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HISTORIA
Un pedazo de nuestra historia en la fachada de
un edificio
Miguel Saludes
LA HABANA, Cuba - Agosto (www.cubanet.org) -
Los que se adentran hacia la Habana Vieja por
la calle Mercaderes pueden encontrar una curiosidad
artística incluida en el paisaje local
desde hace poco tiempo. Un enorme y didáctico
mural contiene un conglomerado de personalidades
del siglo XIX cuya impronta dio origen y fundamento
a nuestra nacionalidad. La obra, superpuesta sobre
la pared de una vieja edificación, reproduce
la fachada de la casona situada frente a ella,
sometida en estos momentos a un intenso trabajo
de reconstrucción.
El edificio en cuestión es la casa del
Conde de Arcos, que a mediados de los ochocientos
fue sede del Correo y del Liceo Artístico
Literario de La Habana. La reproducción
pone de manifiesto el esplendor de la casa colonial
y la animación que le dieron los hombres
y mujeres que en esa época contribuyeron
con su arte, ciencia y espiritualidad a la edificación
de los cimientos de nuestra Casa mayor.
El autor, Andrés Carrillo, apoyado por
un amplio equipo de arquitectos, pintores y constructores,
reprodujo en sus mínimos detalles a esos
importantes personajes de nuestra historia y aunque
realmente no todos los que ha sido llevados a
la pared tuvieron que ver con la institución
cultural, apareciendo más bien en virtud
de una licencia del artista, su inclusión
resalta lo inestimable de su aporte a nuestra
conciencia de nación.
Muchos de los que integran el mural apenas son
conocidos en la actualidad, otros ni siquiera
ocupan un sitio en nuestras clases de historia
de Cuba. Los más conocidos son Carlos Manuel
de Céspedes, Ignacio Agramonte y Félix
Varela. Entre los más destacados y que
no por ello los más reconocidos, se encuentran
las estampas de José Antonio Saco, gran
polemista, escritor, sociólogo, historiador,
de ideario anti anexionista que legó a
la posteridad el primer intento por definir nuestra
nacionalidad; José María Heredia,
abogado, escritor, el exiliado que compuso el
Himno del desterrado, con el que en la actualidad
se identifican tantos cubanos en la misma situación.
Están José Jacinto Milanés,
el obispo Juan José Díaz Espada
y Landa, José de la Luz y Caballero, maestro
de maestros, pensador de frases tan bellas como
la que expresa: "Otros amen la ira y la tiranía,
el cubano es capaz del amor que hace perdurable
la libertad". La lista es extensa y abarcadora:
Cirilo Villaverde, Rafael María de Mendive,
José Fornaris, fundador del siboneyismo
en la poesía cubana, Antonio Bachiller
y Morales, Gertrudis Gómez de Avellaneda,
a quien los prejuicios de su tiempo impidieron
ocupar el asiento en la Real Academia de Española
de la Lengua; Felipe Poey, Gabriel de la Concepción
Valdés (Plácido) y el llamado paganini
cubano Claudio José Domingo Bridis de Salas.
Al desfile se une María de las Mercedes
Santa Cruz y Cárdenas (Condesa de Merlín)
Miguel Teurbe Tolón, Juan Bautista Vermay,
José Joaquín Palma, Juan Clemente
Zenea, Rafael Morales y González, maestro
y patriota; Domingo del Monte y Luisa Pérez
de Zambrana, junto a su esposo Ramón Zambrana.
Entre los menos conocidos están nombres
como los de José Ignacio Acosta, José
Joaquín Luaces, Manuela de Agramonte y
Zayas, Cecilia Porras Pita, hasta sumar sesenta
y siete personalidades.
El Liceo literario no debe ser confundido con
la Academia Cubana de Literatura, institución
de efímera vida creada por varios miembros
de la comisión literaria de la Sociedad
Económica de Amigos del País y que
por presiones políticas y recelos tuvo
que cerrar sus puertas en 1834, un año
después de ser ianugurado.
El Liceo que acogió la casa del conde
Arcos se funda el 15 de septiembre de 1844 a iniciativa
de José de Imaz, José Miró
y Ramón Pintó, que como miembros
de la Sociedad Filarmónica Santa Cecilia,
fundada en 1829, solicitaron al gobernador de
la isla la transformación de la misma en
Liceo, el cual va a perdurar desde ese año
hasta 1869. Se estableció en la calle Mercaderes
No. 97, estructurado bajo el patronato del Capitán
General de la isla y su objetivo estuvo orientado
al fomento de las letras y las bellas artes, y
a la vez a dar a sus asociados distracciones y
entretenimientos.
