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Los
llaveros de Praga
Por Marcos Aguinis, Para La
Nación Line, Argentina, 30 de septiembre
de 2004.
PRAGA - Vaclav Havel, ex presidente de Checoslovaquia
y primer presidente de la República Checa,
goza de un sólido prestigio moral dentro
de su país y fuera de él. Subió
al podio del Senado checo para clausurar la cumbre
convocada por el Comité Internacional para
la Democracia en Cuba, una entidad que él
mismo constituyó, con personalidades de
un amplio espectro político de todo el
mundo. Nos invitó en forma personal a cada
uno de sus integrantes; fue asistido por la meritoria
ONG People in Need y por el Parlamento checo.
Como en todas sus apariciones anteriores, lo recibió
una apasionada ovación.
Su rostro bondadoso mostraba una tierna y confiada
sonrisa. Lo contemplábamos desde el salón,
atestado de ex presidentes, ex primeros ministros,
legisladores, diplomáticos, políticos,
intelectuales y periodistas de América
latina, Canadá, Estados Unidos y Europa.
Conmovió con su discurso final -breve,
pero restallante de significación-, porque
evocó los históricos llaveros de
Praga. La gente que había vivido aquella
gesta extrajo, entonces, sus llaveros y los empezó
a hacer sonar en el recinto. Así fue como
comenzó la "revolución de terciopelo".
Sin violencia, pero con tenacidad, esos llaveros
terminaron por derrumbar la asfixiante tiranía
comunista.
Resulta que en checo no se redondea una historia
con el hispánico "colorín colorado,
este cuento se ha terminado", sino con "suena
la campana, este cuento se acaba". Como los
disidentes no disponían de campanas, apelaron
a los llaveros. Por toda Praga se elevó
el retintín de las pequeñas piezas
de metal, que creció como un alud y penetró,
impetuoso, por las mágicas callejuelas
y torreones, trepó a las escalinatas de
los palacios, cruzó puentes de ensueño,
se extendió a otras ciudades y expulsó
en tropel a los asustados burócratas y
represores que sujetaban con cadenas al sufrido
pueblo checoslovaco. Ocurrió hace quince
años, exactamente. Los llaveros, en el
recinto, tras las palabras de Havel, proclamaban
que ahora, de la misma forma, se acaba la fosilizada
y mentirosa satrapía que oprime al pueblo
de Cuba.
La cumbre, de cuatro jornadas intensas, tuvo
lugar en el centro de Europa, primero en Praga,
luego en Bratislava. Es una región que
pasó por lo mismo que ahora padece Cuba.
La propaganda del anquilosado régimen pretende
convencer a sus víctimas de que nadie se
interesa por ellas, como pasaba en los años
de la Guerra Fría. Es terrible la convicción
de que tanto sacrificio no tiene eco. Una pregunta
recurrente, formulada a primeros ministros y políticos
de Bulgaria y Estonia, de Eslovaquia y la República
Checa, era cuánto había significado
la solidaridad internacional durante los años
del totalitarismo. Havel se ocupó de contestar
sin rodeos: cuando uno está en la cárcel,
importa saber que existe repercusión. "Importa
que los 75 cubanos enterrados en las prisiones
por pensar diferente sepan que en el mundo nos
reunimos para ocuparnos de ellos. La sintonía
que brota desde Europa con el pueblo cubano crece,
pero aún debe crecer mucho más."
El recinto del Senado, en Praga, tiene arquitectura
gótica y amoblamiento moderno. Su presidente,
Petr Pithart, expresó que el pasado de
su nación explica la intensidad con la
que apoyan la democratización de Cuba.
"Es fácil perder la democracia y muy
difícil reconstruirla." El ministro
de Relaciones Exteriores reconoció que
el embargo norteamericano es funcional a la dictadura
y dijo que, por lo tanto, es imprescindible otro
camino: apoyar a la disidencia pacífica
que se afana por instrumentar cambios en la isla
sin violentar la constitución vigente.
