PRENSA INDEPENDIENTE
Septiembre 30, 2004
 

SOCIEDAD
El hombre que colecciona bellezas

Miguel Saludes

LA HABANA, septiembre (www.cubanet.org) - Durante mi última visita a Pinar del Río recibí varias gratas sorpresas. Una de ellas fue el encuentro con un coleccionista nato que ha dedicado gran parte de su vida a recabar todo tipo de informaciones sobre un evento poco seguido en Cuba en estos cuarenta y cinco años de gobierno socialista.

Motivado por un artículo que escribí hace unos meses sobre la elección de Miss Universo, vista en muchos hogares habaneros gracias a las condiciones favorables de la atmósfera, Felicindo González González se presentó en el lugar donde me hospedaba en la capital pinareña con la esperanza de encontrar a un adicto seguidor de estas competiciones. Gracias al equivoco pude conocer de la minuciosa compilación realizada durante años por el paciente coleccionista, que le ha convertido en un conocedor de la historia de los concursos de belleza, tal vez el único en Cuba que posea tanta información conservada al respecto. Esta pasión ha ido de la mano con su trabajo como maestro normalista, así como su colaboración con la iglesia de su diócesis, donde ha sido catequista, profesor de historia de Cuba y colaborador de la revista Vitral.

Su afición data desde que tenía doce años de edad. Entonces vivía en Punta de la Sierra, a 56 kilómetros de la carretera de Luis Lazo, municipio de Guanes. Recuerda que en aquellos apartados lugares la prensa apenas llegaba. Su mamá, que era maestra, le inculcó el hábito de la lectura desde muy pequeño. Su primer objeto de colección fueron las cajetillas de fósforos que traían en sus caras las fotos de artistas de cine. Más tarde su interés por la geografía y la historia se unen de alguna manera en su gusto por los sellos. Las imágenes ilustradas en las estampillas de correo le incitan a indagar en los libros y mapas sobre las particularidades históricas, geográficas de la representación.

En 1952 se producen sus primeros contactos con las revistas de la época ECOS y El País, donde existían amplios espacios dedicados a los artistas famosos del momento. En esas páginas descubre un día lo que sería su nueva y gran afición. A través de los artículos del periodista de ECOS Amado Blanco, recibe las primeras noticias de los concursos donde se escogía a la representante de la belleza femenina mundial.

Estos concursos, cuenta Felicindo, se iniciaron en 1951 en la ciudad de Londres, con la proclamación de Miss Mundo, y en 1952 en Long Beach, California, se hace la primera edición de Miss Universo. Ambos certámenes han marchado en forma paralela desde entonces. La razón que le hace volver su atención hacia estas muchachas que aparecían en aquellas revistas no tiene nada que ver con el concurso. Los nombres de los países representados le despiertan la curiosidad por conocer la bandera e historia de los mismos. De alguna manera su gusto por esas dos ciencias le van a introducir en un mundo del que ya no lograría salir más, a pesar de las circunstancias adversas que años más tarde se atravesarían en su camino de coleccionista.

Cuando en 1953 comienza a estudiar en la ciudad de Pinar del Río utiliza el dinero destinado a la merienda para comprar revistas donde se daba amplia cobertura al certamen internacional recién iniciado. Vanidades, Carteles, Life, Bohemia, entre las más importantes, dedican amplios reportajes sobre el acontecimiento celebrado en California.

Comienza a seguir el concurso nacional Miss Cuba que desde 1954 llevaba una candidata de la Mayor de las Antillas al certamen internacional.
Esta era escogida entre las representantes de las seis provincias en que se dividía el país en aquellos momentos. Ese primer concurso contó con la elección de Isis Margarita Finlay García, sobrina del eminente científico cubano Carlos J. Finlay.

En 1955 conoce personalmente a Miss Pinar del Río, Conchita Rojas, quien era hija de la empleada de la oficina de correos donde compraba los sellos. Allí la reconoció y le reveló su incipiente labor como seguidor de estos eventos.

Según la opinión de Felicindo, la habanera Marcia Rodríguez Echevarría ha sido la candidata más bella entre las cubanas elegidas para representarnos en el concurso mundial. Le sigue María Rosa Gamio Fernández, de San Cristóbal, quien, a diferencia de la anterior, poseía una figura mejor proporcionada según los estándares establecidos en la época. Ello posibilitó que fuera la cubana que más cerca ha estado de la cima al ocupar el cuarto lugar, superando a la representante de Alemania en el certamen donde resultó ganadora la peruana Gladis Sender. Otra compatriota que consiguió ser finalista en Miss Universo con un meritorio puesto 15, fue Gilda Marín. Esta joven alcanzó el cuarto escaño en la competición de Miss Mundo 1955, donde se coronó la venezolana Susana Djion. Gilda Marín llegaría a destacarse como locutora de televisión y poetisa.

La penúltima concursante de la Isla que disputó el trono de la belleza fue Irma Buesa, hija del poeta José Ángel Buesa, de quien los periodistas de entonces dijeron fue la más linda poesía hecha por el bardo.

