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SOCIEDAD
El hombre que colecciona bellezas
Miguel Saludes
LA HABANA, septiembre (www.cubanet.org) - Durante
mi última visita a Pinar del Río
recibí varias gratas sorpresas. Una de
ellas fue el encuentro con un coleccionista nato
que ha dedicado gran parte de su vida a recabar
todo tipo de informaciones sobre un evento poco
seguido en Cuba en estos cuarenta y cinco años
de gobierno socialista.
Motivado por un artículo que escribí
hace unos meses sobre la elección de Miss
Universo, vista en muchos hogares habaneros gracias
a las condiciones favorables de la atmósfera,
Felicindo González González se presentó
en el lugar donde me hospedaba en la capital pinareña
con la esperanza de encontrar a un adicto seguidor
de estas competiciones. Gracias al equivoco pude
conocer de la minuciosa compilación realizada
durante años por el paciente coleccionista,
que le ha convertido en un conocedor de la historia
de los concursos de belleza, tal vez el único
en Cuba que posea tanta información conservada
al respecto. Esta pasión ha ido de la mano
con su trabajo como maestro normalista, así
como su colaboración con la iglesia de
su diócesis, donde ha sido catequista,
profesor de historia de Cuba y colaborador de
la revista Vitral.
Su afición data desde que tenía
doce años de edad. Entonces vivía
en Punta de la Sierra, a 56 kilómetros
de la carretera de Luis Lazo, municipio de Guanes.
Recuerda que en aquellos apartados lugares la
prensa apenas llegaba. Su mamá, que era
maestra, le inculcó el hábito de
la lectura desde muy pequeño. Su primer
objeto de colección fueron las cajetillas
de fósforos que traían en sus caras
las fotos de artistas de cine. Más tarde
su interés por la geografía y la
historia se unen de alguna manera en su gusto
por los sellos. Las imágenes ilustradas
en las estampillas de correo le incitan a indagar
en los libros y mapas sobre las particularidades
históricas, geográficas de la representación.
En 1952 se producen sus primeros contactos con
las revistas de la época ECOS y El País,
donde existían amplios espacios dedicados
a los artistas famosos del momento. En esas páginas
descubre un día lo que sería su
nueva y gran afición. A través de
los artículos del periodista de ECOS Amado
Blanco, recibe las primeras noticias de los concursos
donde se escogía a la representante de
la belleza femenina mundial.
Estos concursos, cuenta Felicindo, se iniciaron
en 1951 en la ciudad de Londres, con la proclamación
de Miss Mundo, y en 1952 en Long Beach, California,
se hace la primera edición de Miss Universo.
Ambos certámenes han marchado en forma
paralela desde entonces. La razón que le
hace volver su atención hacia estas muchachas
que aparecían en aquellas revistas no tiene
nada que ver con el concurso. Los nombres de los
países representados le despiertan la curiosidad
por conocer la bandera e historia de los mismos.
De alguna manera su gusto por esas dos ciencias
le van a introducir en un mundo del que ya no
lograría salir más, a pesar de las
circunstancias adversas que años más
tarde se atravesarían en su camino de coleccionista.
Cuando en 1953 comienza a estudiar en la ciudad
de Pinar del Río utiliza el dinero destinado
a la merienda para comprar revistas donde se daba
amplia cobertura al certamen internacional recién
iniciado. Vanidades, Carteles, Life, Bohemia,
entre las más importantes, dedican amplios
reportajes sobre el acontecimiento celebrado en
California.
Comienza a seguir el concurso nacional Miss Cuba
que desde 1954 llevaba una candidata de la Mayor
de las Antillas al certamen internacional.
Esta era escogida entre las representantes de las
seis provincias en que se dividía el país
en aquellos momentos. Ese primer concurso contó
con la elección de Isis Margarita Finlay
García, sobrina del eminente científico
cubano Carlos J. Finlay.
En 1955 conoce personalmente a Miss Pinar del
Río, Conchita Rojas, quien era hija de
la empleada de la oficina de correos donde compraba
los sellos. Allí la reconoció y
le reveló su incipiente labor como seguidor
de estos eventos.
Según la opinión de Felicindo,
la habanera Marcia Rodríguez Echevarría
ha sido la candidata más bella entre las
cubanas elegidas para representarnos en el concurso
mundial. Le sigue María Rosa Gamio Fernández,
de San Cristóbal, quien, a diferencia de
la anterior, poseía una figura mejor proporcionada
según los estándares establecidos
en la época. Ello posibilitó que
fuera la cubana que más cerca ha estado
de la cima al ocupar el cuarto lugar, superando
a la representante de Alemania en el certamen
donde resultó ganadora la peruana Gladis
Sender. Otra compatriota que consiguió
ser finalista en Miss Universo con un meritorio
puesto 15, fue Gilda Marín. Esta joven
alcanzó el cuarto escaño en la competición
de Miss Mundo 1955, donde se coronó la
venezolana Susana Djion. Gilda Marín llegaría
a destacarse como locutora de televisión
y poetisa.
La penúltima concursante de la Isla que
disputó el trono de la belleza fue Irma
Buesa, hija del poeta José Ángel
Buesa, de quien los periodistas de entonces dijeron
fue la más linda poesía hecha por
el bardo.
El concurso Miss Cuba concluyó en 1960,
apenas un año después del triunfo
revolucionario. Con el cambio de sistema se declaró
una guerra sorda contra este tipo de competiciones,
aduciendo su contenido burgués y atentatorio
contra la dignidad de la mujer al implantar unas
normas de belleza que contradecían los
cánones establecidos por el criterio socialista.