Afirmó que sobran las pruebas de las condiciones
inhumanas que reinan en la cárceles cubanas
y que las evidencias que logran obtenerse hielan
la sangre.
Los ex presidentes Patricio Alwyn, de Chile,
Luis Alberto Monge, de Costa Rica, y Luis Alberto
Lacalle, de Uruguay, elogiaron la doble victoria
del pueblo checo: contra el nazifascismo y contra
el comunismo. "Es evidente que los pueblos
de Europa central repudian la utopía cruel
que durante décadas los hundió en
el atraso, el terror y la desesperanza."
Varios participantes recordaron que Cuba fue
un satélite soviético, como lo fueron
los países de Europa oriental. Este sector
del mundo consiguió liberarse, pero Cuba
quedó como un segmento abierto de la herida.
Es una dictadura hipócrita y anacrónica,
sujeta a un programa fracasado, inmóvil,
que sólo procura sobrevivir a cualquier
precio. La Unión Europea, que siempre fue
tolerante con Fidel Castro, ha dicho basta. Ahora
demanda que se respeten los derechos humanos y
que se emitan señales de apertura para
volver a darle la ayuda que siempre le proporcionaron.
Pero el patriarca otoñal insulta a Europa
y prefiere agonizar sin reconocer su fracaso.
Aspira, tercamente, a la inmortalidad de algo
que ya está muerto.
En otra de sus reflexivas intervenciones, Havel
pidió que se programe la inminente etapa
poscomunista. Que se aprovechen las experiencias
de Europa oriental y que no se repitan los errores
generados por la improvisación. Si bien
no se puede planificar la historia -como, ingenuamente,
creían los marxistas-, ya que la vida siempre
nos sorprende, existen fuertes expectativas tras
la liberación. La dictadura hace soñar
con el paraíso que sobrevendrá luego
de su caída. La gente vive acostumbrada,
en los Estados autoritarios, a que desde arriba
se decida por ella. Es necesario, por ende, comenzar
a redactar los borradores de una nueva constitución
y pensar en diversas soluciones para diversas
alternativas. El Estado de derecho no es cosa
simple ni fácil.
Testigos que se tomaron el riesgo de recorrer
los sectores de Cuba donde no penetra el turista
brindaron informes escalofriantes, parecidos a
los que venían de los negados gulags. Todavía
se irrumpe a las tres de la madrugada para arrancar
de la cama a un disidente. Todavía se impide
que lleguen a los presos políticos comida
y medicamentos. Todavía funciona la infiltración
y la delación y ¡ay de quien cae
en la redada! García Pérez Antúnez
fue apresado a los 22 años por haberse
solidarizado con Gorbachov y pedir que también
en Cuba se introdujera la perestroika. Ya lleva
14 años de cárcel por semejante
delito.
Carlos Alberto Montaner, con su proverbial seriedad
y lucidez, advirtió que la desaparición
de Fidel Castro no significará la automática
democratización del país. El régimen
puede evolucionar hacia una mayor represión
y aislamiento, como Corea del Norte, a cambio
de impedir la emigración masiva y dejar
de operar como puente para el narcotráfico.
Los que ahora gozan de privilegios, que forman
la rica oligarquía gobernante, no van a
querer perder beneficios. Pero también
hay gente del partido y del gobierno que advierte
la decadencia y que quisiera realizar cambios
antes de que los sepulte la catástrofe.
Muchos de ellos viven en Siboney, en mansiones
fastuosas con sirvientes y choferes, mientras
que a pocas cuadras hiede el miserable barrio
Los Romeritos, vedado a los turistas, en el que
agobian las peores calamidades.
Como argentino, sentí vergüenza cuando
en Praga y Bratislava se me preguntó cómo
era posible que en América latina, que
ha pedido solidaridad cuando padecía dictaduras,
haya tan mala memoria y tan poca solidaridad con
los millones de cubanos que sufren opresión.
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