Julio Jacinto Le Riverand, Antonio Franchi de Alfaro, Blas Millán, Federico Malhe y Emidio Auber. Mantenía en beneficio público clases gratuitas de arquitectura, dibujo, idiomas, física, esgrima, grabado, higiene, literatura, historia natural, música, pintura y otras especialidades pero de esto estaban excluidos los negros, al menos en los comienzos del liceo, no así los blancos pobres y de buenas costumbres, como se señala en el informe redactado un año después de abrir sus puertas.

Su primer presidente fue José María Herrera y Herrera, conde de Fernandina, y entre sus secretarios estuvo Rafael María de Mendive. Los contribuyentes son socios, hombres ilustres y de gobierno. Uno de ellos era el Marqués de Arcos. Otros que se destacaron fueron el marqués de Aguas Claras, Anacleto Bermúdez, José Antonio Echevarría, Los hermanos Osés, el Conde de O'Reilly, el conde de Santovenia y el de Villanueva.

El Liceo contó con su propia prensa. Entre agosto de 1848 y noviembre de 1849 apareció El Artista, órgano oficial de esta institución, donde se publicaron los trabajos correspondientes a la Sección de Literatura. Más tarde, en 1858, comenzó a publicarse, irregularmente, El Liceo de La Habana, también órgano de la sociedad. El 27 de enero de 1860, bajo el auspicio del liceo se celebró la coronación de Gertrudis Gómez de Avellaneda en el Teatro Tacón.

Este local, centro principal de vida artística y literaria habanera durante muchos años, fue adquirido por la institución para efectuar sus actividades culturales y como fuente de sustentación económica.

Del informe redactado por la directiva del Liceo en su primer año de actividades se puede deducir que en La Habana de 1846 existía florecimiento en cuanto a obras públicas, producciones mercantiles y fabriles determinando en el avance cultural de un sector apreciable de su sociedad, influenciado por la inmigración de un creciente número de europeos que cada año se avecindaban en la capital. Al parecer existía una preocupación por la tendencia de la población blanca en procurar mano de obra esclava para descansar en ellos todo el peso del trabajo. Se pregunta el redactor del informe cómo era posible que existieran blancos que no fueran capaces de ganarse su sustento cuando un africano, al que adjetiva de salvaje y hombre máquina, lo puede hacer con sólo su fuerza bruta.

El estallido de la Guerra de los Diez Años fue la causa del cierre del Liceo Artístico y Literario, que ya venía sufriendo un proceso de paulatina decadencia en los años previos al 68. La gesta independentista determinó que muchos de sus miembros abandonaran el país o se incorporaran al Ejército Libertador, por lo que el 25 de abril de 1869 dejó oficialmente de existir.

BIBLIOGRAFÍA

Informes de las tareas artísticas literarias del Liceo de La Habana desde el 1 de noviembre de 1845 al 1 de noviembre de 1846.
Constituciones del Liceo Artístico y Literario de La Habana. La Habana, Imp. del Gobierno por S.M., 1848. Informe de las tareas artísticas y literarias del Liceo de La Habana en el año 1848. Con un resumen de las cuentas de su administración. La Habana, Imp. del Gobierno y de la Capitanía General por S. M., 1848. Llaverías, Joaquín. "Prefacio", en Catálogo de los fondos del Liceo Artístico y Literario de La Habana. La Habana, Publicaciones del Archivo Nacional de Cuba, 1944, p. V-XXI.
Diccionario de la Literatura Cubana, 2005


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