En el nuevo régimen se valoraba en las
mujeres otras virtudes que no siempre conjugaban
con los dones de su figura. Características
tales como la integración política,
la presencia de las féminas en el trabajo
y la defensa y otras aptitudes por el estilo eran
los patrones más resaltados. La última
participante por Cuba en una cita internacional
de Miss Universo fue la pelirroja de ojos verdes
Flora Laughten, quien años después
ha sido una figura destacada en el teatro cubano.
Después de la suspensión que imposibilitó
la presencia de chicas cubanas en estos concursos
todo se redujo al más intenso silencio.
Una breve referencia del evento apareció
ocasionalmente en el diario Revolución,
donde como noticia curiosa aparecía la
foto de la ganadora Marlen Smith, de Alemania,
y a su lado la cubana (exiliada) Marta Vieta,
desconociendo Felicindo si ella concursaba en
representación de su tierra natal. Claro
que la nota no era para hablar bien. Desde entonces
no tuvo más conocimiento de estas celebraciones
hasta 1971, en la que participó la cubanita
Elena Salabarría. Esto pudo saberlo a través
de un diario puertorriqueño.
Con la cierta normalización de los viajes,
tanto de visitantes como de exiliados, conocidos
y amigos le han enviado periódicos y revistas,
o recortes extraídos de éstas, desde
España, Chile, Colombia, Puerto Rico y
diversos lugares del orbe. El afán del
coleccionista se fue imponiendo para obtener la
ayuda de otros, que si bien no se interesaban
por estos avatares de la belleza, buscaban satisfacer
con el intercambio la posesión de otros
artículos coleccionables. En un momento
llegó a recibir correspondencia de quince
países, escrita en una variedad de ochenta
idiomas. Entre los que han colaborado con su colección
hay amigos de Brasil, Venezuela, Argentina y México.
Ningún cubano se cuenta entre estos colaboradores.
Felicindo González, además de permitirme
el acceso al extenso material recopilado en estos
años, me dio informaciones que me han ayudado
a tener una visión más objetiva
sobre estos concursos. Pude saber que han salido
cuatro reinas de la raza negra. La primera fue
la trinitaria Jennielle Comission. Estados Unidos
cuenta con otra soberana de ébano, que
llegó a ser una destacada figura en la
lucha por los derechos de la mujer afro norteamericana.
Una deportista destacada de Bostwana llegó
al trono a pesar del color de su piel. Cierra
este cuarteto otra reina de Trinidad Tobago quien
es abogada y jazzista de primera línea.
En el concurso celebrado en el 2004 una representante
de esta pequeña nación caribeña
estuvo entre las cuatro finalistas.
Estados Unidos lleva el récord con siete
majestades. Le siguen Puerto Rico y Venezuela
con cuatro. Las participantes por el país
sudamericano, además de ser preciosas,
están muy bien preparadas. Según
Felicindo, tras ello se encuentra la labor de
los cubanos Osmel Souza y de un directivo del
cabaret Tropicana de apellido Rivera.
Países que cuentan con dos ganadoras son
Suecia, Brasil, Finlandia, Filipinas, Trinidad
Tobago, Australia y la India. Del país
hindú se destacó la belleza triunfadora
de Lara Duta. Al menos han obtenido una corona
Japón, Líbano, Israel, Sudáfrica,
España y Namibia. Colombia, nación
que se destaca por sus representantes, ha tenido
muchas dificultades para lograr el cetro. Ello
fue posible en la figura de Luz Marina Zuluaga.
Como curiosidad Italia, Gran Bretaña, Portugal,
y Bélgica, entre otros, no han logrado
ningún triunfo hasta la fecha.
A veces los acontecimientos políticos
perjudican a las participantes, como ocurrió
en Venezuela cuando el presidente Chávez
desconoció la candidatura de su compatriota
María Ángel Ruiz. Un propietario
de televisión pagó el viaje y estancia,
acción que recibió el premio de
ver a la muchacha finalista junto a la reina dominicana
Amelia Vega. En estos momentos la concursante
por el país bolivariano al próximo
evento del 2005 es una mulata, según ha
podido conocer el hábil recopilador pinareño.
Sobre su labor como coleccionista de tan particular
materia, Felicindo reclama ser casi el único
que se dedica a ello en la Isla. Que él
conozca existen dos personas, una en Camagüey
y el señor Raúl Fernández,
quien reside actualmente en Estados Unidos, dedicados
a coleccionar todo lo relativo a estos encuentros.
Además de reportarle momentos gratos, su
dedicación le ha permitido hacer grandes
relaciones humanas. Una de ellas es la de un joven
argentino Juan José Albano, a quien un
día contestó una carta. Entonces
Albano contaba con la misma edad que tenía
Felicindo cuando se adentró por el mundo
del coleccionismo. Desde entonces mantiene una
amistad por correspondencia que ha superado los
intereses estrechos del coleccionista para lanzarlos
por la ancha vía de la amistad.
En Pinar del Río quedó Felicindo
con sus cuatro libros confeccionados por él.
En sus páginas están congelados
en el tiempo los rostros, poses y figuras de mujeres
que han adornado al mundo con su belleza. Entre
ellas están nuestras lindas cubanas, precursoras
de las que algún día escalarán
el lugar más elevado para orgullo nuestro,
pues en Cuba sobra potencial para lograr el título
universal. Las posibles triunfadoras caminan por
las calles de nuestras ciudades y pueblos.
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