PRENSA INDEPENDIENTE
Septiembre 30, 2004
 

HISTORIA
La Esquina de Tejas (II y final)

Oscar Mario González, Grupo Decoro

LA HABANA, septiembre (www.cubanet.org) - La primera víctima de la Esquina de Tejas fue la valla de gallos, porque según decreto de los primeros meses luego del triunfo revolucionario, en Cuba quedaba prohibido todo tipo de juego, excepto la lotería nacional que se convirtió en el Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda (INAV).

Curiosamente, el edificio destinado a la lidia de gallos no fue asaltado y destruido por aquella chusma oportunista, que habiendo aplaudido a Batista en la víspera, ahora tomaba las calles disfrazada de rojo y negro, colores del fidelismo. Porque, como invariablemente sucede en las grandes convulsiones sociales, los que ayer comulgaban con el régimen de turno, ahora, enardecidos, destruían viviendas, máquinas de juego, parquímetros y hasta balanzas comprobadoras del peso corporal.

Así pues, el edificio de la valla estuvo varios años ocioso, ocupando el lugar de siempre, hasta que a finales de la década de 1960 fue demolido.

En su lugar se inició la construcción de sendos edificios de veinte plantas cada uno, a los que muchos bautizaron como los "edificios de Gardel", porque demoraron como veinte años en construirse. Hoy se alzan sobre el terreno, mostrando sus ventanas rotas y la fachada sucia por el avance del hongo ante la falta de pintura.

Mejor suerte le tocó al cine Valentino, que estuvo exhibiendo películas rusas y de otros "países hermanos" hasta algunos años después. Al igual que otros cines de barrio, fue languideciendo al tiempo que sus columnas, cimientos y paredes se doblegaban al almanaque como consecuencia inevitable, además, de la falta de mantenimiento. Hoy, en su lugar existe un kiosco de venta en dólares y una CADECA (casa de cambio) para el canje de dólares por dinero cubano.

El bar Moral ha sido el único superviviente en esta lucha de sello totalitario que ha virado al país de cabeza, y que en tal posición lo ha mantenido por casi medio siglo. Para ello, claro está, el comercio ha tenido que renunciar a su "moral" tradicional o adoptar una "doble moral". Así pues, lo mismo ha vendido vodka ruso que arroz frito chino, o pollo asado americano. Siempre ofertando, por supuesto, hamburguesas Mc Castro, como condición para la subsistencia.

El edificio del bar La Cantabria desapareció hace más de una década, y parte del local está habitado por familias. Otra porción quedó pavimentada y convertida en una ancha acera que da a la calzada de Jesús del Monte, donde actualmente se levanta un kiosco de periódicos y revistas. Junto al pequeño comercio, y aún antes de los primeros asomos del sol, un grupo de ancianos espera por la llegada del rotativo Granma, para leerlo y para otros menesteres que nada tienen que ver con la lectura.

Pero aún está allí la mejor y más genuina representación de la esquina: el viejo edificio construido en 1926, cuya fecha ostenta en lo más alto de su última planta, como para decirnos que él es de otro tiempo y de otro mundo, y que nada tiene que ver con la desgracia nacional, por haber nacido antes, no sólo del castrismo, sino de sus raíces, surgidas al calor del pandillerismo estudiantil.

Siempre he pensado que el régimen cubano, sus ideólogos, han sentido una aversión especial hacia esta esquina. En definitiva allá en la otra orilla hay una homóloga de igual nombre. La animosidad fue mayor a partir de 1983, cuando en la Esquina de Tejas de la Pequeña Habana, el ex presidente Ronald Reagan, almorzara junto a los representantes del exilio cubano el 20 de mayo del referido año.

Yo he tenido sueños de una Esquina de Tejas nueva, distinta a la de ayer y nada parecida a la de hoy. Ojalá y para ese día no se haya derrumbado el desgastado edificio de tres plantas. Ojalá y para entonces se pueda contar aunque fuese con su fachada. El simboliza un pasado y estoy convencido de que mucho de ese ayer será necesario para dignificar y hacer feliz al hombre de mañana.

La Esquina de Tejas (I)


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