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HISTORIA
La Esquina de Tejas (II y final)
Oscar Mario González, Grupo Decoro
LA HABANA, septiembre (www.cubanet.org) - La
primera víctima de la Esquina de Tejas
fue la valla de gallos, porque según decreto
de los primeros meses luego del triunfo revolucionario,
en Cuba quedaba prohibido todo tipo de juego,
excepto la lotería nacional que se convirtió
en el Instituto Nacional de Ahorro y Vivienda
(INAV).
Curiosamente, el edificio destinado a la lidia
de gallos no fue asaltado y destruido por aquella
chusma oportunista, que habiendo aplaudido a Batista
en la víspera, ahora tomaba las calles
disfrazada de rojo y negro, colores del fidelismo.
Porque, como invariablemente sucede en las grandes
convulsiones sociales, los que ayer comulgaban
con el régimen de turno, ahora, enardecidos,
destruían viviendas, máquinas de
juego, parquímetros y hasta balanzas comprobadoras
del peso corporal.
Así pues, el edificio de la valla estuvo
varios años ocioso, ocupando el lugar de
siempre, hasta que a finales de la década
de 1960 fue demolido.
En su lugar se inició la construcción
de sendos edificios de veinte plantas cada uno,
a los que muchos bautizaron como los "edificios
de Gardel", porque demoraron como veinte
años en construirse. Hoy se alzan sobre
el terreno, mostrando sus ventanas rotas y la
fachada sucia por el avance del hongo ante la
falta de pintura.
Mejor suerte le tocó al cine Valentino,
que estuvo exhibiendo películas rusas y
de otros "países hermanos" hasta
algunos años después. Al igual que
otros cines de barrio, fue languideciendo al tiempo
que sus columnas, cimientos y paredes se doblegaban
al almanaque como consecuencia inevitable, además,
de la falta de mantenimiento. Hoy, en su lugar
existe un kiosco de venta en dólares y
una CADECA (casa de cambio) para el canje de dólares
por dinero cubano.
El bar Moral ha sido el único superviviente
en esta lucha de sello totalitario que ha virado
al país de cabeza, y que en tal posición
lo ha mantenido por casi medio siglo. Para ello,
claro está, el comercio ha tenido que renunciar
a su "moral" tradicional o adoptar una
"doble moral". Así pues, lo mismo
ha vendido vodka ruso que arroz frito chino, o
pollo asado americano. Siempre ofertando, por
supuesto, hamburguesas Mc Castro, como condición
para la subsistencia.
El edificio del bar La Cantabria desapareció
hace más de una década, y parte
del local está habitado por familias. Otra
porción quedó pavimentada y convertida
en una ancha acera que da a la calzada de Jesús
del Monte, donde actualmente se levanta un kiosco
de periódicos y revistas. Junto al pequeño
comercio, y aún antes de los primeros asomos
del sol, un grupo de ancianos espera por la llegada
del rotativo Granma, para leerlo y para otros
menesteres que nada tienen que ver con la lectura.
Pero aún está allí la mejor
y más genuina representación de
la esquina: el viejo edificio construido en 1926,
cuya fecha ostenta en lo más alto de su
última planta, como para decirnos que él
es de otro tiempo y de otro mundo, y que nada
tiene que ver con la desgracia nacional, por haber
nacido antes, no sólo del castrismo, sino
de sus raíces, surgidas al calor del pandillerismo
estudiantil.
Siempre he pensado que el régimen cubano,
sus ideólogos, han sentido una aversión
especial hacia esta esquina. En definitiva allá
en la otra orilla hay una homóloga de igual
nombre. La animosidad fue mayor a partir de 1983,
cuando en la Esquina de Tejas de la Pequeña
Habana, el ex presidente Ronald Reagan, almorzara
junto a los representantes del exilio cubano el
20 de mayo del referido año.
Yo he tenido sueños de una Esquina de
Tejas nueva, distinta a la de ayer y nada parecida
a la de hoy. Ojalá y para ese día
no se haya derrumbado el desgastado edificio de
tres plantas. Ojalá y para entonces se
pueda contar aunque fuese con su fachada. El simboliza
un pasado y estoy convencido de que mucho de ese
ayer será necesario para dignificar y hacer
feliz al hombre de mañana.
La
Esquina de Tejas (I)
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