El concurso Miss Cuba concluyó en 1960, apenas un año después del triunfo revolucionario. Con el cambio de sistema se declaró una guerra sorda contra este tipo de competiciones, aduciendo su contenido burgués y atentatorio contra la dignidad de la mujer al implantar unas normas de belleza que contradecían los cánones establecidos por el criterio socialista. En el nuevo régimen se valoraba en las mujeres otras virtudes que no siempre conjugaban con los dones de su figura. Características tales como la integración política, la presencia de las féminas en el trabajo y la defensa y otras aptitudes por el estilo eran los patrones más resaltados. La última participante por Cuba en una cita internacional de Miss Universo fue la pelirroja de ojos verdes Flora Laughten, quien años después ha sido una figura destacada en el teatro cubano.

Después de la suspensión que imposibilitó la presencia de chicas cubanas en estos concursos todo se redujo al más intenso silencio. Una breve referencia del evento apareció ocasionalmente en el diario Revolución, donde como noticia curiosa aparecía la foto de la ganadora Marlen Smith, de Alemania, y a su lado la cubana (exiliada) Marta Vieta, desconociendo Felicindo si ella concursaba en representación de su tierra natal. Claro que la nota no era para hablar bien. Desde entonces no tuvo más conocimiento de estas celebraciones hasta 1971, en la que participó la cubanita Elena Salabarría. Esto pudo saberlo a través de un diario puertorriqueño.

Con la cierta normalización de los viajes, tanto de visitantes como de exiliados, conocidos y amigos le han enviado periódicos y revistas, o recortes extraídos de éstas, desde España, Chile, Colombia, Puerto Rico y diversos lugares del orbe. El afán del coleccionista se fue imponiendo para obtener la ayuda de otros, que si bien no se interesaban por estos avatares de la belleza, buscaban satisfacer con el intercambio la posesión de otros artículos coleccionables. En un momento llegó a recibir correspondencia de quince países, escrita en una variedad de ochenta idiomas. Entre los que han colaborado con su colección hay amigos de Brasil, Venezuela, Argentina y México. Ningún cubano se cuenta entre estos colaboradores.

Felicindo González, además de permitirme el acceso al extenso material recopilado en estos años, me dio informaciones que me han ayudado a tener una visión más objetiva sobre estos concursos. Pude saber que han salido cuatro reinas de la raza negra. La primera fue la trinitaria Jennielle Comission. Estados Unidos cuenta con otra soberana de ébano, que llegó a ser una destacada figura en la lucha por los derechos de la mujer afro norteamericana. Una deportista destacada de Bostwana llegó al trono a pesar del color de su piel. Cierra este cuarteto otra reina de Trinidad Tobago quien es abogada y jazzista de primera línea. En el concurso celebrado en el 2004 una representante de esta pequeña nación caribeña estuvo entre las cuatro finalistas.

Estados Unidos lleva el récord con siete majestades. Le siguen Puerto Rico y Venezuela con cuatro. Las participantes por el país sudamericano, además de ser preciosas, están muy bien preparadas. Según Felicindo, tras ello se encuentra la labor de los cubanos Osmel Souza y de un directivo del cabaret Tropicana de apellido Rivera.

Países que cuentan con dos ganadoras son Suecia, Brasil, Finlandia, Filipinas, Trinidad Tobago, Australia y la India. Del país hindú se destacó la belleza triunfadora de Lara Duta. Al menos han obtenido una corona Japón, Líbano, Israel, Sudáfrica, España y Namibia. Colombia, nación que se destaca por sus representantes, ha tenido muchas dificultades para lograr el cetro. Ello fue posible en la figura de Luz Marina Zuluaga. Como curiosidad Italia, Gran Bretaña, Portugal, y Bélgica, entre otros, no han logrado ningún triunfo hasta la fecha.

A veces los acontecimientos políticos perjudican a las participantes, como ocurrió en Venezuela cuando el presidente Chávez desconoció la candidatura de su compatriota María Ángel Ruiz. Un propietario de televisión pagó el viaje y estancia, acción que recibió el premio de ver a la muchacha finalista junto a la reina dominicana Amelia Vega. En estos momentos la concursante por el país bolivariano al próximo evento del 2005 es una mulata, según ha podido conocer el hábil recopilador pinareño.

Sobre su labor como coleccionista de tan particular materia, Felicindo reclama ser casi el único que se dedica a ello en la Isla. Que él conozca existen dos personas, una en Camagüey y el señor Raúl Fernández, quien reside actualmente en Estados Unidos, dedicados a coleccionar todo lo relativo a estos encuentros. Además de reportarle momentos gratos, su dedicación le ha permitido hacer grandes relaciones humanas. Una de ellas es la de un joven argentino Juan José Albano, a quien un día contestó una carta. Entonces Albano contaba con la misma edad que tenía Felicindo cuando se adentró por el mundo del coleccionismo. Desde entonces mantiene una amistad por correspondencia que ha superado los intereses estrechos del coleccionista para lanzarlos por la ancha vía de la amistad.

En Pinar del Río quedó Felicindo con sus cuatro libros confeccionados por él. En sus páginas están congelados en el tiempo los rostros, poses y figuras de mujeres que han adornado al mundo con su belleza. Entre ellas están nuestras lindas cubanas, precursoras de las que algún día escalarán el lugar más elevado para orgullo nuestro, pues en Cuba sobra potencial para lograr el título universal. Las posibles triunfadoras caminan por las calles de nuestras ciudades y pueblos.


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