Ofreció clases de diversas materias, tanto
humanísticas como científicas, procuró
becas para alumnos pobres, organizó exposiciones,
cursos de idiomas, juegos florales y otras actividades.
Contaba con las secciones de Literatura y Lenguas,
(Literatura propiamente, historia de la literatura,
Griego, Latín, Francés, Inglés,
Alemán, Teneduría de libros); ciencias
(Matemáticas, Dinámica, Física,
Química, Mineralogía, Botánica,
Zoología, Anatomía, Higiene, frenología,
Psicología y Moral). Música, (Solfeo,
Piano y Canto); Pintura, Escultura y Arquitectura
(Paisajística, Arquitectura y perspectiva,
Dibujo, Modelo natural) y Declamación (Historia
relativa a la declamación y Declamación).
Las cátedras contaban con renombrados
profesores, entre los cuales aparecen Felipe Poey,
Nicolás Gutiérrez, Julio Jacinto
Le Riverand, Antonio Franchi de Alfaro, Blas Millán,
Federico Malhe y Emidio Auber. Mantenía
en beneficio público clases gratuitas de
arquitectura, dibujo, idiomas, física,
esgrima, grabado, higiene, literatura, historia
natural, música, pintura y otras especialidades
pero de esto estaban excluidos los negros, al
menos en los comienzos del liceo, no así
los blancos pobres y de buenas costumbres, como
se señala en el informe redactado un año
después de abrir sus puertas.
Su primer presidente fue José María
Herrera y Herrera, conde de Fernandina, y entre
sus secretarios estuvo Rafael María de
Mendive. Los contribuyentes son socios, hombres
ilustres y de gobierno. Uno de ellos era el Marqués
de Arcos. Otros que se destacaron fueron el marqués
de Aguas Claras, Anacleto Bermúdez, José
Antonio Echevarría, Los hermanos Osés,
el Conde de O'Reilly, el conde de Santovenia y
el de Villanueva.
El Liceo contó con su propia prensa. Entre
agosto de 1848 y noviembre de 1849 apareció
El Artista, órgano oficial de esta institución,
donde se publicaron los trabajos correspondientes
a la Sección de Literatura. Más
tarde, en 1858, comenzó a publicarse, irregularmente,
El Liceo de La Habana, también órgano
de la sociedad. El 27 de enero de 1860, bajo el
auspicio del liceo se celebró la coronación
de Gertrudis Gómez de Avellaneda en el
Teatro Tacón.
Este local, centro principal de vida artística
y literaria habanera durante muchos años,
fue adquirido por la institución para efectuar
sus actividades culturales y como fuente de sustentación
económica.
Del informe redactado por la directiva del Liceo
en su primer año de actividades se puede
deducir que en La Habana de 1846 existía
florecimiento en cuanto a obras públicas,
producciones mercantiles y fabriles determinando
en el avance cultural de un sector apreciable
de su sociedad, influenciado por la inmigración
de un creciente número de europeos que
cada año se avecindaban en la capital.
Al parecer existía una preocupación
por la tendencia de la población blanca
en procurar mano de obra esclava para descansar
en ellos todo el peso del trabajo. Se pregunta
el redactor del informe cómo era posible
que existieran blancos que no fueran capaces de
ganarse su sustento cuando un africano, al que
adjetiva de salvaje y hombre máquina, lo
puede hacer con sólo su fuerza bruta.
El estallido de la Guerra de los Diez Años
fue la causa del cierre del Liceo Artístico
y Literario, que ya venía sufriendo un
proceso de paulatina decadencia en los años
previos al 68. La gesta independentista determinó
que muchos de sus miembros abandonaran el país
o se incorporaran al Ejército Libertador,
por lo que el 25 de abril de 1869 dejó
oficialmente de existir.
BIBLIOGRAFÍA
Informes de las tareas artísticas
literarias del Liceo de La Habana desde el 1 de
noviembre de 1845 al 1 de noviembre de 1846.
Constituciones del Liceo Artístico y Literario
de La Habana. La Habana, Imp. del Gobierno por
S.M., 1848. Informe de las tareas artísticas
y literarias del Liceo de La Habana en el año
1848. Con un resumen de las cuentas de su administración.
La Habana, Imp. del Gobierno y de la Capitanía
General por S. M., 1848. Llaverías, Joaquín.
"Prefacio", en Catálogo de los
fondos del Liceo Artístico y Literario
de La Habana. La Habana, Publicaciones del Archivo
Nacional de Cuba, 1944, p. V-XXI.
Diccionario de la Literatura Cubana, 2005
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